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El Zepelín Silencioso

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1. (circa 1999)

Esta noche concluye así: Álex Obando bajándose de un pickup Fiat Fiorino negro, a pocos minutos de las 4 de la madrugada, debajo de un aguacero bíblico, en la autopista Braulio Carrillo, lisiado por el alcohol, describiendo una trayectoria elíptica desde el carro hasta el borde del mini guindo donde lo perdemos de vista Carlos Aguilar y yo.

Con un mínimo de honestidad, nadie podría decir que fue un final sorpresivo para aquella velada que había empezado en la casa de Joaquín Rodríguez del Paso, que es pintor aunque su nombre diga que es duque o conde. No recuerdo el motivo de la fiesta en la casa esquinera de Quincho en Barrio Amón, detrás de la Casa Amarilla. Pero a eso de las 9 de la noche ya habían llegado los elementos que si la naturaleza fuera sabia como dicen vivirían separados por continentes.

Recuerdo que varias paredes eran de ese verde-aceite de lugares como las Cabinas San Isidro en el Puerto. Recuerdo que todos estábamos sentados en sillas de diferentes juegos de comedor, cerca de una hielera en la que flotaban cervezas que cada tanto sacábamos con la delicadeza y cariño de quien saca un corazón para un auto-trasplante. Recuerdo que María Montero le decía a Álex (menos canoso entonces) que él era nuestro Reinaldo Arenas y que todos decíamos que sí, que tenía razón. Aunque pensándolo bien, era nuestro Reinaldo Arenas en el cuerpo de Lezama Lima.

Todos hablábamos a gritos, montándonos a codazos sobre frases de los otros, decíamos cosas geniales que se desintegraban antes de tocar piso, nos reíamos o mejor dicho, nos cagábamos de risa y sacábamos los órganos de trasplante de la hielera y, sin que nadie los hubiera llamado, afuera de la casa los Datsun de los dealers daban vueltas como tiburones, atraídos por el olor a sangre.

Una cosa llevó a la otra, la noche se hacía más noche y de pronto cada quien fue buscando su rincón o su víctima o las dos cosas. El grupo se fue desgranando, alguien abrió la puerta, estiró el brazo y se montó en uno de los Datsun creyendo que era un taxi y no supimos nada hasta una semana después. Otros terminaron mandándose a la mierda para siempre pero a esos los vimos juntos de nuevo incluso antes de que apareciera el que se equivocó de taxi.

Hay un fade a negro y luego no sé por qué, ni mucho menos cómo, estamos Álex, Carlos Aguilar y yo caminando por los trillos voluntariamente mal iluminados del Centro Comercial El Pueblo, buscando un bar donde seguir la conversación que, en eso estábamos de acuerdo, todavía no habíamos terminado. Creo que entramos primero al bar de un karateka o taekondista y que luego, cuando cerraron ese, nos pasamos a uno que tenía, en la barra, unos bancos bastante altos. Carlos y yo nos subimos haciendo grada en un pretil debajo de la barra. No tengo idea de cómo lo logró Álex. De lo que sí me acuerdo es de que los dejé solos un toque mientras iba al baño a hacer trampa y cuando volví, primero cegado por el cambio de luz de semi-iluminado afuera a oscuro-cueva adentro, vi un bulto gigante en el suelo. Un segundo después, ya acostumbradas las pupilas, vi que se trataba de dos bultos. Álex se había caído del banco, de espalda, en bloque, sin reaccionar. Y Carlos, doblado en el piso, intentaba levantarlo.

Me sumé y de pronto, vistos desde afuera, éramos tres masas oscuras moviéndose torpemente, tratando de incorporarse, de caminar nuevamente en dos patas. Ayudados de pésima gana por el bartender, volvimos a ser homínidos. Sobra decir que nos echaron del bar y que, ya en el parqueo, tuvimos que aceptar que lo único que nos quedaba era irnos para la casa.

Pero eso era más fácil decirlo que hacerlo. Ya dije que era un Fiat Fiorino, un pickup. En esa cabina nos metimos a la fuerza los tres, mientras empezaban a caer las primeras gotas de lo que tuvo que haber sido unos de los peores aguaceros de la década. Yo iba al volante, Carlos literalmente en el freno de mano y Álex en el asiento del copiloto. Cuando arrancamos, llovía ya como por venganza y no podíamos abrir las ventanas. Aquel carro no contaba con la comodidad lujosa del ventilador, ni qué decir aire acondicionado. En dos segundos se empañó el parabrisas o por lo menos así veíamos los tres. ¿Vos ves algo? / No, ¿vos? / Tampoco / Ok, vamonós.

Así, en aquel país pre-ley de tránsito, salimos rumbo a Tibás a dejar a Obando que era el que vivía más cerca de El Pueblo. ¿Alguno ha ido a la casa de Álex? Ni siquiera sobrio, hoy, que he ido varias veces, entiendo la dirección. Es imposible, alguien debería hacer algo. La Muni, el MOPT, alguien. Esa noche, en aquel hornazo de cabina del pickup, ya con los primeros síntomas de la abstinencia, Álex trató de explicarme. Se había acabado la cerveza, los cigarros, el perico y el buen humor y ya estábamos montados en la ruta 32 cuando me dice mae, es allá abajo, señalando una calle de barrio al otro lado de autopista, en la falda de un mini guindo. Ni que tuvieras tetas, dije al mismo tiempo que Carlos metía el freno de mano.

Entonces, allí va Obando, o lo que queda de él, como un zeppelín silencioso en picada, desapareciendo en la lluvia y el barranco mientras Carlos se acomoda en el asiento del copiloto y arrancamos chillando llantas hacia la última birra en Sand.

Luis Chaves es escritor y poeta. Historias Polaroid / Asfalto su última publicación, está a la venta en la librería más cercana a su cubículo. De Alexánder Obando ya hemos hablado y seguiremos hablando.

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4 comentarios

Pucha, tres artículos de literatura en poco más de una semana. Estoy que me orino en los calzones de la emoción.

Pucha, qué agradable este texto, y qué simpática anécdota. La disfruté tanto ahora como en vivo.

Pucha, qué dicha ver aquí otro texto de Luis Chaves. Lo ha demostrado en todas las plataformas en las que ha escrito: su prosa y su poesía tienen un sabor exquisito, y es una de las plumas más ágiles del país.

Pucha, qué lindo ver que un escritor nacional aprovecha la plataforma de exposición que 89dB le ofrece para que un público mayor conozca un texto que de otra manera se habría perdido en los oscuros pasillos solitarios de la blogósfera costarricense.

Que venga más, con firma de muchos más.

Imagen de Danny Brenes
Desconectado
Empezó: 21 Jun 2008
Karma: 1644

Caray. Esto está muy bueno. Esto que me encontré en los links ahí colocados gustó en paleta:

DEL FRAGMENTO: En el retrovisor los objetos se ven mas pequeños de lo que realmente son escribió:

En el retrovisor, ojos, cejas y media frente. En el espejo retrovisor se le ve pensar mientras conduce. Memorias que pasan igual que los postes del tendido eléctrico, los portones, las cercas que dividen los llanos. Recuerdos como mojones, como mariposas estrelladas en la parrilla del radiador. Memorias de un fin de año en Corcovado, juntos, mojándose los pies en el Pacífico, el gran Pacífico. Sentados, cavando con el índice agujeros sucesivos en la arena; diciéndole, ésta es la casa de un caricaco; ésta, de un cangrejito; esta, de una tortuga. La imagen nítida de la cabeza de ella girando para replicar: Las tortugas no viven en la arena. Luego, la espuma retirada, los pelícanos planeando en hileras perfectas, rozando la pared de agua de las olas que casi reventaban, y su respuesta después de una pausa: ésta tortuga sí, porque tiene síndrome de down y no aprendió a nadar. Y la risa, la risa en este momento es solamente uno de esos postes que cruzan la ventana y se encogen en el mismo retrovisor donde se le ve decir en voz baja:

-Corcovado blues. Tanto verano, tanto sol, tanto viento norte, tantas vacaciones para salir en todas las fotos con los ojos cerrados.

Imagen de julioagueros
Desconectado
Empezó: 15 Ene 2009
Karma: 72

Olvidé agregar en el artículo el necesario enlace a http://tetrabrik.blogspot.com/, el blog de Luis Chaves. Ahí lo tienen.

Aquellos que odien el fútbol, perdonarán la licencia poética del caso. Son tiempos de gloria mundialista y el cartel de cerrado se coloca con gusto. Por ahora, entretenidos apuntes de la Copa a modo de bitácora. Antes y después de eso, ocasionales entradas con apuntes varios sobre la patria y sus matices, más que todo.

En particular recomiendo la lectura de los años del confeti.

Imagen de Diego Delfino
Desconectado
Empezó: 23 Ene 2008
Karma: 15441

los apuntes de chaves, lo único bueno de este mundial : )

también está el "tetra-largos" (http://tetra-largos.blogspot.com/), un blog en donde están los textos más largos (y textos importados de otras partes). Ahí están varias de las columnas que escribía en Áncora hace años, cuando yo esperaba La Nación del domingo, cada quince, sin falta.

Ya que estamos en esas, yo también tengo una recomendación : http://tetra-largos.blogspot.com/2006/02/homero-pumarol-y-la-bachata.html

Diego, qué bueno leer a Luis por acá, de nuevo. Por cierto, ese botón de "link" no me sirvió para un carajo.

Imagen de mamá pitufo
Desconectado
Empezó: 24 Jun 2008
Karma: 11