Imagen de Anónimo

Login


Apología de la sonrisa

Conversación y concierto con el músico Kevin Johansen y el caricaturista Liniers.

Acuñó la etiqueta de des-generado para burlarse de quienes lo querían anclar en la escena del rock, la canción o el pop argentino. Pero a Kevin Johansen tampoco le va bien eso de “argentino”: nació en Alaska, de padre local y madre argentina; vivió en Nueva York, San Francisco, Uruguay, Argentina, regresó a Estados Unidos y de nuevo a Buenos Aires.

Con aspecto de Tintín crecido, sus composiciones navegan en muchas aguas: del pop a la chacarera al blues al funk a la bossa a la cumbia al rock, como una manta a retazos que lo cobija y de la que nos convida.

Imagen

–¿Te das cuenta que lo de des-generado también es una lucha contra los prejuicios y la discriminación?

–Claro, total. Yo siempre fui un bicho raro. Imagináte: un alasqueño, hijo de madre argentina en Nueva York... ¿de dónde eres? Lo de des-generado fue también una respuesta a los prejuicios.

Mientras Kevin contesta la primera pregunta, Ricardo Liniers hace su parte: contesta a la suya y de su manera: ¿cuál fue la primera imagen que tuvo de Costa Rica? En una hoja amarilla de papel reciclado de mango y con sus propios marcadores, empieza a trazar: dibuja uno de sus muchos personajes -un duende de largo sombrero- sobrevolando montañas a la derecha, montañas con lluvia a la izquierda. Un duende –o dos– yendo de Argentina a Costa Rica.

Imagen

–Tu música es particularmente optimista, incluso las canciones tristes se burlan un poco, hay un poco de sorna. ¿Vos sos optimista o es algo que explotás en la música?

Kevin. –Como decía Murphy: un pesimista es un optimista con experiencia. Soy un optimista con experiencia.  Me parece poco creativo caer en un pesimismo recalcitrante. Me gusta la gente que es auténticamente dark, aunque creo que hay muchos que hacen el esfuerzo.

Ricardo. –Ya es hora de que Thom Yorke se ponga un poco más contento

Kevin. –Hay días en que Thom Yorke se despierta y dice: “Me va bastante bien. Voy a pasear con mis hijos y llevarle flores a mi mujer”.

–¿Y en tu caso, Ricardo? Tu obra es también muy optimista. Casi que ilusamente optimista...

Ricardo. –De repente en Macanudo sí... Pero hay otras cosas que hago más raras, oscuras. Macanudo lo empecé a publicar en medio de la crisis económica más grande que tuvimos en Argentina, en el 2001, y el diario era de un pesimismo tan increíble y hasta tan absurdo: "Mirá, se acabó este concepto de país, tirémonos todos al mar y que empiecen otros". La gente se iba del país, además se habían caído las torres (gemelas). El planeta estaba pésimo.

"Pero yo miraba alrededor y la gente que vivía conmigo -mi novia, mis amigos, mi familia- era gente querible y simpática. Entonces me empezó a parecer que tampoco era verdadero ese pesimismo.

"La tira se llama Macanudo -que es una palabra argentina muy feliz, así, medio viejita- por eso: me gustaba que después de toda la basura que tiraba el diario, al final por lo menos se publicara la palabrita. Obviamente hay tiras en las que uno no está del todo feliz, por ahí Macanudo funciona hasta de manera sarcástica. Mi fantasía era decir: no nos olvidemos de todas esas cosas de mierda, pero no te pierdas de darte cuenta de todas las cosas que no son de mierda solo por estar “thomyorkizado”. Sí, soy fan de Radiohead.

Si Kevin, el músico, es Tintín, Ricardo sería Hergé, su dibujante, pero no: es el capitán Haddock, pero feliz: barba negra con canas, colochos libres, sonrisa infantil.

Imagen

Ricardo dibuja desde pequeño, pero siempre estuvo tratando de calzar en lo que creía debía hacer: estudiar una carrera “formal”. Por eso pasó por aulas de derecho y publicidad hasta que se convenció a sí mismo de que lo suyo era vaciar su cabeza directamente sobre el papel.

El des-generado de Johansen y el inusitado rock star de Liniers comparten un humor cálido, lúdico e irónico y comparten también escenario: mientras uno canta, el otro dibuja, mientras uno habla, el otro lo interrumpe. Mientras uno sonríe, el otro también. Igual que mientras conversan para esta entrevista o durante el show que dieron el 28 de octubre en Jazz Café Escazú o en otro lejano, del 2010, en un teatro de Buenos Aires, donde los vi por primera vez.

Teatro Gran Rex. Avenida Corrientes 857. Miércoles 10 de noviembre. 20:30hrs. Kevin Johansen con su banda The Nada aparecían en escena y al costado izquierdo del escenario, una mesa de dibujo y su proyección sobre el lienzo de la pantalla: las manos de Liniers junto a los personajes de su tira Macanudo: Olga, Fellini, duendes, parejas, un monigote idéntico a Kevin, un conejo en que se autorretrata.

Dibujos y canciones, conversaciones cómplices, amagos de baile, palmas, sonrisas y carcajadas, y al final  los dibujos doblados como avioncitos cruzando el teatro: de las manos de Liniers, sin fuerza ni destino; de las de Kevin y la banda, planeando hasta la tribuna.

El mismo show fue presentado el 28 de octubre de este 2014. ¿Se justifica la no-evolución del espectáculo? Comercialmente sí: recién la cruzada es por conquistar los mercados del centro y norte de América, desde Colombia hasta el crucial México. ¿Y artísticamente? También : el show se mantiene fresco, fluyendo como los juegos del recreo, alegre como si cada canción fuera la campana para salir, de nuevo, al patio de la escuela.

En total, 28 canciones dibujadas a lo largo de 2.5 horas de infancia, perspicacia y picardía desatada; música, color, canto, baile y monadas; todo con estupendo sonido y estupendas vistas al escenario gracias a la arquitectura vertical del Jazz.

Imagen

–En sus shows hay un ambiente muy infantil y lúdico. ¿Cómo eran ustedes de niños?

Kevin. –Infantiles, seguro. Y lúdicos también.

Ricardo. –Un artista se rehúsa a perder algo de la infancia. Por ahí llamás play a una obra de teatro, play cuando alguien toca la guitarra. Cuando yo termino este dibujo, hay algo que se genera en mi cerebro y los químicos que se liberarán no son muy diferentes a cuando me salía Mazinger cuando era chico. Hay algo de la infancia que el artista se rehusó a dejar ir. Es algo que no te ayuda a pagar una cuenta, pero es lo que alimenta por dentro.

–¿Pero sí hay un límite entre ser plenamente crédulo y soñar, entre la mentira y soñar?

Kevin. –Claro. También la ironía, cuando se aplica, es como un burka, es como un velo bajo el cual uno puede decir las verdades más tremendas. Este -dice señalando a Ricardo- es medio naif, medio ingenuo aparentemente y por debajo...

Ricardo. –Hay una frase de Bernard Shaw, que dice: “Cuando algo es gracioso, examínese de cerca para encontrar una verdad oculta”. Para que funcione el humor, tiene que estar...

Kevin. –…tener observación, crítica inclusive...

Imagen

El abundante optimismo que refleja la dupla es contagioso y aunque de entrada parezcan ilusamente optimistas, hay, por debajo, una lucha para hacer de la alegría y la fiesta una reivindicación personal, social y política. Kevin (1964) y Ricardo (1973) crecieron en los complejos y tristes años de la dictadura militar, los desaparecidos, la canción y el arte comprometido políticamente, perseguido, sufrido, y también del arte panfletario.

–¿Hay un peso, un lastre en esas generaciones que nacieron y crecieron durante la dictadura militar?

Ricardo. –Sobre todo en la generación que vivió eso haciendo su trabajo. Hay dibujantes de historietas como Quino o Fontanarrosa que publicaron y fueron amenazados y alguno se tuvo que ir. Igual los músicos. Y está bien que la obra de ellos muestre eso; ahora, yo no puedo estar en la misma onda porque sería falso de mi parte. Lo que tratamos es de encontrar cuáles son las libertades que tenemos que buscar ahora y por las que tenemos que pelear.

Kevin. –Nuestra generación disfrutó de las mieles de cantar Virus, Los abuelos de la nada, el Charly solista... En los ochentas la fiesta también era una forma de protesta. Creo que la fiesta es la máxima forma de protesta. No nos joderán, nosotros la vamos a pasar bien. Gracias a Dios la democracia se extendió en el tiempo y podemos cantar sobre nuevas libertades. Canté con Liniers una noche sobre el matrimonio igualitario, y nos tocó ser recibidos por las Abuelas de Plaza de Mayo en su trigésimo séptimo aniversario. Así que estamos muy contentos, porque se canta sobre nuevas libertades, no sobre las mismas. Sino yo sería un “cansautor” o un demagogo de la canción.

Imagen

La sorna y el desparpajo rompen las fronteras entre géneros musicales y sacuden también las fronteras geográficas, las poses intelectuales, las luchas añejas y sus propios egos: Liniers se humilla bailando “Danzas típicas”, Kevin toca una guitarra rosada con la imagen de Hello Kitty, y luego ambos y Juan Álvarez (bajo), Cheba Massolo (guitarra eléctrica) y Zurdo (batería) arman absurdas coreografías, hasta acabar The Nada y Ricardo cantando el “Fin de fiesta”, pasando al micrófono uno después del otro, en aquello de: “Si la vida es una orgía lenta / lo mejor debe estar por llegar”. Igual en el Jazz Café que en el Gran Rex. Igual, porque la sonrisa se dibuja idéntica –como una hamaca colgando de un cachete a otro– igual en Alaska que en Argentina o Costa Rica.

La entrevista completa con Kevin Johansen y Ricardo Liniers la pueden escuchar en esta edición especial de Radio LatidoAmérica.

Las fotografías y el video son de Steven Salas Cajina

Randall Zúñiga — Es periodista, cronista y poeta, aunque él no lo reconoce. Se le puede leer en revistas de arquitectura y diseño por aquí y por allá y periódicos de vez en cuando. Es programador de Radio Nacional de Costa Rica y conduce y produce el programa Latido América, que se transmite en Radio Nacional, Radio U y Radio870UCR. De él, nos dice: "Tenía un gato que se llamaba Fausto y ahora solo me queda el astigmatismo, la miopía, una colección de LPs y el gusto de desvelarme viendo llover en Coronado".
1382 lecturas