Artistas de las más variadas disciplinas trabajando juntos por razones ambiciosas, pero nobles. Algo así dice la imagen que procura explicar por dónde va el Doyle Club, nuevo destino favorito dentro de la oferta web local.
El padre de la criatura es Diego Arias, joven artista costarricense con una visión de mundo muy particular que muchos han conocido ya merced a sus diferentes trabajos en ilustración, animación y diseño. ¿Todavía no está familiarizado con la obra de Diego? No pasa nada, preparamos una sabrosa entrevista para que le conozca mejor a él y a su nuevo proyecto.

89dB: ¿Cuál es la idea detrás de Doyle Club? ¿Con qué trabajos arranca?
Arias: El plan es difundir y promocionar proyectos (bandas, generalmente) por medio de distintos trabajos gráficos, de vídeo o animación. También publicaré, por ejemplo, ensayos cortos y fanzines. El plan es viajar y registrar y producir más proyectos a mediano plazo.
Ahora mismo estoy animando un cortometraje con la canción "Ojos con dientes" de Las Robertas, y codesarrollando el guión de un mediometraje cuya banda sonora será el disco de otra banda local (Niño Koi); luego lo dirigiré. Mientras tanto estoy animando un spot para un concierto y trabajando paralelamente un vídeo musical para Zòpilot.
89dB: Charlémole un poco a su ego. Ante todo usted es un comunicador multifacético. Cineasta, animador, guionista, ilustrador, etc. ¿Cómo se presenta usted mismo? ¿Cuáles son sus, por así decirlo, atestados e intereses?
Arias: Voy entre la ilustración, el dibujo, la animación y el vídeo. Así respondo normalmente. Sí aclaro que intento rotar porque, aunque todas estas áreas me encantan, rápido me desanimaría el dedicarme a una sola. Me pondría gruñón, y quizás violento. También me interesa el mercado de la música, claro. Mi nuevo proyecto apunta a esa isla. Dejé de ver gore porque me deprime.

89dB: Su vínculo con la escena lo llevó a ser parte del programa MXI y el colectivo NoisNois. Ahora arranca con su propio proyecto. ¿Cuándo se empezó a interesar de lleno en la movida local? ¿Algún evento concierto o grupo desató su pasión? ¿En cuáles otros proyectos locales ha colaborado y de qué forma?
Arias: Tiene mucho que ver con el disco de Úztari. Y también con que antitos de entrar a la universidad, un carajo me puso a escuchar el In a World of my Own de Parque en el Espacio, y bueno, se volcaron mis intereses.
Luego me topé a Alta Costura, Exnobia, Poper, Lolita Piñata, Raging Bull Leather Jacket. Aluciné. Conocí a Fabrizio Durán, y por ende a Spaceship (lanave), vi nacer a NoisNois. Todo eso. Luego me aprobaron la entrada a MxI, donde conocí toneladas de proyectos, contando a los entonces colegiales de Zòpilot. Después también me ingresaron a NoisNois.
Un tiempo después colaboré frecuentemente con un colectivo de audiovisual que se llama Chop Chop Producciones, y algunas veces con la revista Dele Bimba, que ya no sale. Abandoné los anteriores y me casé con mi novia del colegio. Ilustré una sección para el Fusil de Chispas (extraño esto). No es cierto lo de la novia.
89dB: ¿Cuándo se le ocurre Doyle Club, cómo lo concibió y cuánto tiempo tardó desarrollándolo?
Arias: El plan debe tener cerca de un año. Empezó a coger forma, claro, en cuadernos y en monólogos que tenía frente a la que era mi dama. Después se maquiavelizó (el mercado, ah) en un curso de la universidad. A pesar de que ya había hecho algunos bocetos y animaciones relacionadas, fue hasta hace un par de semanas que me obligué a concretarlo para que acompañara al "Those boys from Niño Koi". Fue entonces que me senté a sacar el sitio Web, arrancar con la página de Facebook y todos esos básicos de este momento del siglo. Esa es la tristísima verdad.
89dB: ¿Qué conocimiento de las Internetz tiene usted para poder montar este proyecto? Lo deseamos.
Arias: En diseño soy empírico, pero en programación también. Al primero lo juego porque me gusta estar bajo control de cómo se terminan de ver mis trabajos (por ejemplo, la portada ilustrada de un disco). La programación viene de la mano con eso, y las ganas de hacer todo con el menor presupuesto y equipo humano. Si repaso lo dicho creo que es un error de crianza. Antes hice mi sitio personal y otro par en la vida. Y bien, está montado sobre Wordpress, que básicamente se la juega sin uno.

89dB: Su particular estilo y la criaturas de su imaginación ya se han ganado un espacio en el arte local. "Eso de fijo es Diego Arias". Además de falos y falanges ¿Qué otra influencia carbura su obra?
Arias: Yo tengo todo que ver con mis traumas y atarantadores, y mi trabajo tiene todo que ver conmigo. Traumas, por ejemplo, la vez que fui al vídeo club y manoseé el VHS de una colección de grabaciones gore que no se atrevieron a pasar por los medios de comunicación masiva. El cadáver saponificado, el brazo mutilado. Sólo lo ojié y fue suficiente para el trauma, aunque luego pregunté más y luego apliqué Yahoo! o Altavista. Y lo que me ataranta, que es, por ejemplo, las tetas. Perdón, es la edad reproductiva. Más bien es lo que me interesa. Los penes y mucho de lo que va con ellos. Cierto tipo de personajes que me construyo con un bagaje más o menos similar. Y todo se va quemando por etapas. Menos los penes y los perros, que me salen al natural.
89dB: Describa el sistema político que impera en Doyle Club y cuéntenos en qué se diferencia de una democracia participativa e inclusiva.
Arias: El Doyle Club se maneja bajo una de esas populares autocracias participativas. Muy siglo veintiuno y medianamente lejana de la democracia participativa e inclusiva. Básicamente, yo me encargo de mover el tronco común y el de cada proyecto. Esto de lo participativo es esencial. Mi plan aquí es concretar proyectos que yo dirijo, pero que generalmente involucran a talentos que admiro y que van de la mano con el proyecto específico que está corriendo. Claro, me gustaría que el asunto creciera pero por el momento soy unicelular en la base, y funciona para lo que he hecho.
89dB: ¿Quiénes son sus más cercanos colaboradores?
Arias: Recientemente he trabajado con Niño Koi, Zòpilot, TGW, Las Robertas y Continental. Ana Luisa Mora me está ayudando a desarrollar el guión para un (otro) proyecto de Niño Koi. Diría que Nicolás Wong es mi colaborador platónico porque hemos querido trabajar algo nuestro desde hace buen tiempo. Aparte de esto, casi no tengo amigos entonces me inventé un club. Quedan invitados a unirse.
89dB: Usted trabajó un video de Russian Red con Natalia Jara marca diablo. ¿Por qué no subirlo a Doyle Club? ¿Tiene pensado trabajar solo con talento nacional?
Arias: Ese de la Russian (léase “Rúsian)” es un pendiente. Gracias a esta pregunta, por fin le pregunté a Natalia y vamos a meterle subtítulos para tirarlo con el Doyle Club. También al impopular de “fuan, gringo, gaba, depeche mode”. Respecto al talento nacional: no me quiero quedar sólo aquí. La idea es exponer proyectos que me parecen valiosos, y de esos hay en otros lares también. Mientras sean viables, me tiro al puerto Juan Santamaría. De todas formas, este enlace busca también beneficiar a mis héroes criollos, cómo no. El plan es sacarlos de la localidad.

89dB: ¿Está preparado para la furia de la fanaticada por publicar solo en inglés? ¿Tiene pensada una versión en español?
Arias: Siempre hay carajos enjachando, pero no creo que a los fanáticos saludables les importe que busque insertar a sus favoritos en el mercados anglosajón. Aunque el inglés va más allá en penetración; todavía es más popular que el Esperanto. Además aquí hay buen nivel de inglés, así que no me echaré la tarea al hombro. Sí, la idea es exportar y va en anglais.
89dB: Usted habla de proyectos, viajes, grabaciones y cuentas Plus. ¿Quién le financia? ¿Qué piensan sus padres de todo esto?
Arias: Los proyectos van por cuenta de los participantes. El inframundo de la publicidad (¡hola amigos!) es quien me ha beneficiado la cuenta de ahorros. También estoy dando un taller. Mis papás todavía me prestan el cuarto, pero a veces me toca echarle gasolina al carro. Ellos están preocupados de qué va a pasar con mi vida, pero ponen cara de "lléguele". Esto es permanente desde que estoy en tercer grado, creo. Hay un cigoto de plan de viaje relacionado con el Doyle Club, pero antes tengo que salir de un par de asuntos y, cual gira de banda, tengo que comprobar la rentabilidad del tour antes de hacerlo. De eso depende. O de que me vaya a vivir a otro país. Niño Koi me debe diez mil pesos, por cierto.
89dB: Su franqueza puede ser interpretada como arrogancia en un medio ducho para las flechas. ¿Le ha cosechado enemistades su particular condición? La gente insiste en describirle como un artista cálido y accesible. ¿Cómo se sale con la suya?
Arias: Yo creo que es un asunto de saber cuándo y dónde. Por otro lado, el asunto conmigo es que a veces el Ello se me alborota duro y no queda más chance que tirar lo que me sale como sinceridad del momento; que puede sonar a pura cabronada si se lee en un contexto tan cobarde y sensible como el local puede ser. Pero eso no me hace malo, sino salvaje. Las gentes aman lo salvaje. Las mujeres no. A veces me pasa también con el humor negro, entre otras situaciones. Ahora, todo va dentro de una gran estrategia racional y estratégica.
89dB: Hablando de estrategias y concesiones... ¿Habría hecho usted una botella para Coca? ¿Cuál precio es justo?
Arias: La exposición de botellas es un tema que no manejo. Vi un par de fotos en alguna página de La Nación (¿fue portada?) y sé que un par de Arburolas estuvieron adentro. Y que eran grandes botellas a lo Cow Parade. Yo me hubiera aventurado si pagaban de antemano y si la censura no era una opción. Osea, suena a que no. Unos $100000 si lo querían en acrílico. Una cosa es tomarse el veneno, pero otra cosa es trabajar para él. En el fanzine que tiro la otra semana va una publicidá de Coca Cola, se lo juro. 

En Doyle Club hay una sección de música donde se pueden descargar discos de Bruno Porter, Detectives Salvajes y Spaceship (lanave) entre otros. Recuerden visitar el Facebook de Doyle Club y de Diego Arias.














