Imagen de Anónimo

Login


Complejidad Irrelevante

Blog de la comunidad

Las opiniones emitidas en este blog pertenecen a su autor y son independientes del contenido editorial de 89decibeles.

Era una tarde cualquiera de un día tan bueno como cualquier otro. Estaba leyendo en el balcón con un vaso de vino puesto en el borde. Alcé la mirada por encima del libro mientras lo sostenía con el dedo pulgar en medio y miré una mosca caer dentro del vaso.

Era una mosca torpe, tenía unos ojos que parecían unos lentes de oficial de tránsito, revoleteaba intentando salir del vaso. Lo único que logró fue aterrizar de espalda en el vino.

Sentí mucho odio hacia la mosca, había arruinado un perfecto vaso de vino; acides medium plus, viscosidad medium plus, seco, con un sutil sabor a manzana verde podrida, lirio podrido, piedra caliza caliente, carbón y una ligera presencia de roble.

Volviendo a la cuestión de la mosca, consiente de que no iba a lograr escapar un final trágico contemplé como luchaba por salir, esperaba atento a que diera su último respiro y muriera antes de servir más vino. Había pasado tan solo un minuto que me hizo pensar por qué si el tiempo siempre pasa igual a veces un minuto se siente tan eterno.

Continué viendo la mosca desperdiciar sus últimos momentos de vida intentando salir, resistiéndose a la muerte, entre más lo intentaba más energía gastaba. Parecía inconsciente de que no tenía oportunidad de salir por si sola. Mientras la contemplaba ahogándose pensé que todos estamos juntos en esto, atrapados en la misma mierda. Andando de un lugar al otro. Que complejidad tan irrelevante. Nunca nos preguntaron si queríamos estar aquí, no tuvimos voz ni voto en el proceso de decisión como si fuéramos parte de un experimento.

Recordé momentos en mi vida en los que me sentí como esa mosca, atrapado, tratando infructuosamente de tener la mente en blanco por un día, esperando compasión, salvación o una oportunidad de redención en esta alcantarilla flotante en la que la existencia una vez incluso se sintió como si el mismo Jesús H. Cristo en persona me ordenara: “póngase los tobillos detrás de las orejas”, y sin vaselina, sin si quiera un escupitajo, nada, ni un aviso para poder respirar profundo, tomó mi ano virgen por el tiempo que quizo para luego sacarla, llegar al climax sobre mis tetas y finalmente dejarme moribundo sobre una cama de clavos herrumbrados.

Quisiera cambiar de lugar con la mosca, pensé, ponerle fin a esta vida absurda. De todas maneras ya lo dijo Chuck Palahniuk: “En un tiempo suficiente, el índice de supervivencia para todos se reduce a cero.”

Que hermosa manera de morir, ahogado en un vaso de cabernet sauvignon. No tener que volver a participar en una conversación sin sentido, no tener que preocuparme si es martes o jueves el día que pasa el camión de la basura, participar en la rutina, todos yendo a sus trabajos, repitiendo lo mismo todos los días, dóciles, como en un rebaño.

Tomé el vaso y con cuidado lo vacié, la mosca pudo ponerse sobre sus patas y con su rostro como un dibujo confuso se fue volando en la primera dirección, de verdad no creo que haya elegido esa dirección por ninguna razón, que tiene una mosca que tomar en cuenta para decidir un rumbo? Supongo que solo estaba feliz de agregarle un momento más a su vida efímera. No creo que tuviera ningún lugar en el que estar a ninguna hora. La verdad es que no tengo la mínima idea de la consmovisión y metafísica de una mosca.

Serví más vino en el vaso, cabernet sauvignon. No todo era tan malo después de todo, solo que algunas cosas son más bien como un tipo de muerte.

Más en https://dejaloquetemate.wordpress.com