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Buena Vista Social Club - Adiós Tour en el DF

Hay momentos sublimes en esta vida.

Cosas que nunca se olvidan y que dejan una gran huella en el pecho. Para mí fue ver a Buena Vista Social Club en nada más y nada menos que el Auditorio Nacional de México en el DF en su último tour.

Para empezar, el auditorio es no sólo monumental (tiene diez mil butacas) si no que tiene una acústica impecable y no importa donde se esté, siempre se verá todo el escenario. De verdad una joyita arquitectónica. Ahora, que mi primera experiencia en el Auditorio sea para ver a la Orquesta Buena Vista, eso es trascendental. No miento, mientras escribo esto, de sólo recordar se me pone la piel de gallina.

De la Orquesta original sólo quedan tres miembros: Omara Portuondo (voz), el maestro Guajiro Mirabal (trompeta) y Barbarito Torres (laúd). La orquesta la terminaron de conformar músicos cubanos más jóvenes y el legendario Papi Oviedo en el tres cubano.

La noche abrió con un homenaje a los músicos que ya partieron: distintos solos en los instrumentos (piano, bajo, percusión), pero en mi opinión Buena Vista se apropió del auditorio cuando la diosa Omara Portuondo tomó el escenario. Cantó “Lágrimas negras” y con un vestido rojo espectacular, tomó al público de la mano y lo llevó por donde ella quiso. No es cualquiera que a sus sacrosantos 85 años pone a bailar a diez mil personas. No habían terminado de tocar “Veinte años” cuando de pronto empezaron a tocar “No me llores” seguida por “Quizás, Quizás, Quizás” al mejor estilo del son cubano. Sin más, ella nos presenta a su esposo Papi Oviedo; juntos bailaron en el escenario. Gente, si esa no es la epítome del amor, yo no sé que es.

Al terminar, todos los músicos (excepto el pianista Rolando Luna) abandonaron el escenario. Dejando a Omara bajo un spotlight. De nuevo, ella nos dio una lección de vida y nos cantó “Esta tarde vi llover” de Manzanero. Una voz que no ha cambiado en más de 40 años y con su energía arrasadora, sacó las lágrimas a más de uno (heme ahí incluida).

Con el corazón del público hecho agua, la orquesta volvió al escenario, y aprovechando momento tan emotivo arrancaron a tocar “Chan Chan” obviamente siendo esta pieza un tributo a Compay Segundo. Yo quiero insistir en que Los Buena Vista son casi centenarios, pero posiblemente tienen más energía que mucha gente de mi edad (eso que todavía no llego a los 30). Seguidamente tocaron el “Cuarto de Tula”. Barbarito Torres, haciendo gala de su talento, se puso de pie, entregó su instrumento a su compañero y en un derroche de talento, se acomodó para tocarlo detrás de su espalda. Muy a lo cubano, el director de la Orquesta, Jesús Aguaje Ramos cierra piropeando a las mexicanas “Me quiero llevar una pa’ Cuba”, anunciando así que se acerca el final de aquella noche “¡Viva México y Viva Cuba por siempre!” se despide después de presentar a cada uno de los músicos en el escenario. Las luces se apagan pero México quiere más. “Otra, otra” corean al unísono diez mil almas. Se escucha la voz del director “Dice don Luis que son dos”, realmente nadie sabe quién es don Luis, pero ¡gracias!

Toman el escenario de nuevo y nos cantan “Dos gardenias” y cierran definitivamente la noche con “Candela”. Dejando la energía al tope, mientras la última imagen que vemos, es a una conmovida Omara ondeando la bandera de Cuba mientras se despide “Chau México, gracias”.

Por acá pueden ver un video publicado por el Auditorio de México.

Cristina Robles — Productora audiovisual y fotógrafa.Entre otras cosas, soy ñoña solapada y una ciclista urbana algo temeraria.  Portafolio Facebook Instagram Twitter
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