Hay tanto conocimiento, y sin embargo, es tan poco lo que sabemos.
Mientras observo a Dave Gahan contorneándose al son de Policy of Truth las palabras que adornaron esa enorme e inolvidable pantalla gigante cinco temas antes siguen tensas en mi lóbulo frontal. La canción era Precious (joya y única representante del Playing The Angel (2005) esta noche) y la poesía de Hafiz Shirazi decía entre otras cosas bellas lo siguiente:
Gahan es un maestro del escenario. Luce como un mesías capaz de comerse el mundo. No sé cómo llamarlo. No es un hombre, no es una mujer, y no es un ángel, aunque tiene un poco de todos. Yo lo miro y pienso en todo lo que ha vivido hasta este momento. Aquí está, murió, revivió, volvió a morir, y regresó de nuevo. Lo ha pasado y lo ha vivido todo. Cada uno de sus días lo trajo hoy hasta aquí, a repetir el ritual ensayado para esta nueva gira, a tocarnos con un talento que para nosotros es magia. Hoy sabemos menos que de costumbre, hoy Dave es papá, y nos enseña poesía, nos enseña etiqueta, nos enseña, sobre todo, pasión y entrega, como si supiera que es precisamente eso lo que más nos hace falta.
Aquella energía que por instantes se sintió cuando In Chains oficializó el inicio del concierto (casi, casi sobre la hora) fue fluctuando pero sobre todo mermando conforme pasaba la noche. En algún momento aquello me preocupó, pero para cuando un gran cuervo acaparó la pantalla y Walking In My Shoes arrancó, el escenario ya estaba claro: perdónalos señor, porque no saben lo que hacen (i.e.: tomarse la fotica pal Hi5). Algunas miradas absortas y muchas voces quebradas me dejaron claro que aunque no eran mayoría, los fanáticos devotos también estaban ahí.
Probablemente todos ellos se permitieron una que otra lágrima durante la sublime interpretación que nos regaló Martin Gore de un tema icónico: Home. Una cantidad indiscriminada de manos se estrecharon discretamente mientras el maestro cantaba: And I thank you for bringing me here, For showing me home, For singing these tears, Finally I've found that I belong here... La dupla de Martin al micrófono había iniciado con Jezebel (y no con Little Soul, como algunos habríamos preferido), y ya para entonces su grandeza era incuestionable. Todo porte, todo presencia, Gore dejó claro que en tarima él es un titán de las mismas dimensiones que Dave. Huelga señalar que no podemos decir lo mismo de Fletch, quien no dejaba de hacer sus intentos casuales por animar al público, pero estos no pasaban de lo tierno lo simpático y lo anecdótico. Martin, desfilando por la pasarela guitarra en mano y escarcha en piel, fue lo más cercano a una deidad en aquel recinto sagrado.

La noche trataba bien a los devotos, el cielo no se llegó a despejar, pero tampoco se permitió sobrepasar las dos o tres gotas ocasionales. El clima era ideal y la banda estaba entregándose con la misma gana que lo hiciera en cualquier otra fecha del Tour of the Universe. La mesa servida para el banquete divino y la comida que sobraba, no solo por los que no fueron, sino por los que llegaron comidos. Está claro que hay audiencias de audiencias y que siempre tendremos a los japoneses para sentirnos mejor, pero lejos de ser abanderados de esa imagen que se tiene del público latinoamericano enloquecido, esta noche Costa Rica pareció por momentos una sucursal escandinava. En el momento del pánico, quedamos en evidencia. El concierto ya estaba maduro, y la banda regalaba una interpretación inolvidable de I Feel You cuando en medio tema el sonido desaparece. ¡El Horror! Como los más grandes, los muchachos finalizaron la canción a puro monitor, incapaces de dejarla inconclusa mientras el equipo les permitiera seguir adelante. Mortal, único, e inolvidable final: la batería se escuchó hasta en el último palco.
Antes de que se suelten a despotricar contra el tercer mundo, tomen en cuenta que tuvieron un incidente todavía peor en la tierra de Obama, donde ni siquiera pudieron terminar el tema.
A la espera de que el sistema fuera arreglado, un pequeño grupo de seguidores intentó calentar los ánimos con palmas y cánticos. Desolador panorama: la expresión "cuatro gatos" es un piropo. La gente les ignoró por completo y se dedico a hacer la estatua durante cerca de 10 o 15 largos y angustiosos minutos. Uno de los muchachos perdió la cabeza y lanzó todo tipo de ataques que se perdieron en el eco de la apatía: "me les cago a todos ustedes, me cago en su actitud, por eso nunca nos visitan, ¡momias! ¡despierten! ¡qué envidia me da el público de maiden!".
Aquella zozobra terminó cuando el grupo regresó para interpretar (inserte aquí el chistote del caso) Enjoy The Silence. La "animación" de los astronautas definitivamente es punto alto de la producción, pero las palmas totales claramente van para Personal Jesus: el trabajo en el video es digno de un anuncio de iPod. Naturalmente, al tratarse de dos de los temas más conocidos, la gente reaccionó con tremendo entusiasmo en ambas ocasiones. Sin embargo, para muchos, las verdaderas joyas habitaron entre las dos: Never Let Me Down Again, Somebody y Stripped.
En el caso de Never Let Me Down Again el público demostró que con un poco de guía, todo lo puede. El festival de manos dibujando arcos al unísono fue masivo, y adornó la pantalla gigante cuando la cámara se volteó a la audiencia. Un momento inolvidable. Somebody por su lado fue la única verdadera sorpresa del set list. Si bien la han interpretado durante la gira, no es constante, y la verdad no estaba en planes de casi nadie. Ambrosía pura, Gore otra vez al frente, y un tema que de nuevo escurrió mocos: I want somebody who cares for me passionately, With every thought and with every breath.
¿Qué pasó al final? Pues que nadie esperaba que después de Personal Jesus no volvieran. La confusión que dejó el apagonazo impidió que la audiencia tuviera su necesario "encore", y tratándose de una gira caracterizado no por uno, sino por dos, muchísimos salieron con un sabor agridulce y con una sensación de final precipitado. A mí tuvieron que señalarme a 18 tipos vestidos de amarillo y verde desmantelando el escenario para que asimilara que la cosa no iba más.
Sin embargo, el grupo interpretó los 19 temas que tenía programados. Ni uno más, ni uno menos. El dueto que todos añorábamos para el cierre de Waiting For The Night nunca estuvo contemplado en planes. No hubo gato por liebre, ni arrogancia, ni desprecio (que no tardarán en insinuarlo). ¿Que los carajos no hablan? No necesitan hacerlo. Basta el Good Evening y el Thank You y todo está dicho. No es nada contra la patria, no hablan ni aquí ni en Nueva York ni en Paris. ¿Que los maes no explicaron la falla? Dónde se ha visto. Las explicaciones del fallo en el sonido las da el compa de la banda que fuimos a ver al Cuartel. Depeche Mode no tiene que darnos ninguna explicación. Todo lo que tenía que darnos nos lo dio, dos inolvidables horas durante las cuales pudimos sentirnos parte de algo mucho más grande que 52000 kilómetros cuadrados de gallo pinto. Por una noche fuimos parte de un universo de sonidos que, voluntad mediante, todo lo puede. 
Nuestro buen amigo nobody capturó buena parte del concierto en video. Se pueden dar una buena idea de cómo estuvo visitando su colección en YouTube. El de Home es de VillalobosLeon.
) y gracias Diego por este review. 









. y más que satisfecho. 






















