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Patrimonio mata galán

Blog de la comunidad

Las opiniones emitidas en este blog pertenecen a su autor y son independientes del contenido editorial de 89decibeles.

“La idea de la muerte individual deja de tener importancia, si uno adquiere la certeza de sobrevivir en los demás, sobrevivir en las cosas que quedan” -Eduardo Galeano.

Arquitectura es todo y es nada. La sabemos, estudiamos y entendemos en ocasiones sólo como un edificio con puertas, vidrio, cemento, metales, bambú, barro. Siempre alberga. Siempre es. Siempre está. Un edificio de apartamentos o de oficinas, un centro comercial o de convenciones, una plaza o un centro recreativo, una carretera o un boulevard.

Pero también es arquitectura lo que no está, lo que no se percibe ni se transita, algo así como el aire que cubre lo que nunca podemos ver. La arquitectura es el movimiento al caminar, los zapatos de tacón de aquella muchacha, las mañas de abril y los atardeceres de septiembre. Los ojos que te clavan el alma en un rincón. Arquitectura es vivir. Soñar. Tropezarse. ¿Conservar?.

A pesar de cualquier cosa que alguien quiera o no creer, basado en una creencia religiosa o no, la forma de proteger y protegerse, imponerse e imponer, se ha dado siempre a través de la construcción de grandes monumentos, inmensas toneladas de tierra, piedra y antes hasta sangre. Para expresar su poder. Pero no sólo para la gente de su mismo tiempo, sino también, para ese futuro incierto. En las civilizaciones antiguas se creaba todo tipo de cosas, casas, palacios, monumentos. Era la manera de ser eterno de ser inmortal, era la manera de trascender. De elevarse. De ser apreciados por el resto del tiempo. Quizá el pensamiento era algo como “entre más grande lo hagamos, más difícil de que se caiga”.

Pero tampoco hay que ir muy atrás en el tiempo, que simboliza la Torre Eiffel, en su tiempo y hasta el 1930 la edificación más alta del mundo. Es poder. Es querer recalcar la presencia. Este monumento parisino, símbolo de Francia y su capital, es la estructura más alta de la ciudad y el monumento que cobra entrada más visitado del mundo. Fue construida en dos años, dos meses y cinco días, y en su momento generó cierta controversia entre los artistas de la época, que la veían como un monstruo de hierro. Inicialmente utilizada para pruebas del ejército con antenas de comunicación, hoy sirve, además de atractivo turístico, como emisora de programas radiofónicos y televisivos. Es fácil entender por qué cuando Hitler llega a Francia en 1940 pide que le saquen una foto a él y su equipo al frente de la Torre. No solo las cuevas funcionaron como espacios de protección, se levantaron muros, se creó la Muralla China. Hoy un icono referente. Machu Pichu nunca fué un espacio turístico, hay mucho más detrás de esas montañas. Para iniciar una guerra solo es necesario sacrificar unas torres gemelas con compatriotas adentro, para hacernos con el mundo. ¿En serio conservar?.

Si, conservar. Aunque nadie lo entienda.

Sea lo que sea que haya o exista detrás del atentado, entre unas comillas muy grandes “terrorista” a las Torres Gemelas, el mayor símbolo de poder y bienestar económico hasta el 2001, el National September 11 Memorial and Museum, rescata y recalca, lo que fue, un ataque o no pero sí una tragedia humana, y de una forma muy simple, muy bien pensada y consensuada llega al fondo del sentir estadounidense. Debo decir que me parece una conservación, más allá de lo físico y tangible, que hace rememorar, que hace pensar, cuestionar.

Y eso, el vivir e imaginar, es cultura, es patrimonio. Patrimonio se define como el conjunto de bienes y expresiones culturales que hemos recibido de nuestros antepasados y que atestiguan las relaciones de los seres humanos. Abarca el territorio del país y la historia que se desarrolló en él, acumulada en forma de leyendas, tecnologías, conocimientos, creencias, arte y sistemas de producción y organización social.

¿Y qué hacemos acá?.

Un 13 de octubre de 1888 se creó la Biblioteca Nacional. La construcción del edificio actual se realizó en 1970. Lleva el nombre del educador costarricense Miguel Obregón Lizano, en reconocimiento a su labor a favor de la Biblioteca Nacional y al desarrollo de bibliotecas públicas en el país. Actualmente la biblioteca cuenta con más de 700 mil textos.

Pero un momento, nada más un momento. ¿La construcción del edificio actual?. Sí, así de sencillo. La Biblioteca Nacional antes se ubicaba entre el Parque Morazán y el cine Variedades, en lo que actualmente se encuentra un parqueo, un parqueo muy bonito por supuesto. El gobierno tomó la decisión de demoler el antiguo edificio, que gozaba de más de 100 años de existencia, debido a un problema de comején, suponemos que no tenía ninguna solución posible. Un metro de pared es lo que aún queda de la anterior edificación y parte del piso, que fue lo que no se demolió. Un metro. Un metro nada más. Miles de edificios soportaron no una, sino dos guerras mundiales, soportaron luchas, soportaron el poder inminente del desierto, del calor infernal. Y aún están. Aún existen. Y aquí el comejen nos deja sin uno de los edificios más representativos de nuestra historia.

Sin embargo muchísimas estructuras se salvan, sea por el Centro de Conservación de Patrimonio Cultural o por organizaciones no gubernamentales, que trabajan en pro de la conservación del legado (muy poco) que tenemos los costarricenses. Pero a las que se salvan no les va mejor. Es un buen intento el conservar. Pero de qué sirve conservar si al final vamos a dejar que todo se pudra y se empiece a caer. Para ahora si, cuando ya todo esté a punto de colapsar, concientizar sobre la conservación y realizar un arreglo temporal. Hasta que en un poco tiempo el arreglo temporal se vuelva a dañar y entremos en un bucle eterno.

Igualmente las obras que son declaradas patrimonio los gastos en mantenimiento deben correr por parte del dueño a nombre de la propiedad, hasta hace poco incluso era imposible utilizar los inmuebles. Ahora es más común el hecho de ver una empresa telefónica, dos tiendas de ropa y una cafetería trabajar en estos lugares, que fueron y luchan dentro del inconsciente colectivo por seguir siendo.

Así es como funciona el país que alguna vez fue el más feliz del mundo.

Pero aquí es donde tenemos que tomar esas frases que dijeron personas más grandes, más pensadas, más vividas. La idea de la muerte individual deja de tener importancia, la idea de proteger con escudo y espada hechos indefendibles o montones de material de construcción solo porque en algún momento fueron algo que no vivimos pero apreciamos porque están dentro de la enseñanza que nos han enseñado a creer y enseñar, pero más allá de esto, si uno adquiere la certeza de sobrevivir en los demás, sobrevivir en las cosas que quedan, como decía el gran Galeano, para sobrevivir en las cosas que quedan hay que dejar. Hay que tratar de guardar algo en la historia. Todavía es gratis soñar.

La vida a veces es contradictoria, medio cabrona, a veces son muros sin lugar por donde escalar. Te pasan diciendo toda la vida que hay que avanzar, que se debe continuar, con todo, con el amor, con la vida, con la partida de alguien que llega al alma. Pero es mentira, el ser humano nunca ha dejado de olvidar, ni quiere hacerlo, ni quiere avanzar. A veces me pregunto que pasó, por ejemplo, con esos grupos de música que compusieron una canción quizá por meses, ensayando, trabajando la letra, los compases y el ritmo, pero a la hora de grabar la canción no le ponen un final, simplemente bajan el volumen de la canción hasta que se pierden en el espacio tiempo y ya, se acabó la canción sin que nadie se diera cuenta. Acaso les pasa lo mismo a esos artistas, simplemenete no pudieron dejar ir una canción, no pudieron dejar los motivos ni los criterios con los que estaban hechas esas letras y esos acordes. O a un Le Corbusier creyendo en eliminar todos los canones de los movimientos clasicos para terminar imponiendo otros en el movimiento moderno. Me pregunto que pensaría él de el estado actual de la Villa Savoye

¿Conservar?

Conservar está bien, alguien me dijo alguna vez, me gusta ver la historia que hay metida entre esos muros, que ni siquiera fueron los muros reales que vivieron pero me gusta ver esa falsa verdad e imagen.

Y coincido, esta muy bien eso, esta muy bien preservar la memoria, pero no nos pasemos tampoco, no hay que conservarlo todo. Esta bien la creación de edificios que pueden ser un referente internacional de nuestro país, sitios que probablemente cuando nosotros ya no estemos, pero estarán otros, los llegaran a considerar patrimonio, el mundo cambia, los edificios patrimonio dentro de 200 años van a ser con materiales constructivos que no había hace 100, es una realidad que tenemos que ir aceptando.

Me parece un poco de risa, que nuestro principal elemento o identificación a nivel internacional es un estadio donado por China.

Al final los tiempos cambian, todos nos vamos a hacer viejos, todos nos vamos a ir, pero hay que saber irse, no estancarse, no quedarse esperando a que lo que está construído en este momento es lo único que esta bien. Igual, a fin de cuentas se terminará haciendo lo que a unos cuantos les conviene. Se harán más barrios chinos en cada ciudad solo porque las grandes ciudades tienen un barrio chino, pasaran por encima de nuestra identidad nacional como lo han hecho siempre, porque todos se creen muy ticos, muy nacionales, muy de tiquicia, y cuando ven a un grupo de indígenas voltean la cara o hacen chiste de su forma de ser. Terminaremos prohibiendo las corridas de toros, tradicion de los anexados, también dejaremos de comer patí y hasta se iran al carajo las galletas suizas, a no esas no porque tienen nombre de afuera.

Se defienden los intereses de unos pocos, vivimos en una democracia poco democrática. Pero la doble moral siempre ha existido. Y existirá por siempre.

En síntesis, conservar esta bueno, pero todo en exceso es malo para la salud.