Saludos, queridos lectores. Vengo a entregarles otra historia para el futuro; otra historia de perseverancia. Algún día lejano, cuatro jovenzuelos patinetos suecos decidieron armar un grupo musical que, con el paso de los años, crearía la banda sonora de otros miles de jovenzuelos patinetos (y otros no tanto), calando hondo en la escena punk mundial. Nuestro país no fue la excepción, pero los aficionados tuvieron que esperar muchos años para siquiera soñar con tenerlos de frente. Sin perder la esperanza, o recuperándola en el largo trecho, los jóvenes fueron creciendo e influyendo sobre otros tantos chavales, aguardando pacientemente para la llegada del mejor día de sus vidas: el día en que verían a Millencolin en vivo.
Ese día fue el 12 de diciembre del año en curso, un año y un día después de la presentación de NOFX en Costa Rica, otra de las bandas que jamás se imaginaron ver en su país. Gracias al sudor de tres productoras y al apoyo de los fanáticos, Millencolin se presentó en el país como banda titular del Punk Rock Fest, en una edición especial del evento en que tiraron la casa por la ventana. El campo de juego, el recién estrenado Club 212, jugó un papel importante en la calidad del concierto, pero bien pudo haber sido en el finado Club Capone que estaríamos contando una historia similar.
Con un único gran fallo a lo largo del evento —la puntualidad—, el Punk Rock Fest se realizó bajo las condiciones más aptas que podríamos haber imaginado, colocándose como uno de los conciertos más eficientes y emotivos del ciclo que cerramos con esta reseña. Este año (de ensueño) no podría haber culminado de mejor manera que esta, eso está claro. Vamos entonces al recuento cronológico de los hechos.
5:00 p.m. — Soul Anthems


En su debut en los escenarios, Soul Anthems agregó a su currículo no solo la experiencia de haber dado inicio a tan especial festival, sino también una mala pasada en cuanto a sonido. Parece que no nos cansaremos nunca de decirlo, pero el problema del sonido para las bandas locales se arrastra con cada año que pasa, y lo último que queremos es seguir viéndolo como algo normal. Este joven quinteto fue escogido para ser parte del cartel del festival cuando sus colegas de Confrontación cancelaron su aparición, motivo viaje. Atentos a su rocanrol vieja escuela entremezclado con punk rock, que la propuesta de Soul Anthems podría calar mejor en la escena cuando el público los observe en condiciones más adecuadas. Comandados por el vocalista Chux, calentaron al poco público ubicado dentro del recinto a esa hora con temas como "A Working Class Anthem", "Broken Bones" y un cover de la icónica "Ring of Fire" de Johnny Cash.
5:40 p.m. — Savia

Algunos todavía esperan que al sonidista se le ocurriera bajarle la voz a Chepe que retumbaba en los oídos de todos, haciendo difícil apreciar a la banda— durante la segunda puesta en escena de la velada. Los Savia son caras conocidas, y su música ha estado presente en otros conciertos internacionales, pero este quizá fue su público más grande. Aunque a esta hora del concierto, más de la mitad de los asistentes descansaba fuera del recinto (en donde cervezas y bebidas energéticas eran más baratas, y el ambiente pre-Millencolin era festivo), el cuarteto la sudó para atraer a los que tenían al frente. Aprovecharon la ocasión para anunciar que su disco estará en las calles a principios del año próximo, y al rematar con otro par de piezas dejaron el escenario para colocarse en los lugares en que quedarían deslumbrados con lo que estaba pronto suceder.
6:20 p.m. — Endemia

El clan de la noche iba entrando y abasteciéndose a si mismo con las costosas bebidas del Club 212. Endemia toma el escenario, y la porción de adeptos a su música celebra en gracia. Esta no es una banda común y corriente; su sonido es amalgama entre punk y rock clásico, con una gravedad vocal y lírica que, si bien no será del gusto de la mayoría, hace de su propuesta una muy sugestiva. Se sirvieron de su presencia en escenario para notificar la llegada de un segundo larga duración en 2011. "Solo Morimos Cuando Nos Olvidan" vino a cerrar la presentación, y se podían ver ciertas caras entusiasmadas con tan impactante tema.
7:00 p.m. — Reacción Direkta

Celebrando el reciente lanzamiento de su EP debut, ¿Cuál Democracia?, la banda cerró el cartel de bandas nacionales del Punk Rock Fest. La suya fue una presentación sin tapujos, directa a la acción y, en su mayor parte, eficiente. Iniciando con "Desadaptado", utilizaron el escenario para filmar unas cuantas tomas de su primer videoclip ("Victimas", pronto en la calle) y repasar a plenitud los temas contenidos en su disco corto. Desde la tribuna, parecía que el gran fallo era la incapacidad que presentó el baterista para ir acorde con los demás instrumentos, y asumimos que algún problema de monitoreo tuvo que haber experimentado. Sin embargo, Reacción Direkta gozó del público más masivo que los locales acercaran al escenario.
7:45 p.m. — After the Fall

Proveniente de Albany, New York, este trío no tiene más que fuerza y pasión, en y por la música. Con Mike Moak en micrófono y guitarra, KC Carvill en el bajo y Chris Millington en batería, After the Fall fue el primer momento inmenso de la noche. Cuando una banda tan pequeña, independiente y, en cierta parte desconocida decide venirse a Costa Rica a tocar con una de sus bandas favoritas, se entiende a la perfección el por qué de la emoción que los mismos integrantes mostraron para con la reacción del público: el que se quedó afuera cuando temas como "1994", "Soldiers", "Ruins" y "Fort Orange" movieron el piso cual sismo, no tiene idea de la majestuosidad de la que se perdió.
Con After the Fall no se sabía qué esperar más que la inminente felicidad de sus miembros al ver a la gente por los aires con su música. Lo que en algún momento sonaba como un punk bastante melódico y llevadero, de pronto se convertía en un hardcore orgánico y sumamente rápido que nos hacía mover no solo el pie derecho de arriba para abajo, ¡nos hacía brincar con ambos! No en vano el perfil de Facebook de la banda catalogó al concierto así: "Holy shit!!! Best show ever." También le agradecieron al país a través del medio y dijeron que nos veríamos el próximo año. ¿Será? Tienen aseguradas la mayoría de butacas, sin duda alguna.
8:45 p.m. — A Wilhelm Scream

Hijo-de-puta. No salimos del asombro. Maravillosa presentación. Funcionando a alta velocidad, esta máquina de sudor y satisfacción llegó a destrozar el lugar. Después de darle los últimos arreglos a los instrumentos, Nuno Pereira (voz) le pidió una pose al público para tomarse una fotografía. Luego, agarró el micrófono, y, con un español semi fluido, se ganó a todos los presentes diciendo que venían de muy largo con la misión de tocar nuestros corazones, y, al cantar, se llevó al suelo cualquier duda de su capacidad vocal. Moviéndose de un lado al otro, metiéndose al pit, brincando, llorando... Nuno simplemente nació para ser el cantante de A Wilhelm Scream. Sus compañeros no se quedaron atrás, mostrando habilidad e integridad por todo lo alto.

Durante una hora, el quinteto enloqueció con el público y brindó un espectáculo revitalizante, cuya calidad solo se puede definir como suprema. Cubriendo parte esencial de su discografía, interpretaron temas como "5 to 9", "I Wipe My Ass With Showbiz" y "The Rip". Monstruoso. Bestial. Increíble. Simplemente espeluznante. Sin duda la banda más poderosa en pisar el escenario del Club 212, y una de las más recias que han tocado en el país.
Aunque muchos habrían deseado continuar escuchándolos, todo llegó a su final con "The King Is Dead", cuando le pidieron al público que despejara el área del centro de cara al desorden que la canción provocaría. "Vengo desde lejos con mis mejores amigos para tocar un fuckin' concierto, y esta será mi recompensa", dijo Nuno, quien terminó recibiendo una retribución mucho mayor a la que se habría imaginado.
10:15 p.m. — Millencolin

Se veía venir. Y se sabía a lo que se iba. Todas las personas en el sitio tienen un recuerdo distinto de Pennybridge Pioneers (2000), el disco que la banda interpretara de cabo a rabo en el Punk Rock Fest, y la razón por la que han girado alrededor del mundo en los últimos meses. Esas canciones debían ser coreadas en masa, con la parte superior de la cara húmeda por el llanto tendido, y la parte inferior transformada en una gigante sonrisa dado el logro y lo que realmente significa en las vidas de todos y cada uno de los presentes.

Con el cuarteto de suecos la jornada ya pesaba, aun así se veían personas en el aire a cada instante, y el tener a Nikola Šarcevic (voz) de guía en todos aquellos himnos adolescentes, entregando púas a los del frente y sonriendo bastaba para moverse hasta que el cuerpo aguantara. Millencolin es una agrupación súper tallada en vivo. Luego de interpretar los 14 temas que hicieron de Pennybridge Pioneers una joya del punk reciente, los hinchas recibieron dos encores que los fueron matando rápidamente. La palabra era que la banda solo tocaría temas de sus primeros tres discos, y lo hicieron ("Vixen", "The Story of My Life", "Lozin' Must" y "Bullion" fueron algunos de los clásicos que sonaron), pero incumplieron a la regla para complacer a Alejandro Guerrero (parte de Destiny Recordings) con "Black Eye", del disco Home from Home (2002). En total, Millencolin estuvo cerca de 90 minutos en el escenario, tiempo en que sucedieron cientas de anécdotas de las que se harán referencia por el resto de nuestras vidas; una legítima historia para los nietos.
El Punk Rock Fest, edición especial de finales de 2010 —co-producido por Destiny Records, Lujan Crew (LCP) y Stand Up, fue el evento independiente con más difusión del año. A excepción del equipo de seguridad (que se comportó mucho más decentemente que en otros eventos afines), toda persona involucrada en el espectáculo estaba ahí no por la ganancia, no por el gafete, pero sí por el amor a las bandas, a los recuerdos, a la música.
Sonará cliché, lo sé, pero cuando los productores de conciertos son las mismas personas que hacen stage diving, se meten al mosh pit y corean todas las canciones como si se fuera a acabar el mundo, es muy probable que la situación sea mucho más favorable que cuando están contando fajos de billetes y viendo cómo hacen para sacar más dinero.
El trato, incluso, que se recibe por parte de estas productoras es el soñado, aunque no debería ser ni un sueño ni casualidad, sino más bien una constante por parte de todas las productoras de este país. No hablo de la ideología punk; es simple y llana realidad humana: todos valemos exactamente lo mismo. A las tres productoras en cuestión: el aplauso y el abrazo; saber que lo que sienten por las canciones es lo mismo que siente el que pagó su entrada garantiza que podamos salir sin sabores amargos del concierto.
Al público: felicidades, el concierto fue realizado por y para ustedes, y la constancia y gratitud que demuestran sirve como recordatorio de que no hace mucho fue el primer chivo de Strung Out en Costa Rica, y la lista de bandas de las que han disfrutado (y disfrutarán) fue posible gracias a su capacidad de dejar cuerpo, alma y corazón en el pit. Por ello, los artistas quedan sacudidos y con tan especiales recuerdos. Son ustedes parte fundamental del espectáculo, y son el público más preciado del país. La aclamación es infinita. 















