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Princesa

Blog de la comunidad

Las opiniones emitidas en este blog pertenecen a su autor y son independientes del contenido editorial de 89decibeles.

“…le dice mientras cepilla el pelo de su princesa”.

Me suena el teléfono. Un whatsapp me cuenta que el control político de hoy se va a usar para hablar sobre el Día Internacional de la Mujer. Bloqueo el celular y me vuelvo a concentrar en el pleito que tenía con el colocho rebelde, al que sigo sin poder peinar bien.

-Pri, ¿por qué se celebra el día internacional de la mujer?- me pregunta Meli mientras la estoy peinando.

“Para que la humanidad recuerde lo atroz que puede llegar a ser cuando no quiere reconocer derechos…”- pienso – Gorda quédese quedita. Yo no sé peinar colochos… - contesto. En ese tema no tengo ni versión oficial y 9 años no es edad para que le hable a alguien de gente a la que quemaron viva.

Meli guarda silencio y arruga la cara cuando le jalo un colocho con la misma fuerza con la que peinaría mi pelo lacio.

-Mami va a salir hoy con Dario…- me dice con el asco habitual con el que habla siempre de él.

-¿Y vos con quien te vas a quedar, enana?- le pregunto mientras me echo más crema para peinar en la mano a ver si logro algo...

-Con la abuelita, mae ¿con quién más?- me suelta.

-No diga “mae”- la reprendo.

-Usted solo habla de “mae”…- me reclama.

-Pero yo tengo 23, no 9. Ahora, porfa, quédese quedita para ver si la logro peinar a tiempo pa’ que llegue a la escuela.

La noticia de la salida con ese tipo le llegó a mi prima por un mensaje de texto. La misma manera en que él cortó a mi tía el mes pasado porque no le gustó como ella le planchó una camisa que se iba a poner para ir un sábado a un bar. Ella lloró como una bebé toda la noche e hizo EL show en medio de una fiesta familiar y Melissa se molestó muchísimo por eso… o bueno no, por eso no, lo que le molestó, de hecho, fue que luego de que a él se le bajara la borrachera, porque ese sábado seguía subido en la que se había montado desde el jueves, le mandó flores, le dijo que la amaba y volvieron. Y luego la semana siguiente la volvió a cortar de nuevo, cuando se volvió a jumar, esta vez en honor a su exmujer. Y mi tía de nuevo lloró y lloró y lloró, noche tras noche, caray, noche tras noche y a penas a él se le bajó a guarera, volvieron a volver.

-Es que yo eso no lo veo tan malo, Jimena, él actúa así por el guaro, pero cuando está sobrio es muy lindo conmigo…- se excusó mi tía con mi mamá, mientras ponía otra vez en Facebook que tenían un relación.

Meli se queda callada y taciturna bajo el peine de mis manos y se deja de quejar cuando le jalo los nudos.

-No se agüeve por eso, mama, no le haga caso, aquí nos tiene a todos nosotros y aquí está la abuela para que se venga con ella cuando no quiera estar sola…- le digo para tratar de animarla.

-Es mi mamá, Pri, y la abuela solo me recuerda las cosas feas que ese tipo le hace a mami y lo tonta que es ella por dejarse y eso a mí no me gusta- me contesta mientras los ojitos se le vuelven a humedecer.

Me muerdo el labio. Me destroza el corazón verla llorar, pero tiene razón. Mi abuelita es un sol, para todos los nietos ha sido una segunda madre pero hay que pararla a tiempo y mi tía no la paró por andar demasiado ocupada parándosela al novio ese que tiene.

La británica Andrea Finney señalaba en una de sus obras sobre la violencia doméstica publicado hace unos años atrás, que aunque no hay aún estudios que arrojen datos exactos al respecto, hay certeza entre los teóricos del tema en que el abuso de licor es común entre los maltratadores ya que los arranques de ira que terminan en agresión generalmente siempre llevan un par de “tapis” de más de por medio.

¿Quieren pruebas? ¿Se acuerdan en el Mundial del año pasado cuando la Selección tica le ganó a Uruguay y empezamos el glorioso camino hacia cuartos de final? Bueno, ese día mientras todos estábamos en La Hispanidad o en las interminables filas de los AMPM’s esperando para comprar birras y brindar por la salud de la mamá de Joel Campbell, 1895 mujeres llamaron al 9-1-1 a denunciar que su pareja había celebrado pegándoles.

Sucede también que la palabra “agresión” y la palabra “violencia” suelen ser satanizadas por todo el mundo y que el 80% del tiempo nos da miedo usarlas porque la cultura popular lleva un tiempo algo prologando ya, creyendo que tu pareja te agrede sólo cuando te pega o te mata.

Pero no, Sabina Deza en un artículo de 2013 señaló que la violencia es todo aquello que alguien que se creer superior a vos hace contigo a partir de la idea de poderío que tiene sobre tu persona y que la violencia familiar, lejos de referir sólo a cuando te dejan los ojos morados, engloba también cuando agrede psicológica o sexualmente, obligándote a tener sexo y/o practicar cosas que no te gustan, cuando se te quita de encima y se va a dormir sin preocuparse por si vos también disfrutaste o cuando te hace llorar como un bebé sólo porque decidió tomar de más.

-Voy a ir por un cepillo ma, yo con este pelo no puedo…- Tiro el peine sobre la cama y salgo del cuarto con un “es que usted no sabe peinarme” detrás de mío.

“Tú no, princesa, tú no. Tú eres distinta”.

Bajo a la sala de camino al cuarto de Mel a buscar un cepillo que funcione y veo a mi abuelita refunfuñada en un sillón.

-¿Le falta mucho con la chiquita?- me pregunta de mal modo.

-Espero que no ¿por qué?

-Porque su abuelo no quiere irla a dejar a la escuela porque dice que ya se acostó y que yo no sé qué más… ¡Ese hijo’e puta viejo que no sirve para nada…!- se queja enojadísima.

-¿Le volvió a gritar?

-Como siempre, Priscilla ¿usted qué otra cosa espera?- me reprocha mirando con cólera al gato, como si él tuviera la culpa.

¿Cómo esperar otra cosa? Cierto. Son 50 años de lo mismo y los últimos 10 disfrazados de un “por lo menos ya no toma” que es lo que nos deja a todos dormir en la noche. Me le quedo viendo a los ojos y me pregunto cómo hacerle caso a las críticas que tan duro le tira a mi tía si ella es igual y me doy cuenta de dónde es que salió mi tía: de ver de ejemplo a una mujer que aguantó borrachera tras borrachera y humillación tras humillación durante 50 años, amparándose nada más en los hijos que en algún momento no supo ni cómo mantener porque toda la plata se iba en el guaro.

¿Saben por qué el círculo de violencia se llama “círculo”? Porque como señaló Samuel Roy en 1977, el 81% de quienes están inmersos en estos tipos de agresiones, sean quienes agreden o quienes permitan que les agredan, aprendieron esas conductas en su círculo familiar, siendo víctimas u observando a victimarios.

“Pero por lo menos ya no toma…”, me digo a mí misma mientras vuelvo al cuarto donde Melissa me espera igual de despeinada que antes, frente al espejo.

“No eres como las demás chicas del barrio”.

-Pri, la llamó Diana- me dice mi primita pasándome el teléfono.

-Ok, dame un toque.

Desbloqueo el teléfono. Marco el número. Ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, ti, suena con cada número marcado. Nana me contesta, echa un mar de lágrimas. Johan le volvió a fallar este mes con la plata de la chiquita y no tiene para pagar la guardería. Le digo, quizá por costumbre, que le meta la pensión y me dice que no, que le da miedo, que es una playada, que solo hay que darle un poquito más de tiempo… Le recuerdo que este es el quinto mes consecutivo que hace lo mismo y que le apuesto que si nos metemos al perfil de la nueva novia del tipo, nos vamos a encontrar, de nuevo, hermosas fotos de la playa. Pero es inútil, ella todavía lo ama.

Somos amigas desde los 14 años y cuando la conocí ya era novia de Johan, así que cuando nos dijo que estaba embarazada y que se uniría al 20% de los embarazos costarricenses que se producen en mujeres de 12 a 19 años, según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), a nadie le extrañó, como tampoco nos extrañó que la chiquita no tuviera absolutamente nada de no planeada… por ella, por lo menos, el mae no creo que tuviera ganas de andar en estas.

La dependencia también es violencia, se llama violencia económica y es por eso que Gloria Valerín luchó hasta que se cansó por obligar a los tipos a pagarles pensión a las mujeres que les parieran hijos. Pero para salir de este eso la mujer tiene que ir y exigir la pensión y es lo que esta chica, que aún hoy me habla de autores de feminismo que se sabe de memoria, no logra hacer.

La dependencia económica, de hecho, es otro factor que Deza mencionaba en su estudio como un propulsor que aumenta las posibilidades de que una mujer aguante maltratos si esos maltratos provienen del salario del tipo gracias al cual sus hijos comen. Eso le pasa a Angie, una chica que era muy amiga mía en el cole y cuya historia es tan horrible que no mencionaré en este relato.

5 minutos después de oír y oír a Diana hablar, le cuelgo. Además de que me aturde un poco y me parece una completa pérdida de tiempo el estarla oyendo, Melissa tiene que estar peinada rápido o sino mi abuelo no la va a ir a dejar a la escuela.

“Tú eres la rosa que fue a nacer entre cardos como revancha a un arrabal despiadado en donde el día se ocupa de echar por tierra toda esperanza”.

-Pri ¿por qué usted no volvió a aquellas reuniones políticas a la que iba antes?- me pregunta Meli de la nada, mientras vuelvo a la batalla campal con su cabello.

“¿Por qué dejé la política?” pienso “A ver, porque no llevaba ni un mes en ese mundillo cuando un gordo asqueroso (¡perdón! “Padre de la Patria”) me faltó asquerosamente el respeto y me hizo salir huyendo”.

-¡Uffff! ¡Mae, usted sí hace preguntas difíciles!- responde de nuevo la versión oficial.

-¡Ve! ¡Usted dice “mae”! ¿¿Por qué yo no puedo??- me reclama.

La diputada de la Unidad Social Cristiana (PUSC), Rosibel Ramos, mencionará esta tarde, mientras yo esté oyendo la transmisión en vivo de la Asamblea en medio de un presón en La Uruca, que un 80% de las mujeres que han trabajado alguna vez en la función pública han sufrido de acoso o de hostigamiento sexual alguna vez en la vida, respondiéndole sin saber a mi primita, porque no volví a ir a “las reuniones esas” de política, a las que no faltaba jamás en un pasado remoto.

Mel quiere ser periodista deportiva cuando sea grande. Me asusta sólo pensarlo. Me asusta pensarla entrando a una redacción donde se fijarán sólo en el largo de sus piernas y en la copa de su brassier y la pondrán a la par de un tipo que realmente no sabe ni qué es un tiro libre, con el único objetivo de que éste tenga a la par un vestido corto que lo haga parecer más guapo e interesante y me da miedo cuando llegue al fin de la quincena y se dé cuenta que ese tipo gana un 37% más que ella y que el Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) lo único que hará al respecto es ofrecerle rebajas por ese monto en tiendas de zapatos, chocolates o demás mariconadas femeninas que mi prima cambiaría en cualquier momento por camisetas del Real Madrid, aunque esto le genere el riesgo de que crean que es lesbiana, como creyeron conmigo por el único pecado cometido de que me guste el fútbol y los video juegos y prefiera las tennis y las camisetas a los vestidos y a los tacones.

Pero eso a ella no le importa. Lo sé mientras la veo ida en TD7 estudiando la repetición de las jugadas de la última final de la Champions. Aunque tenga 9, siempre es esperanzador saber que hay alguien en el mundo a la que le importa más Cristiano Ronaldo que lo que piensen de ella.

“Tú no has de ver consumida, cómo la vida pasó de largo, maltratada y mal querida, sin ver cumplida ni una promesa, le dice mientras cepilla el pelo de su princesa”.

Me suena el teléfono otra vez. Melissa me mira con reproche posiblemente pensando si voy a seguir contestando porquerías o si voy de una vez a terminar de peinarla, pero yo estoy concentrada en la notificación que Facebook me acaba de hacer: es la invitación a la fiesta de Fernanda.

-¡Pri, qué muchachas más guapas! ¿Son gemelas? – me pregunta mi prima estirando su pequeño cuello para ver bien la foto de las chicas que se veían en la foto de la portada del evento.

-No, peque, son dos chicas que son amigas pero no gemelas- le respondo.

-¡Iiiii mae…!- exclama tronando su lengua.

-¡Deje de decir “mae”!- la reprendo aunque sé que no me hará caso- ¿Qué pasa, Me?

-Mmmm…- tarda en contestar- Si Raquel se vistiera tan parecida a mí y se tiñera el pelo igual que yo, dejaría de ser mi mejor amiga.

Me estallo de risa. Mi primilla es un ser gracioso realmente… Aún espero que esto no se le olvide cuando sea grande y la violencia estructural la consuma hasta el punto de que termine vomitando en un baño o acostándose con alguien para llegar a conducir un programa de TV. No hace falta que ponga datos sobre eso, ustedes ya saben de qué ejemplos estoy hablando mientras le doy un “Tal vez asista” al evento “In” y miro a la chica que está en la foto con Fer.

Hace como un año era pandereta y no tomaba y ahora es otra de esas bien bronceadas que inhalan cocaína para aguantar las parties de todas las noches en el Hoxton, mientras buscan amor en un tipo aún más pegado que ellas y le acarician los huevos a un mae “cool” encima de un velero en Los Sueños.

-Pri ¿qué pensás?- me dice Meli satisfecha porque ya dominé sus colochos, mientras me pasa una cola con un lazo para que trate de hacerle una trenza francesa.

Yo miro la cola y suspiro ante el nuevo reto aún más difícil que el anterior y le beso la cabeza, esperando que el rol de lo que la estructura nos dice que debe ser una mujer joven guapa y popular, no la haga perderse a sí misma ni engrosar la lista de chicas que vomitan a cada segundo en los baños de los restaurantes a fin de gustarle a uno de los tipos esos a los que les gusta que les acaricien los huevos mujeres en pelotas.

“Tú no, princesa, tú no.  Por Dios lo juro: tú no andarás de rodillas fregando pisos, no acabarás hecha un zarrio como tu madre, cansada de quitar mierda y de parir hijos”.

La trenza empieza a agarrar forma mientras escucho que una de las vecinas toca el timbre de la casa y entra a dejar un plato de arroz con pollo que a su marido no le gustó porque le faltaba sal. Lleva como 30 años de casada con un viejo sátiro que siempre que se emborracha le dice a mi tía que se le quiere coger y le tratar de agarrar las nalgas a todas las que le pasen al frente.

Su mujer entra a la casa y se sienta en el sillón de la sala a la que sólo separa una pared del cuarto en el que estamos, por lo que nos llega todo lo que dicen.

La vecina le cuenta a mi abuela que se tuvo que teñir el pelo de nuevo, luego de habérselo pintado de negro, porque a “su hombre” no le gustó el cambio así que, por lo que mal disimuladamente le escucho decirle a mi vieja, infiero que parece una escoba y que se ve horrorosa.

-Pero a él le gusta, Gladys y dice que lo que mientras mi cabello vuelva a agarrar fuerza, por lo menos tendrá la seguridad de que nadie se fijará en mí y no le pondré los cachos- asegura riéndose tontamente, la misma vecina a la que ese marido le pegó la clamidia el año pasado por andar acostándose con prostitutas.

Melissa me vuelve a ver con cara de “WTF?” y yo me río de nuevo pero ahora sin ganas.

-Póngale, vina, o sino usted es la que me va a tener que ir a dejar a la escuela…- me reprende mi prima. Yo sonrío y le golpeo un poco la cabeza para luego amarrarle el pelo con la cola.

“Tú saldrás de esta cochambre de muertos de hambre. Ya me imagino la cara de las vecinas cuando aparezcas en limusina a por esta vieja le dice mientras cepilla el pelo de su princesa”.

-Pri ¿qué hago con mami?- me pregunta mi prima mientras le pongo los aretes y la pulsera del Real que no se quita más que para bañarse.

-Echar para su saco, princesa, echar para su saco…- le contesto mientras le beso la frente y me levanto para buscar dos cucarachitas que le agarren los pelitos rebeldes que se le zafan.

Ella guarda silencio un rato y luego me pregunta:

-La violencia no es sólo matar a la gente ¿verdad?

-No, peque, es mucho más que eso. Por eso eche pa’ su saco- otro beso.

Eche pa’ su saco porque la violencia es también acabar con las esposas por dentro y casos tenemos por todo lado. Desde la mujer que aguantó gritos durante el Mundial del año pasado hasta la que tuvo que esconder a sus hijos debajo de la cama por miedo a que su marido borracho llegara mientras ellas iban a comprar algo de carne con la poca plata que habían podido recoger con la ayuda de las vecinas para poder comer esa noche.

Echar para su saco es entender que  no haber recibido un orgasmo jamás porque pedir orgasmos es pecado, es tan violento como vomitar, cambiarte el color del pelo despedazándote la hebra y convertirse en “la gemela” de otra, a fin de que te quiera coger un tipo cool y pegado.

Y a esa violencia disimulada hay que sumarle la violencia expresa: las más de 20 mujeres que son asesinadas por sus maridos al año, según los datos del INAMU; las 8 que según la Asociación Demográfica Costarricense (ADC) tienen que abortar clandestinamente metidas en un baño todos los días; las que ganan un 37% menos que los hombres en puestos a los que tuvieron que llegar a partir de “ponerlo a trabajar” porque sin eso no las hubieran ni contratado ni ascendido.

Y también las miles que aguantan gritos, humillaciones e infidelidades porque el matrimonio es para siempre, según les enseñaban mientras le hacían ojitos a los niños de la banca de atrás en el templo.

Esa realidad es la que esta tarde conmemorarán las diputadas en plenario cuando hablen, hablen y hablen y para hacer realmente poco luego, clamando por los derechos de las miles de costarricenses que no son quemadas por fuera, como lo fueron las neoyorkinas a las que les prendieron fuego por pedir justicia laboral y que este 8 de marzo, como todos los demás días del años, se quemarán por dentro ante la indiferencia de la gente que solo ve delito en acabar con la vida física.

“Por eso mi Princesa, eche pa’ su saco y en 20 años no se deje quemar ni por dogmas, ni por sociedades, ni por amor, sino quiérase y ámese porque no hay regalo que te podás dar que sea más grande que ese”.

Y en eso pienso mientras Meli me besa la mejilla y me da un abrazo deseándome que me vaya bien en la U para luego subirse al carro de mi abuelo y despedirse de mí hasta que la pierdo de vista, como hacía la gente en las películas de antes.

“Tú no, princesa, tú no: Vuelve temprano... Y la sigue un paso atrás hasta la calle, planchándole con la palma de la mano una arruga que el vestido le hace en el talle. Y, como quien ve a la Virgen subir al cielo, la ve alejarse…"

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Fácil una de las mejores entradas que he tenido el placer de leer desde que habito este sitio. Felicidades por un excelente texto y a su prima, por ser ella por sobre lo que la sociedad quiere hacer de ella.

A ambas: ¡Salud! Que la vida premie siempre su tenacidad.

Imagen de Gabriel Jiménez
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Empezó: 28 Ago 2011
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