Lado B.
Dicho lo dicho por quien habló con propiedad de la música (Lado A), entrémole a otros detalles complementarios del Festival de Música Nacional. Vuelta al disco y vámonos.

El Festival de Música Nacional fue un éxito redondo. Tal es nuestro punto de partida. Se reportan más de 24.000 asistentes pagando su entrada (no me consta, había muchísimos menos cuando estuve ahí). Se cumplió con los horarios a partir de una pulida y eficiente mecánica impropia dentro de nuestras fronteras. Se presentaron, además, todos los grupos sin inconveniente alguno, incluyendo a Casco Obligatorio, ganador del infame concurso del que ya hablamos demasiado (y hablaremos un poco más). Los muchachos tuvieron diez minutos de exposición masiva que, asumimos, era lo que buscaban. Bien por ellos.
Hay mucho por destacar pero me parece que lo más importante es que tanto los asistentes como los artistas quedaron más que satisfechos. Quienes fueron regresaron a casa (en su gran mayoría) contentos y emocionados. Quienes tocaron, terminaron, casi todos, eufóricos. Basta leer lo que publicaron Sight of Emptiness y Edín Solís para darse una idea.

Cada uno de nosotros habría armado una alineación diferente si de autocomplacernos se tratara. Pero ojo, el chivo no está orientado a una persona, sino a tantas como sea posible y ahí es donde creo que la selección se sostiene bastante bien. De los 28 artistas acreditados a mí, por ejemplo, me matiza uno solo. ¿Me puedo considerar decepcionado? No, en absoluto: están casi todos los que tienen que estar dadas las características del evento.
Esto no era un "lo mejor de Costa Rica" tanto como un "lo más popular de Costa Rica" y tenemos que entender que eso está bien. Esta fue, en todo caso, una lista escogida a dedo por la organización (de acuerdo a los criterios que ellos habrán fijado) y desde ese punto de vista no hay nada que reclamar pues no le debían un favor a nadie.

No me gusta la idea de un músico tocando con un cronómetro a la par. Para nada. Entiendo que era la única forma de evitar abusos, pero no deja de ser desagradable. Tampoco me gustó el tiempo dado a cada agrupación, 20 minutos me remite más a un show de variedades que a un concierto.
Sin embargo, a pesar de que la dinámica expuesta no fue mi favorita, es menester apuntar que no solo funcionó como se había anunciado (sin atrasos, sin contratiempos, sin problemas) sino que a la mayoría de la asistencia la gustó. He prestado particular atención a las impresiones de quienes fueron y al parecer disfrutaron de la idea.

Costa Rica tiene mainstream. Tal vez siempre lo hemos sabido pero de alguna forma este festival lo reafirmó.
El "gran público" del "rock nacional" existe. En general se trata de una persona muy joven (que lamentablemente suele abandonar el barco al crecer) que consume VM Latino y 40 Principales y que rara vez pasa por 89dB a leer algo sobre sus grupos favoritos. Esto está bien. Quiero decir, este no es un espacio donde alguien que escribe: ""percanse.. los amoo encerioo... me mato x uds... SON LO MEJOR... lo mejor d la tiierraaa" se sienta particularmente cómodo. Sí amigos, estamos viejos.
Creo que es sano, justo y necesario que tengamos diferentes audiencias y diferentes contrapesos porque a partir de este movimiento masivo (por ejemplo) surgen también otros, los alternativos: música menos interesante para las masas pero igualmente valiosa. Bienvenida sea entonces la variedad; en río revuelto ganancia de pescadores.

Existe un aura generalizada de embriagante triunfo. Yo hago un llamado a la cautela: tampoco creo que todo haya sido perfecto (y estoy seguro de que la organización coincide). Los grupos, pletóricos, se desviven en elogios, como si estuvieran haciendo campaña política para una futura invitación. Quien los lee piensa que el estadio se estaba cayendo: no fue así.
Ese llenazo que vamos a ver el domingo por la odiada Shakira no lo vimos el sábado; ni por asomo. Se presentaban casi 30 artistas... la publicidad fue masiva... y la entrada era, literalmente regalada. Aun así los claros en la gradería y la gramilla mientras se presentaba el mismísimo Evolución fueron más que evidentes, contundentes. No caigamos entonces en la demagogia ni salgamos con que el que discrepa serrucha, estuve ahí y lo vi con dos mis corneas recién operadas.
Evidentemente lo que describo no me causa ninguna satisfacción, habría sido magnífico ver el lugar a reventar, pero eso simplemente no sucedió. Entonces... ¿por qué las mismas bandas venden esa idea? Yo no le encuentro sentido... Señores, el chivo fue un éxito muy a pesar de que la gente no se estaba cayendo de las graderías.
Si no se tocó frente a un Nacional lleno no importa, no hace falta apuntar tan alto. Sin ir muy lejos... ¿cuántas veces les han pagado por interpretar su música y les han puesto una tarima de ese calibre para compartirla?

La mayoría de los asistentes coincide en que el sonido fue pura crema. Seré sincero: yo abandoné el recinto porque al menos donde yo estaba, se lo percibía muy, muy, pero muy mal. Estamos aprendiendo sí, el Estadio Nacional es nuevo, pero me pregunto si el domingo la mezcla de Shakira sonará así en la misma ubicación. Ya les contaré.
Ojo: no apunto a restar méritos, sino a sumar argumentos a un debate que hasta ahora me parece ha estado en exceso desaforado hacia el equipo local, como si recién hubiéramos visto la final de México 70 cuando en realidad fue la de EUA 94, intensa, emotiva, pero tampoco brillante. ¿Igual se disfrutó o no?
Me dicen que en la noche el sonido mejoró, qué bien. Yo tengo claro que trabajaron los mejores y nadie tiene más experiencia, sencillamente durante el tiempo que estuve en el recinto y en la ubicación en la que me coloqué aquello fue doloroso. Me alegra (en serio) que esta sea una percepción minoritaria.

Alguien tiene que decirlo: Taco Bell no pagó $70.000 porque le importe o le interese la música. No podemos ser tan inocentes. Duele ver a decenas de grupos jóvenes pegados del wall de los burritos en Facebook "agradeciendo la oportunidad". Despertemos. En la vida se han interesado y si brincaron ahora fue simple y sencillamente porque este era un evento masivo de asistencia asegurada y de saludable exposición mediática.
Esto no quiere decir que debemos rehusar los patrocinios: nos ayudan a crecer (don dinero, eres el mero mero). Pero, hemos de recibirlos con cautela e independencia; no se puede tapar el sol con una papa frita: no perdamos nuestro derecho a ejercer el pensamiento crítico. No perdamos nuestra independencia porque la música, como el arte, no nació para ser condicionada.
Resultó doloroso ver a todo tipo de bandas (de cochera y de no cochera...) echando a mano el cuchillo de Rambo para destazarse por 10 minutos de toque como si aquello representara un triunfo. La relevancia, cuando se la fabrica así, no paga la cena espiritual del artista. ¿Hasta dónde llevaremos nuestros sueños? ¿Habremos de someterlos a un reality show en el afán de alcanzarlos?
El concurso fue nefasto y aunque se premió al ganador queda la duda de si alguien realmente aprendió algo. Lo mínimo que se podía ofrecer a los músicos era respeto: esto no se dio. Lo peor es que ellos tampoco lo exigieron, no les importó. Un reglamento confuso, un procedimiento errático y un final lamentable (las bandas ni siquiera sabían cómo se elegiría al ganador). ¿Esto nos parece oportuno? Jamás. Es reprochable.
A falta de pan, tortillas, ¡pero nunca migajas! 

Lo dicho: este no era un chivo para todos, era un chivo para la mayoría. ¿Y qué? De pronto yo no estaba muy interesado en el Festival pero... ¿acaso no tengo opciones personalizadas todas las semanas? Las tengo. ¿Me hace falta ver a mis grupos favoritos en un marco "esplendoroso"? En lo más mínimo.
Nadie es más que nadie por tocar o no tocar en el "coloso". Nada ganan los grupos de la periferia con enjachar a los que se encaraman banderas de Costa Rica y cantan la Patriótica para satisfacer a la canalla. Si Pato quiere recurrir a un gastadísimo (porque lo es) discurso antipolíticos... ¡pues que lo haga! Ese es su show y a la muchachada le encanta.
Hay que tenerlo claro: este público en particular no quiere escuchar a Deznuke tocando un cover de Hormigas en la Pared (bravó muchachos, eso es tener bolas). Le da igual. Quiere escuchar "Profanar", no una, sino dos veces. Quiere que Gandhi cierre el concierto con "El Otro Gol", aunque los mismos Gandhi sepan que son mucho más que ese tema y que el referido himno no fue más que una (efectiva, sin duda) concesión comercial. Y está bien.
Cada quien liga como quiere, guaro pa' todos sobra. Así, si las bandas desean celebrar ser "la primera en tocar en el Estadio" o "la primera en armar un moshpit" o "la primera en alunizar" pues... avanti!, cada loco con su tema.
Nosotros, por nuestro lado, preferimos salir. Sentados en un bar cercano, nos encontramos con uno de los hombres que construyó esta casa, quien, curiosamente, también había optado por marcharse. Junto a otra figurilla de la escena, departimos una tarde y noche cuyo tema de conversación central fue, precisamente, la escena local: lo que fue, lo que es, lo que será. Para ser franco lo disfrutamos tanto como disfrutaron ustedes del concierto.
Queda mucho por hablar pero ya habrá otras oportunidades. Por ahora solo puedo decir que espero que ambos eventos se repitan; el concierto y la mesa de frescos. De una u otra manera a todos echamos pa'lante porque nos interesa lo mismo: darle a la música nacional el lugar que merece. Sea en un estadio o en un pequeño bar, opciones nos sobran; solo hay que salir a buscarlas.
Fotos: Amalgama (Facebook del grupo). Sigh*t of Emptiness (Facebook del grupo, Tomás Solano). Mechas (Facebook La Nación, Alonso Tenorio). Niño con camiseta de Deznuke (Facebook Red Cultura). Deznuke en vivo (Raquel Montalvo). Gandhi en vivo (Facebook del grupo). "Beat Bell Challenge" (Facebook Taco Bell). Time's Forgotten en vivo (Facebook del grupo).



























