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Gustavo Solórzano-Alfaro: Inventarios mínimos

Editor, trinchera desde donde se gana la vida; como crítico se gana el respeto (de pronto uno que otro enemigo) y como poeta se gana a sus lectores.

Tres facetas que definen a Gustavo Solórzano-Alfaro, figura fundamental para entender la poesía contemporánea costarricense. Autor de varias  publicaciones en las  que  destaca una interesante diversidad de poemarios y varios libros sobre crítica literaria. Muchos de sus artículos sobre música, cine o literatura se encuentran en su página La casa de Asterión. Admirador de la obra de los dos grandes polos literarios de América Latina: Octavio Paz en el norte, y Jorge Luis Borges en el sur. Funge en múltiples labores, entre ellas: co-editor de la revista hermana de Literofilia, Las Malas Juntas y presentador ocasional de libros de colegas suyos.

Recientemente publicó su más reciente obra: Inventarios mínimos con la Editorial Universidad Estatal a Distancia y acá lo invitamos como protagonista de las “5 abrebocas”. Una vez servidas, así nos respondió.

***

1. Me atrevo a decir que usted es una de las personas que más conoce de poesía contemporánea costarricense, ¿en qué parte del firmamento poético colocaría usted sus Inventarios mínimos?

Vaya, te agradezco esa generosa e inmerecida consideración, me pone en un serio compromiso, sin contar que deba ubicar el libro en el “firmamento poético”. Aunque yo preferiría hablar de la “topografía poética”: menos azul, más irregular. Lo que puedo decir es que Inventarios mínimos representa de algún modo una ruptura con mi trabajo anterior. Se trata de un libro más sobrio, en el que intento jugar con otras formas, con poemas breves, con el  poema en prosa y el metro del haiku, por ejemplo. Es mi búsqueda a través de los meandros de la vida cotidiana, un modesto aporte crítico a nuestro zeitgeist.

2. Dice usted que Inventarios mínimos es una ruptura con su poesía anterior. ¿En qué radica su poesía anterior que la diferencia de este nuevo poemario?

Mi poesía anterior estaba marcada por una mayor presencia de figuras e imágenes retóricas, y respondía más a una idea rítmica y musical del lenguaje (aunque en este hay más verso blanco). Además, construía poemas extensos porque conscientemente utilizaba formas y tonos más cercanos a la solemnidad de la elegía o incluso de la épica. Sin embargo, en los libros anteriores ya hay algunos poemas que variaban esos matices y se adentraban en un lenguaje más directo. Esas variantes estéticas se pueden notar en dos poemas muy dispares que vienen en La múltiple forma del delirio: “El bolero de Abaddón” y “Fijeza de los trenes”. Asimismo, en La condena tenemos el texto “Poeta”, de carácter épico y el texto “Libros”, que es más bien una reflexión irónica sobre la lectura y la poesía. También hay poemas breves en todos mis libros anteriores, pero como te digo, su presencia es menor.

Hecha esta salvedad, una diferencia bastante notoria con mi trabajo previo es que en Inventarios mínimos hay una carga narrativa-descriptiva que se superpone al lirismo y a la solemnidad en casi en todo el libro. De igual forma, el hablante se desplaza hacia la tercera persona, lo cual permite un alejamiento. Esto se nota tanto en los poemas en prosa como en los poemas en verso. Por ello, de alguna manera se pueden interpretar las siete partes en que está dividido el poemario como si fuese una historia. Algo así como “la vida de…” o “un día en la vida de…”. En ese aspecto el alejamiento, esa voz en tercera persona, me ha permitido paradójicamente construir mi obra más “personal”, en un esfuerzo por trascender la anécdota y la afectividad inmediata hacia una sensibilidad más colectiva.

Imagen3. Hacer rupturas de forma y contenido en la literatura, pero básicamente en la poesía, es un proceso delicado que puede llevarse muchos años, entre la maduración creativa y la personal ¿Cuántos versos han pasado por debajo de su último libro La condena hasta Inventarios mínimos?

El conjunto de poemas que conforma La múltiple forma del delirio y La condena se escribió entre 1995 y el 2002, con un proceso de revisión hasta el 2009, año en el que ambos fueron publicados. Inventarios mínimos fue escrito y revisado entre el 2007 y el 2012, así que hay un traslape entre la escritura del último y la revisión y publicación de los dos anteriores. Todo esto en una época de acontecimientos importantes en mi vida: cambio de trabajo y de domicilio, matrimonio y muerte de mi padre. Si a esto sumamos que en mi libro anterior, como dije antes, ya había atisbos de lo que ofrece Inventarios…, diríamos que no fue una ruptura absoluta, de la noche a la mañana, sino parte de todo ese proceso de maduración. Muchos poemas fueron quedando en el camino, y me consuelo en la idea de que efectivamente este libro refleja una nueva etapa. De hecho, en una breve nota introductoria a La condena, anunciaba esa obra como una transición. Espero haber superado esa transición y estar colocado en otro sector del espectro. Para mí era necesario. Ahora vuelvo a sentir que cierro un ciclo, y estoy seguro de que no volveré a publicar un libro de poesía en varios años, porque es importante desintoxicarse un poco y replantearse las cosas. Uno no puede estar siempre haciendo lo mismo y del mismo modo.

4. Hablemos un poco de su lado como crítico. Tiene un ensayo titulado La herida oculta, un análisis del discurso amoroso y del discurso poético a partir de un poema de Octavio Paz, por quien usted profesa una gran admiración; y recientemente otro libro que en lo personal considero muy valioso, Retratos de una generación imposible. ¿Se siente cómodo haciendo este tipo de trabajos críticos, o prefiere escribir poesía, o editar la poesía de otros?

Los dos libros que mencionás me gustan mucho. Como te decía antes, uno no puede estar haciendo lo mismo y del mismo modo. Me gusta escribir ensayos, artículos y críticas y quiero seguir haciéndolo. La herida oculta nace de mi tesis de maestría, y en cuanto a temas y obsesiones, si se quiere, es el equivalente ensayístico de mis libros de poesía. La obra gira en torno a las nociones de ética y de estética de Octavio Paz -escritor fundamental- y su poema “Carta de creencia”. Igual que aquellos el libro está construido con textos que vienen desde 1994 hasta el 2005, y como tesis es algo heterodoxa, sobre todo en el primer capítulo, que es más una especie de argumento lírico o invención retórica que un estudio académico.

Luego está Retratos de una generación imposible, una muestra de poetas costarricenses nacidos entre 1966 y 1977, con obra publicada a partir de 1990. Este trabajo es quizá el que más elogios ha despertado. Me imagino que esto se debe a que en él no hay poemas míos (risas). Me siento muy apegado a él porque aparte de permitirme escoger mis poemas favoritos de autores que considero destacados, explora una época de mi juventud, cuando daba mis primeros pasos en el medio literario costarricense y conocí a muchas personas con las que hoy me une la amistad o la poesía, o ambas en algunos casos.

En ese sentido, pues sí, me apasiona editar, me gusta trabajar con los textos de otros autores. No voy a negar que uno siente satisfacción y agradece cuando un escritor se te acerca para pedirte consejo, para que evalués su obra, para que la revisés o directamente para que intervengás en ella. Eso lo hago con todo gusto aunque me falte tiempo. Es el trabajo editorial una suerte de bricolaje, de selección y armado en el que me siento muy cómodo.

Sin embargo, es una labor que se ha descuidado en Costa Rica. Lo he expresado tal cual: aquí no hay cultura editorial. Las editoriales no le prestan suficiente atención a las funciones de los editores, es más, pocas veces se sabe realmente en qué consisten estas funciones. Y digo funciones porque hay diferentes tipos de edición y por tanto diferentes tipos de editor, aunque sea la misma persona quien las realice.

5. La mayoría de sus libros y trabajos poéticos y críticos han sido publicados en la EUNED. ¿Cree usted en la fidelidad de un escritor con su sello editorial?

Con la excepción de mi primer libro, que fue autofinanciado, y de La múltiple forma del delirio, publicado por la editorial de la Universidad de Costa Rica, efectivamente el resto de mi obra forma parte del catálogo de la Euned. Sin embargo, no estoy seguro de que “fidelidad” sea el término adecuado, pues implica una especie de compromiso moral o legal. En todo caso, la fidelidad es más un accidente o una escogencia que una imposición, igual que en un matrimonio, es decir, no depende de uno solo, sino de las dos partes de la relación. Con el tiempo, casi que por azar, una editorial adopta a un escritor y un escritor adopta a dicha editorial, en una especie de relación simbiótica. Un autor puede sentirse agradecido con aquella editorial que le ha abierto las puertas y lo ha apoyado. En mi caso es eso, gratitud hacia esta editorial. Lo que no es válido es que un trabajo se encasille de acuerdo con la editorial que lo publica. Eso es un mero prejuicio y no un juicio razonado de la obra.

Por otro lado, así como muchos se quejan de que las editoriales estatales o universitarias les cierran las puertas, a mí me ha pasado a la inversa, porque he querido publicar con editoriales independientes pero no ha sido posible. Como ves, no es mi culpa que algunos digan que soy un “poeta oficial” (risas). Quizá debería escribir diferente ¿no? Miralo así: luego de un par de rechazos, cuando más alejado estaba del medio literario y editorial, cuando menos lo imaginaba o lo esperaba, resulta que Las fábulas del olvido gana como libro del año de la Euned en 2003 y es publicado en una edición de lujo. Imaginate. Luego, mi siguiente libro, La múltiple forma del delirio, lo presenté a la editorial de la UCR, la cual también lo acogió en su sello, pero no quedé satisfecho con la edición. En parte por eso los que vinieron después también los sometí al criterio de la Euned y como se ve fueron aceptados. Además, me gusta el tipo de papel que usa esta editorial para la poesía, por mencionar un detalle, y con Inventarios mínimos por primera vez me siento bastante complacido por la portada, por la tipografía y por el formato.

Inventarios mínimos tiene un costo de 3.000 colones y está a la venta en Libros Duluoz (Barrio Amón). En las próximas semanas también podrá adquirirse en la librería de la UCR (San Pedro) y en las librerías de la UNED en todo el país.

Texto originalmente publicado en Literofilia. Fotografía: Esteban Chinchilla.

1 comentario

Quién diría que él también iba a terminar en 89db junto al buen Gucumatz.... Felicidades por el libro!

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Empezó: 20 Jun 2008
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