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Wislawa Szimborska en 7 poemas

Blog de la comunidad

Las opiniones emitidas en este blog pertenecen a su autor y son independientes del contenido editorial de 89decibeles.

De Buenos Aires decía Borges: “me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas”. Yo digo que Wisława Szymborska me gusta tanto que quisiera poder compartirla con todo el mundo.

Se ha dicho que el humor y la ironía son temas recurrentes en ella. No es cierto; estos dos elementos son casi inherentes a su poesía pero no son un tema en sí mismos. Szymborska no hace un chiste por el chiste ni una burla por la burla… no cae en esos facilismos. Tampoco es cierto que su poesía es “aparentemente” sencilla: ¡es sencilla sin más! Pues pareciera que hay un temor en ciertos círculos de aceptar que un poema puede ser de calidad y encerrar cuestiones profundas si no es difícil de entender o de plano incomprensible para la mayoría de la gente. Ella, magistralmente, los contradice.

Claro; siete poemas no son suficientes para mostrar por completo la visión sencilla y profunda que del mundo tenía esta polaca, o, por lo menos, la que verso tras verso nos deja apreciar su yo lírico. Sin embargo, he hecho una selección de aquellos que a mí parecer mejor deshilvanan siete grandes temas presentes en toda su obra y que han enriquecido un poquito mi perspectiva de la vida: ¿qué otra cosa si no buscamos en el arte?

1. LA DUDA. Puedo imaginar que cuando a una sorprendida septuagenaria se le notificaba en su disimulada casa de Cracovia (ciudad en la que vivía desde los ocho años y en la que vivió hasta su muerte) que era acreedora del más prestigioso galardón literario del mundo, una de sus primeras preocupaciones fue qué decir ante aquellos más de mil encorbatados señores y entaconadas señoras que asistirían a la solemne ceremonia en que ella debía dar su Discurso de Aceptación del Nobel. Lo que dijo entonces, después de sacar la risa de los asistentes con la primera frase (Dicen que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase. Bueno, pues ya la dije.), fue lo mismo que ha repetido hasta el cansancio en su poesía: “no sé”.

Debía hablar precisamente de poesía, y sin embargo tres años antes, en 1993, se publicaba un poema suyo que cerraba con estos versos: “pero ¿qué es la poesía? / Más de una insegura respuesta / se ha dado a esta pregunta. / Y yo no sé, y sigo sin saber, y a esto me aferro / como a un oportuno pasamanos.” [A algunos les gusta la poesía].

Pero en Szymborska estas dos pequeñas palabras más que un muro infranqueable que limite al ser humano, son las bases para la búsqueda de la verdad y para ampliar las dimensiones del universo que habitamos, y por eso afirma que “si Isaac Newton no se hubiera dicho “no sé”, las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas.” [El poeta y el mundo: Discurso de Aceptación del Premio Nobel].

De todas formas, no deja escapar cierta tristeza por tantas cosas que nunca sabremos, limitados por una fecha de nacimiento y otra de muerte o por los límites de nuestra razón y lo inabarcable del tiempo. Así deja ver su impotencia cuando dice “Ya nunca sabré / qué pensaba de mí A. / Si B. llegó a perdonarme de verdad.” [ABC] o cuando nos cuenta que ha “hecho una lista de preguntas, / cuyas respuestas ya no alcanzaré a saber, / porque es demasiado pronto para ello, / o porque seré incapaz de entenderlas.” ["Lista"].

A pesar de eso, cree que la incertidumbre es más hermosa que la seguridad y la certeza, pues hay más de poético en lo primero que en lo segundo. Imagina, por ejemplo, a esos amantes que piensan que su amor fue a primera vista pero no sospechan cuántas veces se han cruzado antes sus vidas: “¿No habrá revoloteado / una hoja de un hombro a otro / hace tres años / o incluso el último martes?” [Amor a primera vista], y siente curiosidad por esas personas que “ponen el sello en las verdades absolutas”, incluso a veces las envidia, pero “afortunadamente se me pasa.” [Hay quienes].

FALTA DE ATENCIÓN

Ayer me porté mal con el cosmos.

Viví todo el día sin preguntar por nada,

sin sorprenderme de nada.

 

Realicé acciones cotidianas,

como si fuera lo único que tenía que hacer.

Aspirar, espirar, un paso tras otro, obligaciones,

pero sin pensamientos que fueran más allá

de salir de casa y volver a casa.

 

El mundo podría ser tenido por un mundo loco

y yo lo tuve para mi propio y trivial uso.

 

Ningún cómo, ningún por qué,

o de dónde ha salido éste,

o para qué quiere tantos impacientes detalles.

Fui como un clavo superficialmente clavado a la pared,

o

(aquí una comparación que no se me ha ocurrido).

 

Uno tras otro se fueron sucediendo cambios

incluso en el limitado campo de un abrir y cerrar de ojos.

 

En la mesa más joven, con una mano un día más joven

había pan de ayer cortado de forma distinta.

 

Las nubes como nunca y la lluvia como nunca,

porque era con otras gotas que llovía.

 

La Tierra giraba sobre su eje

pero en un espacio abandonado para siempre.

 

Duró sus buenas 24 horas.

1.440 minutos de ocasiones.

86.400 segundos que mirar.

 

El cósmico savoir-vivre

aunque calla sobre nuestro asunto,

exige, sin embargo, algo de nosotros:

una cierta atención, un par de frases de Pascal

y una sorprendente participación en este juego

de reglas desconocidas.

2. WHAT IF. Bastaba observar la juguetona sonrisa de esta mujer para darse cuenta de que a pesar de sus arrugas fue siempre una niña inquieta con una imaginación desbordante. Quizá por eso muchos de sus versos tratan historias contrafactuales  o aterradoramente posibles que nos hacen reír, asustarnos o plantearnos seriamente que el hecho de estar aquí, en este momento, leyendo estas líneas, aunque Nietzsche diga otra cosa, es una suerte irrepetible y digna de ser celebrada con al menos un hondo respiro y un vistazo a través de las ventanas.

Del Efecto Mariposa se desprende que con una sola hoja que no haya caído de un árbol como lo hizo ayer, o un solo movimiento que no hubiese hecho algún lejano antepasado como lo hizo hace miles de años, el mundo sería totalmente diferente o un poco diferente, “es decir, también totalmente diferente” [Las cartas de los difuntos]. Vistas desde esta perspectiva las cosas, no es dramática su afirmación de que “en mí late, desbocado, tu corazón.” [Acaso], si la sucesión de eventos de esta mañana nos permiten, por un pelo,  reunirnos de nuevo en la noche con nuestros seres queridos.

No todo es de vida o muerte: la imaginación de Wisława puede también hacernos reflexionar sobre qué es nuestro universo más allá de sus límites solo sospechados; “¿Y si todo esto / sucede en un laboratorio? / ¿Bajo solo una lámpara de día / y miles de millones por la noche?” [¿Y si todo esto?], puede ponernos en una situación incómoda al plantarnos frente a nuestro yo adolescente; “Somos tan diferentes, / pensamos y decimos cosas tan distintas.” [Adolescente], e incluso divertirnos con la idea de que la naturaleza cuenta con una provisión limitada de rostros que reutiliza una y otra vez; “Igual te cruzas con Arquímedes en jeans, / Catalina la Grande con ropa de rebajas, / un faraón con gafas y maletín.” [Pensamientos que me asaltan en calles transitadas]. El ejercicio del “what if” ofrece posibilidades infinitas de entretenimiento.

AUSENCIA

Faltó poco

y mi madre podría haberse casado

con el señor Zbigmiew B de Zdumska Wola.

 

Y si hubieran tenido una hija, no habría sido yo.

Quizás habría tenido mejor memoria para los nombres y las caras,

y para las melodías oídas una sola vez.

Habría reconocido sin problemas qué pájaro era cada cual.

Habría tenido unas notas fantásticas de

Física y de Química,

peores de Lengua,

pero habría escrito a escondidas poemas

de entrada mucho más interesantes que los míos.

 

Faltó poco

y mi padre podía haberse casado en ese mismo momento

con la señorita Sadwiga R. de Zakopane.

 

Y si hubieran tenido una hija no hubiera sido yo.

Quizás habría sido más terca en lo de salirse con la suya.

Y se habría lanzado sin temor a aguas profundas,

capaz de abandonarse a emociones gregarias.

Vista permanentemente en varios lugares al mismo tiempo,

pero rara vez entre libros,

más a menudo en la calle jugando a la pelota con los chicos.

 

Quizás se hubieran encontrado ambas

en la misma escuela, en la misma clase.

Pero no habrían sido amigas, no habrían tenido ningún parentesco,

y en las fotos de grupo estarían lejos una de otra.

 

Niñas, pónganse ahí

– habría dicho el fotógrafo-

las más bajas delante, las más altas detrás.

Y sonrían cuando les dé la señal.

Pero cuenten antes

si están todas.

– Sí señor, estamos todas.

3. LOS ANIMALES. Tal vez el interés poético de Szimborska por los animales no es más que una excusa para reflexionar desde un mejor ángulo sobre la condición humana. Tal vez no. Quiero pensar (y lo hago) que hay en ella una sincera atracción por entender el mundo de estos maravillosos seres, y que lo anterior no es más que un dichoso efecto colateral de sus poemas.

¿Cómo si no pueden interpretarse las reflexiones de un gato que espera en su apartamento con ansias el regreso de su amo? Su amo que ha muerto. La persona que se encarga ahora de alimentarlo no se detiene a explicarle a un gato que ha sido separado de su amigo a la fuerza y el abandonado animal planea hacer un par de reclamos cuando su dueño aparezca; “¡Ay, cuando él regrese, / ay, cuando aparezca! / Se enterará de que ésas no son maneras / de tratar a un gato.” [Un gato en un piso vacío].

Por otro lado, la sensibilidad de Wisława analiza lo que significan algunos eventos para los animales en contraposición  a nosotros; “los animales no fallecen, simplemente se mueren", [Visto desde arriba], cavila irónicamente sobre el cadáver de un escarabajo en un sendero. Susceptible a sus penurias, no comprende tampoco por qué aplaudía la gente con las piruetas de los animales de un circo, aún cuando la mano que los obligaba a realizarlas, “un látigo más larga, / proyectaba una afilada sombra en la arena.” [Los animales del circo], lo que es una clara oposición a los espectáculos circenses que los involucran.

A pesar de estas desventajas suyas frente a la crueldad humana, los animales conservan una envidiable conciencia limpia, libre de culpas y remordimientos, de la que los humanos carecemos casi siempre: una leona en persecución de una gacela aprovecha un tropezón de esta para atraparla, y “a la pregunta de quién es el culpable, / nada, sólo silencio.” [Acontecimiento]. Y por eso; “de cien kilos es el corazón de la orca, / pero no le pesa” [Elogio de la mala conciencia de uno mismo].

MONÓLOGO DE UN PERRO ATRAPADO EN LA HISTORIA

Hay perros de perros. Yo era uno de los elegidos.

Mis papeles estaban en regla y por mis venas corría

sangre de lobos.

 

Vivía en las alturas y aspiraba el olor de los paisajes:

praderas asoleadas, abetos después de la lluvia

y pedazos de tierra bajo la nieve.

 

Tenía una casa decente y había gente pendiente de mí.

Me alimentaban, me bañaban, me acicalaban,

y daba estupendos paseos.

Respetuosamente, sin embargo, comme il faut.

Todos sabían muy bien de quién era perro yo.

Hasta el más pinche gozque puede tener un amo.

Pero, ojo, cuidado con las comparaciones.

Mi amo era de raza aparte.

 

La espléndida manada seguía cada paso que daba

y fijaba en él los ojos con asombrado pavor.

Para mí siempre esbozaban una sonrisa

tras la cual se vislumbraba una envidia mal disimulada.

Como yo era el único que podía

saludarlo con ágiles brinquitos,

sólo yo podía despedirlo mordiéndole los pantalones.

Sólo a mí me estaba permitido

recibir caricias y reburujes

cuando tenía mi cabeza en su canto.

Yo era el único que podía fingir sueño

mientras él se inclinaba hacia mí para susurrarme algo.

 

Con frecuencia se encolerizaba y trataba a la gente

a los gritos.

Gruñía, ladraba y no cabía

entre las paredes del recinto.

Sospecho que yo era el único que de veras le gustaba;

nadie más, nunca.

 

También tenía mis responsabilidades: esperaba

y confiaba,

ya que él aparecía brevemente y luego se esfumaba.

 

Qué hacía allá abajo en las llanuras, no lo sé.

Supuse, sí, que debía de ser urgente,

casi tan urgente

como mi batalla contra los gatos

y contra cualquier cosa que se moviera sin razón

aparente.

 

Hay destinos de destinos. El mío cambió de repente.

Vino una primavera

y él ya no estaba.

En casa todo se puso patas arriba.

Maletas, cofres, baúles embutidos en automóviles.

Las llantas chirriando a toda velocidad cuesta abajo

y, luego, silencio tras la curva.

En la terraza trozos y escombros en llamas,

camisas pardas, brazaletes con emblemas negros,

y toneladas y toneladas de cartones machacados

desbordantes de estandartes inútiles.

 

Me vi a la deriva en medio de esta vorágine,

más asombrado que irritado.

Sentí miradas poco amigables sobre mi pelambre,

como si fuera un perro sin amo,

un zaguate fisgón

al que espantan escaleras abajo con una escoba.

 

Alguien arrancó mi collar con adornos de plata,

alguien pateó mi plato, vacío durante días.

Luego alguien más, antes de alejarse,

se apeó del carro

y me pegó un par de tiros.

 

Ni siquiera sabía disparar derecho,

pues me vi moribundo durante largo tiempo,

en medio del dolor,

a merced del zumbido impertinente de las moscas.

Yo, el perro de mi amo.

4. LOS SUEÑOS. No es extraño que una persona tan curiosa como Szymborska aborde tantas veces este proceso casi mágico de nuestras mentes: ella adora los sueños por el abanico casi ilimitado de posibilidades que suponen y no puede llevar a cabo cuando está despierta: pintar como Van Delft, conducir un auto, ser virtuosa al piano o despegar del suelo: “Floto en el aire como se debe, / es decir, por mí misma.” [Alabanza a los sueños].

No quiere decir esto que los prefiera a la realidad. Podemos disfrutar de los sueños conscientes de que afuera hay un mundo tan vasto y tan desconocido como ellos, pero más firme y duradero, menos equívoco y ambiguo, en ocasiones más cruel y que en ocasiones nos salva de las pesadillas: ¡Qué alivio despertar y comprobar que eso tan horrible solo fue un sueño!; “La realidad no tiene que temerle al olvido. / Es un hueso duro de roer” [La realidad].

Lo que más le interesa de los sueños es la reunión con los muertos. ¿Cuántos muertos cargaba Wisława Szymborska un segundo antes de fallecer a los 88 años mientras dormía? Seguro que muchos. ¿Se reunió con alguno de ellos por última vez esa noche? Imposible saberlo, pero sí que lo hizo en otras ocasiones, gracias a que de vez en cuando, el azar amablemente “a nuestros muertos cercanos / nos los pone en los sueños” [A todos alguna vez]. Tales eventos cautivan especialmente su interés, y quienes guardamos como algo invaluable los sueños con nuestros muertos sabemos entenderla. “¿En qué circunstancias sueñas con los muertos? / ¿Piensas en ellos antes de dormir? / ¿Quién aparece primero? / ¿Es siempre el mismo? / ¿Nombre? ¿Apellido? ¿Cementerio? ¿Fecha de defunción? / ¿En nombre de qué acuden?” [Compincheos con los muertos].

POR FIN LA MEMORIA

Por fin la memoria encontró lo que buscaba.

Me halló a la madre, me dejó ver al padre.

Para ellos soñé una mesa, dos sillas. Se sentaron.

De nuevo me eran míos, de nuevo me vivían.

Las dos luciérnagas de sus rostros en el crepúsculo

relucían como posando para Rembrandt.

 

Sólo ahora puedo contar

por cuántos sueños vagaron, de los pies

de cuántas aglomeraciones los saqué,

cuántas veces me agonizaron entre los brazos.

Si eran podados, rebrotaban torcidos.

El absurdo los obligaba a una mascarada.

Y qué, si ello no podía dolerles fuera de mí,

si es que en mí les dolía.

La soñada chusma escuchaba como llamaban "mamá"

a algo que piando daba saltitos en una rama.

Y hubo risas de que mi padre luciera un lacito en el pelo.

De la vergüenza solía despertarme.

 

Y bien, por fin,

una noche corriente

de un viernes ordinario a un sábado,

tal como los quería, de pronto se me aparecieron.

Soñados, mas como liberados de los sueños,

dóciles sólo a sí y a nada más.

En el fondo de la imagen fenecían todas las posibilidades,

los accidentes carecían de la forma necesaria.

 

Solo ellos resplandecían hermosos, como ellos mismos.

Se me aparecieron largo, largo tiempo y felizmente.

 

Desperté. Abrí los ojos.

Y palpé este mundo como un marco entallado.

5. LA INDIFERENCIA DEL UNIVERSO. ¿Les ha pasado que se topan con una lectura, película o canción en la que el protagonista está triste y se le desgaja un aguacero en la coronilla, como si el planeta se ocupara de consentir nuestros estados de ánimo? Por supuesto que así no funciona el mundo, y la obra de Szymborska se encarga de recordárnoslo.

En el que es quizá mi poema favorito suyo, la escritora le comunica a su amado fallecido que está consciente de que la primavera volverá de nuevo como cada año, de que hay un lago tan hermoso como antes y una vista tan deslumbrante como siempre que otro par de enamorados podrán apreciar, y les desea sinceramente que disfruten la estación venidera; “comprendo que mi tristeza / no frenará la hierba” [Despedida de un paisaje], afirma. La naturaleza no se detiene a analizar lo que significa para nosotros la muerte; le da igual secar una rama que arrancarnos un hijo; “Nos cuesta reconocer que es un acto banal, / unido al transcurso de los hechos, / de acuerdo con los procedimientos; / antes o después a la orden del día, / de la tarde, de la noche o del pálido amanecer; / y evidente como un dato en un registro, / como un apartado en un código, / como una fecha cualquiera / en el calendario.” [A todos alguna vez].

Tampoco tiene la naturaleza la misma curiosidad por su alrededor que embarga a los seres humanos: no le importa a las estrellas qué es un planeta, ni al agua por qué corre hacia el mar, ni a las plantas porque nosotros no echamos raíces; “cómo contestar a preguntas nunca hechas, / si además se es alguien / para vosotras tan nadie.” [El silencio de la plantas].

Esto tiene sus ventajas: Szymborska analiza que por esta misma condición de sernos el mundo tan ajeno, no tiene necesidad de ajustarse a tantas leyes, convenciones y formalismos nuestros. Por ejemplo; “Las fronteras de las naciones humanas ¡qué permeables son! / ¡Cuántas nubes pasan impunemente flotando sobre ellas, / cuánta arena del desierto se desliza de uno a otro país,” [Salmo]. Hay que aceptarlo: a la vida le importa poco nuestra suerte, nuestras reglas y nuestras cuitas.

PAISAJE CON GRANO DE ARENA

Lo llamamos grano de arena.

Pero él no se llama a sí mismo ni grano ni arena.

Prescinde de nombre

común, individual,

fugaz, duradero,

erróneo o adecuado.

 

Indiferente a nuestra mirada, al tacto.

No se siente ni visto ni tocado.

Y si cae en el alféizar de la ventana

la vivencia es nuestra, no suya.

A él tanto le da donde caer

sin la certeza de estar cayendo

o de haber caído ya.

 

Desde la ventana hay una bella vista sobre el lago,

pero esta vista no es capaz de verse a sí misma.

Incolora, informe,

inaudible, inodora

e indolora vive en este mundo.

 

El fondo del lago nunca toca el fondo,

sus orillas no tienen orillas.

Sus aguas no se mojan ni tampoco se secan.

Las olas no se sienten singulares ni plurales.

 

Susurran sordas a su susurro

entre piedras ni pequeñas ni grandes.

Y todo sucede bajo un cielo de por sí inceleste,

donde el sol se pone sin ponerse nunca

y sin ocultarse se oculta tras una nube inconsciente,

que el viento alborota por el mero impulso

de soplar.

 

Transcurre un segundo.

Otro segundo.

Un tercer segundo.

Pero son sólo nuestros tres segundos.

 

El tiempo ha volado cual mensajero con una noticia urgente.

Pero sólo es un símil por nosotros elaborado.

Personaje inventado, atribuida la prisa,

inhumana la noticia.

6. LOS INSTANTES. ¿Todo tiempo pasado fue mejor? No para Szymborska. Ella es de las que piensan que el mejor tiempo es este: el presente y único que existe. Por eso le reclama a su memoria su insistencia por arrastrarla al pasado; “Quiere que viva ya sólo con ella y para ella. / De preferencia en una habitación oscura y cerrada, / y en mis planes hay siempre un sol presente, / nubes actuales, caminos en curso.” [Mi difícil vida con la memoria]. Y el futuro es moneda al aire.

Esta postura es esencial en su modo de entender la poesía, pues considera que el instante es la base para la creación del poema, ya que “basta que /cualquier cosa / envuelta en palabras / susurre, brille, / vuele, flote…” [De hecho cualquier poema] para crear belleza. Wisława no comprende otra forma de apropiarse del mundo más que como una colección de instantes tan efímeros como continuos: somos dueños de aquello que contemplamos únicamente y lo perdemos un segundo después; “Imposible ni de una brizna retener / una imagen completa. / Un saludo y un adiós / en una sola mirada.” [Elegía turística].

Cada uno de ellos es irrepetible, lo cual es una lástima en muchas ocasiones pero los hace también especiales; no podemos estar en presencia de todos e incluso los dejamos perderse en medio del trajín de las actividades cotidianas. Uno de estos instantes que la poeta lamenta desperdiciar es el alba de cada día desplegando su magia: las cosas recuperan su forma de entre la oscuridad y los colores regresan lentamente pero nosotros casi nunca lo advertimos: estamos durmiendo; “Muy rara vez me sorprende, y debería. / Suelo despertarme como testigo tardío, / cuando el milagro está ya hecho, / el día establecido / y lo alboreante magistralmente transformado en matinal.” [Hora temprana]. Igual problema presentan las nubes; “Con la descripción de las nubes / debería darme mucha prisa, / en una milésima de segundo / dejan de ser ésas y empiezan a ser otras.” [Las nubes], y por supuesto que este irrepetirse de las cosas afecta nuestra talento en el arte de vivir; “Nada sucede dos veces / y es lo que determina / que nazcamos sin destreza / y muramos sin rutina.” [Nada dos veces]. No hay tiempo para aburrirse entre tantos momentos, al alcance de un parpadeo.

NO REQUIERE TÍTULO

Ocurre que estoy sentada bajo un árbol,

a la orilla del río,

en una mañana soleada.

Es un suceso banal

que no pasará a la historia.

No son batallas ni pactos

cuyas causas se investigan,

ni ningún tiranicidio digno de ser recordado.

 

Y sin embargo estoy sentada junto al río, es un hecho.

Y puesto que estoy aquí,

tengo que haber venido de algún lado

y antes

haber estado en muchos otros sitios,

exactamente igual que los descubridores

antes de subir a cubierta.

 

El instante más fugaz también tiene su pasado,

su viernes antes del sábado,

su mayo antes de junio.

Y son tan reales sus horizontes

como los de los prismáticos de los estrategas.

 

El árbol es un álamo que hace mucho echó raíces.

El río es el Raba, que fluye desde hace siglos.

No fue ayer cuando el sendero

se formó entre los arbustos.

El viento, para disipar las nubes

antes tuvo que traerlas.

 

Y aunque no sucede nada en los alrededores,

el mundo no es más pobre en sus detalles,

ni está peor justificado ni menos definido

que en la época de las grandes migraciones.

 

No sólo a las conjuras acompaña el silencio.

Ni sólo a los monarcas un séquito de causas.

Y pueden ser redondos no sólo los aniversarios,

sino también las piedras solemnes de la orilla.

 

Complejo y denso es el bordado de las circunstancias.

Tejido de hormigas en la hierba.

Hierba cosida a la tierra.

Diseño de olas en el que se enhebra un tallo.

 

Por alguna causa yo estoy aquí y miro.

Sobre mi cabeza una mariposa blanca aletea en el aire

con unas alas que son solamente suyas,

y una sombra sobrevuela mis manos,

no otra, no la de cualquiera, sino su propia sombra.

 

Ante hechos semejantes me abandona la certeza

de que lo importante

es más importante que lo que no importa.

7. ENTRE EL BLANCO Y EL NEGRO: LA HUMANIDAD. Las pocas entrevistas que concedió a la prensa son pequeñas joyas que nos permiten acercarnos un poco más a su vida a pesar de que advertía a sus entrevistadores de que “primero, no me gusta hablar de poesía. Segundo, no me gusta hablar de Wisława Szymborska, es decir, de mí. Tercero, no me gusta hablar de política.” [Las 2 orillas]. Sin embargo, en una de ellas declaró lo que puede resumir este gran tema de su poesía en pocas palabras, cuando afirma que “El mundo es cruel, pero merece también otros calificativos más compasivos. Si únicamente fuera cruel, la gente hace mucho tiempo que no estaría aquí.” [El País].

Eso es precisamente lo que Szymborska comprende cuando en su tercer poemario reniega del dogmatismo político presente en los dos primeros y escribe al Hombre de las Nieves un llamado para que vuelva a nosotros; “Yeti, entre nosotros / no sólo existe el crimen. / Yeti, no todas las palabras condenan a muerte. / Heredamos la esperanza, / y el perdón; regalo del olvido. / Mira cómo damos a luz / niños entre las ruinas. / Yeti, tenemos a Shakespeare. / Yeti, tocamos el violín.” [Notas de una expedición no realizada a los Himalayas].

Wisłaswa comprende a las personas como seres complejos, capaces algunos de actos horribles, y otros de infinitas noblezas; “Veintisiete huesos, / treinta y cinco músculos, / unas dos mil células nerviosas / en cada una de las yemas de nuestros cinco dedos. / Es absolutamente suficiente / para escribir Mein Kampf / o Winnie the Pooh.” [La mano], y lo que puede causarnos tanto terror como asombro: la sensibilidad y la frialdad en una misma persona: “Se pasan los días pensando / cómo matar por matar, / y a cuántos matar para matar muchos. / Fuera de eso comen con apetito, / rezan, se lavan los pies, dan de comer a los pájaros…” [Terroristas].

Así las cosas, su decisión es amar la vida como se muestra, con sus contradicciones y debilidades o a pesar de ellas. No es cinismo ni indiferencia, sino valentía: una mujer que fue testigo de la Segunda Guerra mundial y vivió a 70 kilómetros de Auschwitz no puede hacerse la despistada del episodio más vergonzoso y atroz de la historia moderna y muchos de sus poemas repudian este y otros terribles sucesos: “Campamento de hambre en Jaslo”, “Todavia”, “Busco la palabra”, “El odio”, “El ocaso del siglo”… son solo algunos de los que nos recuerdan que hay mundo por mejorar y no imitar nunca. Pero hay algo asombroso en nosotros que nos mantiene aquí: nos sacudimos el polvo y nos levantamos de entre los escombros. Cada vez que acaba una guerra alguien se pone a limpiar, alguien arrastra una viga para apuntalar un muro, alguien reconstruye puentes y estaciones; “Eso de fotogénico tiene poco / y requiere años. / Todas las cámaras se han ido ya / a otra guerra.” [Fin y principio], porque a los noticieros no les interesan los nacimientos de cada día sino los asesinatos,  y está bien que así sea porque para progresar se deben señalar errores y no ensoberbecernos de los logros, pero hay que tener claro que la realidad va más allá de la página de sucesos. ¿O acaso se nos olvida que “Donde estaba Hiroshima / de nuevo está Hiroshima / y se siguen produciendo / objetos de uso cotidiano.” [La realidad exige]?

BAILE

Mientras no se sepa aún algo seguro,

pues no nos llegan todavía señales,

 

mientras la Tierra siga siendo diferente

a los planetas hasta ahora cercanos y lejanos,

 

mientras no se diga ni se escuche nada

sobre otras hierbas honradas por el viento,

sobre otros árboles ceñidos por coronas,

sobre otros animales comprobados como aquí,

 

mientras no haya un eco, además del nativo,

que sea capaz de entrecortar palabras,

 

mientras no haya noticia

de peores o mejores mozarts,

edisons, platones,

 

mientras nuestros crímenes

puedan rivalizar solo entre sí,

 

mientras nuestra bondad

siga sin parecerse a nada

y siendo excepcional hasta en su imperfección,

 

mientras nuestras cabezas llenas de ilusiones

se consideren las únicas cabezas llenas de ilusiones,

 

mientras sólo desde la bóveda de nuestras bocas

pueda ponerse un grito en el cielo,

 

sintámonos huéspedes de este refugio,

distinguidos y extraordinarios,

bailemos al son de la banda local

 

y hagamos como si éste fuera

el baile de los bailes.

 

No sé si para otros,

para mí esto es del todo suficiente

para ser feliz e infeliz:

 

un rincón modesto,

en el que las estrellas den las buenas noches

y hacia el que parpadeen

sin mayor significado.

 

Bibliografía. Ayén, X. (6 de Octubre de 2013). Las 2 orillas. Obtenido de Las 2 orillas: http://www.las2orillas.co/entrevista-con-wislawa-szymborska-otra-nobel-p...

Marcos, J. R. (5 de Diciembre de 2009). Pequellos detalles de Szymborska. El País .