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Bob Dylan: Radiografía [Segunda Parte]

A mitad de los 60, Bob Dylan tomó una decisión consciente y retadora: no sería más el ícono folk de las masas; con fuertes gafas oscuras, la estrella de rock había llegado para quedarse.

Así las cosas, su primer trabajo del 65, Bringing It All Back Home, continuó con la transición progresiva que venía gestándose desde Another Side, solo uno de sus dos lados contenía temas acústicos. Las letras seguían evolucionando hacia lo abstracto, lo introspectivo, tomando influencia de la imaginería símbolica creada por el poeta francés Arthur Rimbaud; también contribuyeron a la nueva lírica los llamados Beat Poets, notablemente Allen Ginsberg, quien para este momento había desarrollado una estrecha amistad con el cantante.

De repente el tema de las drogas empezó a resonar alrededor de la imagen de Bob Dylan, una discusión que había iniciado por allá de 1964 gracias a la infame visita a Nueva York en la que los Beatles finalmente conocieron a Bob y con él la marihuana; también debemos recordar a los ciudadanos que insistían que ninguna canción como “Mr. Tambourine Man” podía escribirse sin la influencia de psicotrópicos y las afirmaciones del mismo Bob sobre cómo él no consideraba al canabis ni al opio drogas, solo instrumentos para torcerse la mente un poco (mientras negaba el consumo de substancias).

Ya que hablamos de los Beatles, es importante señalar la influencia que tuvieron los cuatro grandes en la nueva dirección que tomaría el cantautor. Según se comenta fueron ellos, la reversión que hicieron The Byrds precisamente de su tema “Mr. Tambourine Man” y el cover de “House of the Rising Sun” por parte de The Animals los que finalmente empoderaron a Bob a cambiar hacia un set eléctrico. En retribución, Bob también influenció a los Beatles, quienes de repente dieron un salto lejos de las composiciones ligeras que los habían hecho famosos para dar vida a temas mucho más reflexivos, surrealistas y abstractos.

Cuentan los conocedores que el mundo quedó atónito y confundido cuando Bob Dylan conectó su guitarra a un amplificador por primera vez en su carrera como voz de una generación. El hecho tuvo lugar en el Newport Folk Festival del 65 cuando Dylan quiso desafiar a la organización bajo la impresión de que el sonido eléctrico era tomado como poca cosa, subió entonces el músico al escenario el domingo 25 de julio para tocar un set estrujado entre las presentaciones de Cousin Emmy y los Sea Island Singers, la gente empezó a abuchear. Sobre este asunto hay toda una controversia.

Dicen los presentes que, a pesar de que Bob Dylan decidió interpretar los abucheos del público como protesta ante su nuevo sonido, la gente en realidad se estaba manifestado en contra de la corta duración del set (15 minutos aparentemente, mientras los demás tocaban 45) y la pésima calidad del sonido. Incluso la discutida reacción de Pete Seeger (querer cortar el sonido) pudo haber sido una interpretación errada en el calor de las circunstancias. Lo cierto es que el incidente alejo a Dylan del festival por 37 años, hasta que finalmente volvió en el 2002 disfrazado con peluca y toda la cosa.

Más allá de los (posibles) errores de comunicación que hayan habido entre los involucrados, algunos de los seguidores del músico si manifestaban su molestia de formas mucho más directas, tal es el caso del famoso grito de “¡Judas!” que atacó a Dylan durante su presentación en el Royal Albert Hall, Londres. Los videos muestran a Bob contestando “eres un mentiroso, no te creo”; sin embargo, existe la teoría de que esta respuesta iba dirigida en realidad a un fan en primera fila que juró nunca volver a escuchar los discos del artista en su vida, pero por supuesto no se sabe si sucedió de esta manera o no... en tiempos de Facebook, estas confusiones son aclaradas en minutos. Sigamos con la historia.

Bringing It All Back Home fue el primero de una trilogía de álbumes que incluye también a Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde, hoy en día considerados obras maestras en el catálogo de Dylan; de ellos se extraen clásicos como “Subterranean Homesick Blues”, “Mr. Tambourine Man”, “Ballad of a Thin Man”, “Desolation Row”, “Rainy Day Women #12 and 35”, “Just Like a Woman” y por supuesto “Like a Rolling Stone”, una de las mejores composiciones en la historia de la música moderna, revolucionaria por su combinación de distintos elementos (guitarras, acordes de órgano y la cínica voz de Dylan), alabada por muchos y destacada en dos ocasiones (2004 y 2011) al tope de la lista de las Mejores 500 Canciones de Todos los Tiempos hecha por la revista Rolling Stone.

Mientras tanto, Dylan continuaba en su batalla contra la prensa, a quienes trataba con cinismo y sarcasmo cada vez que se presentaba la oportunidad. Los medios habían intentado definirlo anteriormente, se habían burlado de su escencia, le habían cobrado y le seguían cobrando sus transiciones tachándolo de traidor y vendido. No eran actitudes que podrían ignorarse facilmente, al menos no para el joven músico. Su enojo contra el movimiento de protesta también era palpable, especialmente cuando se dejaba decir cosas como que “regresaría a él solo si todas las personas del mundo desaparecen”, un poco fuerte ¿no?

Para 1966, las presiones de una carrera internacional exitosa en el campo del rock n roll empezaban a repercutir en la vida personal y la salud de Bob Dylan: el agotamiento por las giras continuas, el constante uso de substancias, contratos que lo comprometían a completar su libro de poemas y una película y encima de todo esto, la vida como hombre de familia.

En 1965, Dylan contrajo matrimonio secretamente con la ex-modelo Sara Lownds (algunos de sus amigos comentan que Bob negó su matrimonio por algún tiempo, las motivaciones para esto siguen siendo desconocidas), con ella tuvo 4 hijos: Jesse, Anna Lea, Samuel y Jakob (Wallflowers, ¿alguien?); Dylan además adoptó a la hija de Sara, Maria.

Fue un misterioso accidente el que sacó el mundo de las espaldas de Bob. En 1966, el cantante perdió el control de su motocicleta mientras conducía cerca de su hogar en Woodstock y terminó en el suelo mal herido. Las consecuencias del percance no fueron demasiado serias (Dylan ha señalado que se rompió varias vertebras en su cuello, los rumores sobre su parálisis total, muerte cerebral y fallecimiento no escasearon); sin embargo, el evento serviría para desligarse casi por completo del remolino que se lo venía tragando vivo.

Bob dejó de girar por 8 años procurando acercarse más a su familia y amigos. Durante lo que restaba de los 60 continuó grabando algunas composiciones que eventualmente verían la luz a través de bootlegs como The Basement Tapes, se mantuvo en contacto con su banda The Hawks (que posteriormente se harían llamar The Band) y lanzó producciones como John Wesley Harding y Nashville Skyline, disco en el que introdujo un nuevo estilo más cercano al country que, como era de suponerse, despertó una vez más la ira de la crítica que lo tachó de conformista y “vendido”. Milagrosamente, Dylan se dejó ver junto a Johnny Cash en su programa de televisión, participó en el tributo a Woody Guthrie después de su muerte y prefirió tocar en el festival de la Isla de Wight del 69 en lugar de presentarse en Woodstock.

Para inicios de los 70, el mundo empezaba a toparse con un “Dylan fuera de forma”, o al menos eso decían después de escuchar Self Portrait, considerado uno de los peores discos de la historia. El disco incluía en su mayoría covers de canciones populares y folk y, según ha dicho Bob, su propósito era, básicamente, cachetear a todos aquellos que idolatraban al músico como el poeta de una generación. En esta época también salió a la venta su tan esperado libro de poemas Tarantula, con textos que fueron calificados como incomprensibles y frívolos. El hombre no pegaba una.

Siendo las presentaciones de Dylan tan escasas posterior a su accidente, imaginarán el revuelo que causó cuando salió de repente en el famoso y legendario Concierto por Bagladesh de George Harrison, quien había grabado los temas “I’d Have You Anytime” y “If Not For You” para su álbum All Things Must Pass (la primera de estas fue co-escrita por Harrison y Dylan). Dylan también colaboró con el cineasta Sam Peckinpah en su película Pat Garret and Billy the Kid; aunque el filme fue un fracaso, de su banda sonora se desprende el tema “Knockin’ on Heaven’s Door”, algunos quizás lo conocen por esta versión.

Las apariciones del músico en escenarios se hicieron regulares cuando Bob Dylan finalmente retomó las giras internacionales en enero de 1974, poco después llegó el álbum Planet Waves y en 1975 Blood on the Tracks, un trabajo honesto y poderoso que encontró su inspiración en la tumultuosa relación que Dylan estaba teniendo con su esposa Sara. Actualmente es visto como su trabajo más sólido después de la trilogía de los 60, una obra de arte.

En el verano del 75, justo cuando había logrado separarse de las luchas políticas, Bob Dylan se involucró en la causa del exboxeador Rubin “Hurricane” Carter, quien había sido acusado de homicidio triple, para algunos injustamente. Dylan escribió “Hurricane”, una balada de más de 8 minutos que luego se convirtió en el plato fuerte de todas las fechas de The Rolling Thunder Revue, una gira que era más un show de variedades con músicos de la talla de Ramblin’ Jack Elliott, Joni Mitchell, Mick Johnson y Joan Baez; además de Allen Ginsberg, encargado de montar escenas para la película que Dylan filmaba en ese momento. El tour improvisaba sus fechas sin decirle al público que llegarían, los conciertos se realizaron en salas pequeñas e íntimas y su gran cierre tuvo lugar en el Madison Square Garden en un evento conocido como The Night of the Hurricane que contó con la presencia de grandes como Muhammed Ali y Roberta Flack. Carter fue liberado de todos los cargos en 1985.

En 1978 Dylan reveló al público el fruto del material filmado durante su gira con The Revue, una película avant garde de 4 horas que se llamó Renaldo and Clara y que representó otro fracaso en la carrera del compositor. Los malos tiempos continuaron y, después de todas las fracturas sufridas, Sara pidió el divorcio y la custodia de los chicos. Dylan mutó nuevamente en aquella criatura solitaria y reclusiva que le conocimos en algún momento de su historia.

Procurando levantar los ánimos, el músico se embarcó en una costosa gira mundial que posteriormente fue catalogada como “falsa” por la revista Rolling Stone y comparada con lo que se ve en Las Vegas. A pesar de esto, el tour recaudó más de $20 millones que le caían bastante bien al hombre post-divorcio.

Dylan lanzo dos discos más antes de su siguiente gran cambio (Desire y Street Legal). Su vida lo había puesto en una posición incómoda y para Bob había llegado la hora de mirar la foto en gran escala y buscar refugio en una nueva fe. ¿Qué le depararía el destino a Dylan? Lo sabremos este viernes en la tercera parte y final de esta serie.

1 comentario

Very Happy

Lo del "Judas!" es cierto, ese otro rumor de otra fan en primera fila salió hace pocos años, aparentemente hay un audio de eso, yo no lo he escuchado todavía :/ si alguien lo tiene que me lo pase.

Un álbum como Blood on the tracks no se escribirá jamás.

¡A esperar la tercera parte y el chivo!

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Empezó: 13 Mar 2010
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