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Not In This Lifetime: Un sueño imposible haciéndose real

Blog de la comunidad

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En la mañana del 13 de julio del 2016, hubo un cambio en la página de Guns N' Roses: se añadieron fechas de su nueva gira Not In This LIfetime (que había empezado el 8 abril, sorprendiendo a los gunners que desesperanzados de un reencuentro brincaban de la alegría) ¿Nuevas fechas? Como muchos de los ticos no me emocioné mucho, ya que, siendo sinceros, no habían posibilidades de que una de las bandas más significativas de la historia se fijara en un lugar como Costa Rica.

Todo iba en calma, algo tristes por ver tantas fechas, hasta que apareció un anuncio que dejó a la mitad de Costa Rica sin aliento: "Guns N' Roses anuncia concierto en Costa Rica" decía el encabezado de La Nación. ¡Era imposible! Admito que creí que era una broma de mal gusto así que entré a la página de la banda para encontrarme con una fecha más: "26 De Noviembre, 7:00pm, Estadio Nacional. San José, Costa Rica".

Mis ojos se llenaron de lágrimas y una sonrisa inmensa irrumpió en mi rostro. Mi primera reacción fue enviárselo a mi mejor amiga, la que me metió en esta bronca. Solo me respondió: "Vamos a ir", lo cuál solo hizo que las lágrimas de felicidad se transformaran en lágrimas de tristeza; jamás me iban a dejar ir a un concierto y menos de rock. Le comenté a mi hermano, con quien escuchaba rock de niña, sin esperar mucho con eso pero me sorprendió su respuesta: estaba tan emocionado como yo.

Semanas después, el 19 de agosto anunciaron los precios y lo primero que hice fue enviárselos a mi hermano y rogarle que fuéramos, que viera lo baratas que estaban las entradas y miles de cosas más.

Todo era un completo estrés. Mi mejor amiga ya tenía la entrada y mi hermano no me decía nada, ni sí ni no. Llegó un momento en que me resigné a tener que oirlo por radio o esperar a que ella me contara. En medio de mi tristeza ella solo me repetía "Es nuestro sueño, de ambas, y lo vamos a cumplir juntas ok? Si usted no va, yo no voy." Aunque sus palabras eran lindas, no ayudaban mucho.

El 4 de octubre en horas de la tarde estaba en mi computadora, haciendo nada, oyendo música, cuando a mi teléfono llegó un mensaje. Era de mi hermano. Lo abrí sin mucha emoción para toparme con una imagen descargandose. No, no podía ser...

¡Pero sí! Era una foto de nuestras entradas. Era real, iba a ir. Se me salió un grito y salté hacia la sala, donde estaba mi mamá. Ella solo me miraba preocupada pues estaba pálida y temblaba mientras lloraba, me preguntó "¿Qué pasó?" a lo que respondí enseñandole mi celular, "¿Qué es?" me dijo algo confundida y con una sonrisa le dije entre lágrimas "¡Las entradas, mi entrada!" Ella solo se rió y me dijo "sabía que su hermano no iba a perder el chance".

Días después mi hermano trajo las entradas y al verlas lloré de nuevo, faltaba tan poco para el gran día y yo estaría ahí.

Pasó el tiempo y ya era 25 de noviembre, faltaba un día y yo no estaba emocionada, solo estaba tranquila. A muchos les parecía extraño que yo estuviera tan seria ante el sueño de mi vida.

El 26 de noviembre a las 11:40 a.m. ya estaba tomando el bus junto a mi mejor amiga y otro amigo. Al llegar a San José nos separamos y fui al trabajo de mi hermano.

De la 1 de la tarde hasta las 3:40 fue un estrés: retrasos, presas, problemas, hasta que llegamos a la fila. Solo diez minutos después entramos al estadio y cuando estuve dentro una emoción increíble paso por todo mi cuerpo: era real.

A las 6:00 saalió Gandhi a escena. Pocas personas sabían sus canciones y muchas personas esperabamos a Guns. A las 6:30 empezaron a montar las cosas de Guns y ese silencio maldito ponía nerviosas a las 35.000 personas que estabamos ahí. Yo empezaba a sentirme mal, aún creía que era una broma de mal gusto a pesar de que estaba ahí, frente al escenario. Creía que no iban a salir a escena ya que era imposible que una tica de 14 años pudiera ver a una de las bandas más icónicas del rock.

A las 7:30 se oyó un rugido de león y todos gritabamos emocionados. Había llegado la hora soñada. La música de la Warner Bros. ensordecía y luego de unos segundos de silencio una voz gritó "San José, From Hollywood, Guns N' Roses!" y la intro de “It's So Easy” sonaba en la guitarra del señor Saul Hudson y daba inicio al concierto más grande en la historia de Costa Rica.

No recuerdo mucho más que un "You know where the fuck you are?" que enloqueció a la multitud, un solo de 6 minutos seguido de una bella “Sweet Child O' Mine”, una “Estranged” ambientada con una fría lluvia de noviembre que permitía ver delfines saltando por el escenario, un piano emergiendo del suelo y un “November Rain” que hizo brotar miles de lágrimas, un “Knockin On Heaven's Door” dedicado a los fallecidos del huracán Otto y un “Paradise City” que daba cierre a un momento que muchos veíamos como una fantasía imaginaria que nunca se cumpliría.

Para ser sincera, a los veinte minutos del concierto me sentía exhausta y me costaba mucho manteneme en pie pero esas siete personas, esos siete músicos, esas tres leyendas que han acariciado mi mente desde que nací me dieron la fuerza para mantenerme en pie; una fuerza sobrehumana impulsada por esa sonrisa de Axl Rose, por la guitarra de Slash, por el bajo de Duff McKagan, la batería de Frank Ferrer, la guitarra de Richard Fortus y los teclados de Melissa Reese y Dizzy Reed.

Tal vez para muchos solo soy una exagerada; era un concierto cualquiera. Pero escuché a una señora decir entre lágrimas "Llevo 30 años esperando por esto" mientras yo abrazaba a mi hermano y llorando le gritaba entre el ruido "¡Gracias!". Vi como miles de personas lloraban de felicidad, vi como una adolescente de 15 años que he decido llamar mi mejor amiga me pedía llorando que quería escuchara “November Rain” abrazada a mí, vi como un señor panameño de unos 60 años gritaba que había valido la pena, vi como 35.000 personas cantaban a coro con Axl Rose. Vi como miles de corazones latían al ritmo de la batería, vi como personas de todas las edades se reunieron en un estadio para disfrutar a un clásico del rock.

Esto no fue un simple concierto. Fue un sueño cumplido para muchos; fue un rayo de esperanza para los gunners de Costa Rica; fue una noche mágica donde pasó algo que desde hace veinte años veíamos imposible. Para mí, fue el mejor día de mi vida.

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