No se ofenda usted con el título. No digo nada nuevo, ¿cierto? Ricardo La Volpe la puso en el ángulo cuando preguntó si nos creíamos Alemania o Inglaterra después de sorprenderse con una afición que silbaba a su equipo a los 15 minutos del partido.
El hombre no lo podía creer: los ticos querían golear a China pero tampoco querían jugar con el equipo B. ¿Entonces? Jugaba mal la Sele pero jugaba peor el aficionado que si quiere sentirse Alemán tiene todavía mucho que aprender de los teutones.
No, no somos Alemania o Inglaterra. No lo hemos ganado todo, en realidad no hemos ganado nada. Mejor es asumirnos y entendernos no como el país más feliz del mundo, sino como uno pequeño, limitado, pintoresco y apenas en (complicadas) vías de desarrollo.
¡¿Cómo vamos a ser Inglaterra si antes de que iniciara el partido de futbol los baños ya estaban taqueados y rayados?! "Venga papi, tómese una foto con papi (di pero que es esto, ¡doble papi!) mientras mami sale del baño". Señor, ¿de verdad no se le ocurre un lugar más apropiado? Salgo huyendo y el mercado me saluda: Pague el precio justo: ₡2.000. Óigame, ¡ni un cinco más por ese vaso de Coca Light! "Llévela fría, sin hielo" dice el hombre de la simpática camiseta con el eslogan socialista de la gaseosa imperialista.

De vuelta a mi asiento saludo a un joven con una bella camiseta de "Tibet Libre" poco antes de que tome la palabra el excelentísimo Premio Nobel de la Paz, quien no resiste la tentación de hablar de su tema favorito: "yo". Hombre, que noche desafortunada la tuya: no solo la Sele salió silbada. Pero que no panda el cúnico patrón, cortamos la cinta en conjunto con cuarenta y siete personas más y colocamos la plaquita del caso: Arias Sánchez for ever.
De vuelta a mi asiento saludo a un joven con una bella camiseta de "Tibet Libre"...La sorpresa la pone la señora Presidente de la República, quien arrancó los aplausos no más poner pie en bola, si acaso por la percepción que se le ha endosado de niña rebelde desde que engalanó la banda presidencial con su porte firme y honesto. Fórmula para el recuerdo país: papi nos pavimenta la entrada al Gobierno + después le sacamos la lengua = el pueblo nos ama.
Esta noche, sin embargo; tregua política y señorío, no del hombre que si acaso la alzó a ver, sino de la mujer que derrochó elegancia o humor negro, usted escoja: cuando se trata de política vienen siendo lo mismo. Nuestra líder se dio gusto poniendo por todo lo alto a Osquitar, quien sentado en su trono distante recuperó entonces la sonrisa que el respetable recién le había robado. Las cámaras, por supuesto, aliadas eternas, lo buscaban a él. En sus adentros los fuegos artificiales ya habían iniciado... "La pantalla gigante es mía.... ¡MÍA!".

Han terminado los discursos después de que el delegado asiático hiciera de las suyas y el público finalmente se emociona: ¡que venga el espectáculo! Tras una sobria y notable interpretación de la Patriótica Costarricense a cargo de Guadalupe González las luces se apagan... el suspenso nos invade... y zas... un grupo de niños rodea el círculo de la media cancha. ¿Qué irán a hacer Dios mío? ¿Saldrá acaso Debi Nova volando por los aires? ¿Aterrizará desde lo más alto en el centro de la cancha? ¿Surgirá una plataforma desde las entrañas del césped?
¿Saldrá acaso Debi Nova volando por los aires? Por supuesto que no. Sonrientes y vitoreados, los pequeños agitan en total desincronía sus brazos mientras entonan en playback el himno del estadio (con resultados igualmente dispares). Ahí lo tenemos: lo que preparó nuestro país resultó muy propio y representativo de... lo que podía preparar. Nada del otro mundo, más bien, algo muy de este, del nuestro, del Macondo Lizano Thompson Rodríguez.
Este es un grito de celebración. OEA. OEA. ¿Cómo alegar que aquello es poca cosa? ¡Sería acusarnos a nosotros mismos de serlo! ¿Será que en el fondo... lo somos? ¿Será que tenemos el chip autocomplaciente de nacimiento? Laura puede decir una y mil veces que esta gran estructura debe inspirarnos a grandes gestas pero nosotros no somos capaces de sincronizar ni los semáforos de la Avenida Segunda: ¡mucho menos de levantar un estadio como este! La magnífica obra nos lo tuvo que regalar China porque aquí no podemos siquiera marcar la cancha sin meter las patas. ¿¡Plop!?

Mientras los niños corrían a entregar un ramo de flores a uno de los obreros chinos la voz oficial de la inauguración pedía que recordaramos a Liu Hong Bin, el trabajador chino que falleció durante la construcción de "¡ESTA! ¡¡NUESTRA NUEVA CASA!!". Menuda bipolaridad la del locutor: nos llevó de lo lúgubre a lo eufórico en un microsegundo.
De seguido, el muy emotivo (y algo limitado) video rindiendo homenaje a las figuras históricas del deporte nacional. En lo que el hombre del micrófono iba presentando a los que fueron invitados... la cámara iba mostrando a cualquier otro individuo. "¡Gérman Chavarría! ¡Mundialista de Italia 90!" y en la pantalla un Roger Flores acongojado y confundido...
A pesar de los destrames técnicos el audiovisual fue uno de los puntos altos de la noche. Las glorias pasadas del deporte fueron aplaudidas y los héroes recientes (Hanna Gabriel, Nery Brenes) ovacionados. Entonces, un momento irónico, polo y tico por igual: corre video de Medford en Italia'90 y el estadio que escucha resonar el primer grito de gol de su historia (me dicen que a mí se me aguaron los ojos y se me erizaron hasta las gónodas, pero ante ustedes todo lo negaré).

Llegó la China. Mark Zuckerberg (o bien, Jesse Eisenberg) dice al inicio de la película hit del verano que hay más personas con cociente intelectual grado "genio" en el país asiático que población total en EUA. Vale, el dato es exagerado (Estados Unidos tiene más de 300.000.000 de habitantes) pero si hubiese hecho la comparación con Costa Rica sin duda acertaba...
Los chinos podrían habernos enviado al último lugar de su Bailando por un Sueño que de todos modos nos habría impresionado, especialmente tomando en cuenta que "somos un pequeño ruiseñor que da sus primeros cantos" (Óscar y sus metáforas...). El "águila milenaria" hizo entonces las delicias de los 35.000 espectadores, particularmente con la siempre impresionante presentación de "Los mil brazos de Buda".
Apareció entonces Federico Miranda, quien tuvo el momento más Floyd de su vida gracias al juego de luces y pólvora que acompañó un medley de sonidos autóctonos (que llaman), el Himno Nacional, la Patriótica, el "Otro Gol" (i kid), un solo de Hendrix y toda la escuela de Gilmour que muy bien le conocemos. Como resultado evidente, medio país se fue en el trip orgásmico de su vida mientras el hombre de seguro pensaba que el chivo que dará con Gandhi el sábado (en otro acto de inauguración) no podría ser más que caquita de calamar a la par de lo que en ese instante estaba viviendo:
Vibró el "coloso" y se preparó entonces la fanaticada para el gran partido de la noche. Este es un grito de celebración. OEEEA. OEEEEA.... Para nosotros la jornada llegaba a su fin: nos vinieron a sacar de inmediato pues por un lado la organización nos invitó y por otro la Federación nos echó (estábamos advertidos del incomprensible gesto). Sin embargo, tiquicia siempre será tiquicia y cuando ya emprendíamos caminata digna a casa topamos con que eramos los únicos periodistas (o seres humanos, para los efectos) abandonando el recinto. ¡Joder, la falta de malicia indígena!
Por un lado la organización nos invitó y por otro la Federación nos echó.Un barbudo colega de profesión nos giró saludables instrucciones: "mae, todo el mundo lo está viendo de pie aquí, recostado a la pared". Como yo soy bueno para seguir órdenes pero mejor para seguir consejos me planté ahí mismo con una sonrisa a flor de pichel con el fin de brindar mi sonoro aplauso a Rolando Fonseca (el autor acusa un infantil amor por el balompié que no piensa abandonar por más que los intelectuales vomiten úlceras).

Disfrutamos así del mismo mediocre partido que vio todo el país... Yo me quedé esperando a Rolando que solo entraría finalmente para jugar 10 miserables minutos antes de despedirse para siempre de nosotros... o no. Muy a tono con un evento marcado por lo coloquial, el hombre anunció que este no sería su retiro, que seguirá jugando (es evidente que para algunos Osquitar es una verdadera fuente de inspiración).
Yo, que celebré los dos goles patrios como si fuera el niño que a los 9 lloró viendo a Claudio Jara dejar más helada todavía a toda Escocia, me vi formando parte orgullosa de esa masa inoperante que somos los ticos. Uno más adorando el estadio al que La Volpe, ni lerdo ni perezoso, ya le hizo la cruz no más estrenarlo... joder, ¡si no nos costó nada! ¡vamos todos de vuelta al Sapri!
Pensé entonces que esta es una tierra donde realmente todo es posible. Solo a nosotros nos regalan un estadio con una pantalla más grande que la provincia de Alajuela para que la estrenemos sin colocar ni siquiera el tiempo de juego... y con dos logos diminutos tomados directamente de 1976. Solo nosotros estrenamos un estadio más caro que toda nuestra red vial cambiando el marcador del partido a patica, con el cursor del mouse completamente visible sobre el número 1. Clic. Ahora sí, ¡2-2!
Porque sí, solo a nosotros nos meten el gol al último minuto en la que se suponía era nuestra gran fiesta. Lo vacilón es que los que terminaron abrazándose eufóricos fueron más bien los chinos... Por algo será. 

Sentido agradecimiento a Casa Presidencial por proveer la foto de los cortacintas y de las niñas de las mil manos desde su cuenta de Flickr. Todas las otras fotos son de José Campos Rojas, cerebro detrás de nuestro portal hermano ArtStudioMagazine y quien recientemente presentó "Estadio Nacional: Metamorfosis de un ícono", ya disponible en librerías.





Yo estaba en un bar y a huevo me samparon el 7. Como comunicadora debo decir que eso fue un sancocho y que al menos Diego pudo ver en vivo a un confundido Róger FLores. La prole en casita vio sólo tomas aéreas. Y en general cuentan las malas lenguas que la producción (televisiva y logística) en todo sentido quedó corta. 






























