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Son tres meses viviendo en Guatemala

Los momentos que el “volver a las raíces” regala son infinitos.

Decidí dejar mi trabajo estable por irme a la tierra de mis padres y mis abuelos, dejar mi casa en Costa Rica, mi hermana, mi sobrina y, con el dolor de mi corazón, dejar a Milky del Pilar, mi perrita.

Llegué a Guatemala hace tres meses exactos y poco a poco Guate me está dando lecciones de vida y aprendizajes que van excediendo mis expectativas.

Mi plan: trabajar como profesora de yoga y aprender biomagnetismo médico.  La vida me está dando regalos y aprendizajes adicionales.  A pesar de ya haber vivido nueve años y medio ininterrumpidos acá, estoy enamorada cada día más.  Supongo que tiene que ver con la madurez que se alcanza a los 33 y lo completamente diferentes que somos a los 15.

Guate regala sabores y colores extraordinarios con solo aterrizar, los güipiles de diferentes diseños e historias que nos regalan las mujeres mayas de sus propias manos.

Ir al mercado se ha vuelto mi pasatiempo favorito aunque sea solo a ver los puestos, recorrer los pasillos infinitos y observar  la gente, los olores, los colores de los textiles típicos mezclados con diseños actuales; las ventas de cosas para arreglos florales, bodas, quinceaños, primeras comuniones, decoraciones para la casa, agüita bendita, hierbas para té, limpias, inciensos, veladoras y la parada obligatoria para persignarse ante el altar pulcramente limpio que tiene una imagen de la virgencita.

Caminar entre comedores, la albahaca morada, los grandes y baratos hongos que le añaden un riquísimo sabor al huevito del desayuno, los frijolitos colados que nunca faltan en una mesa, las tortillas palmeadas de diferentes colores según el tipo de maíz, los diferentes tipos de aguacates hermosos y baratos, las candelas de diferentes colores, los puestos con el frente llenos de sacos con arroz en grano, frijoles, hojas, semillas, ver entre las cebollas a algún bebe casi recién nacido y el “¿Qué va a querer, seño, qué va a llevar?”.

Me gusta la arquitectura, la mezcla de épocas que se pueden imaginar con solo ver casas y comercios en pleno centro de la ciudad, sextear es otro de mis deportes, ver gente pasar e imaginar lo que piensan, disfrutar viendo a las señoras que hacen trenzas en  el antiguo parque Concordia, ver la reacción de la gente con los performances del chico que está disfrazado de Alien, la estatua viviente, los payasos actores, el señor que predica, el señor que pinta y está acompañado de su perro Zeus, la Paquita la del Barrio Chapina, el que imita a Arjona, los tatuajes temporales y el soundtrack de “¡a quetzal, a quetzal, a quetzal!”.

Los medios de transporte se han vuelto inspiración, el transmetro y sus historias, el viaje en una literal lata roja de un ángulo de 45 grados, viajar en la palangana del pick up, los soundtracks de los viajes en camioneta han logrado que más por seguridad, sea por inspiración el que no utilice audífonos durante los viajes.  La música guapachosa de los buses tiene que ser disfrutada, la cumbia, la música ranchera, el tex mex y, he de confesar, que hasta la bachata.

Los momentos que el “volver a las raíces” regala son infinitos, la convivencia con una abuela que, luego de tres meses, ya se acuerda de mi nombre.  Las cuatro horas en bus para volver al pueblo de mi padre a la ceremonia de entierro de mi otra abuela, ceremonia en la que, entre las señoras que están kilométricamente graduadas como rezadoras, zancudos que me comían viva y el recorrido por una casa en la que alguna vez existieron árboles de limón, mango, tamarindo, gallinas, gallos, chompipes, tortugas, perros, gatos y otro montón de animales, recordé las vacaciones y navidades eternas llenas de anécdotas risibles mientras mi abuela hacía chorizos para ir a vender.

Volver a encontrarse con amigas del colegio, recordar momentos en las aulas y los pasillos además de, contrariamente darse cuenta que con la amistad es como si el tiempo no pasara.  Hacer proyectos nuevos, descubrir afinidades, hacer más constante la comunicación gracias al whatsapp y la cercanía que el centro nos regala.

Los reencuentros con primos y los recuerdos de cuando éramos pequeños y nos peleábamos por la más nimia tontería, los berrinches y los momentos juntos; el crear más momentos juntos.

Sí, tuve choque cultural, me chocó el desperdicio de agua mientras que sin salir del país se ven personas descalzas caminando kilómetros para ir a bañarse al río más cercano, el arraigo y apego a la religión, el incontrolado uso del plástico, el machismo, la discriminación, el embarazo adolescente y la mala alimentación.  Sin embargo amo esa unión entre el pasado y el presente, conocer lugares y gente nueva, dar y recibir más abrazos, más besos, más amor.  Poco a poco me voy dando cuenta que sí hay gente que está luchando por un cambio y que aunque a pasos de tortuga, mi Guate va cambiando.  Existen proyectos de reciclaje, de alimentación consciente, gente que se asocia a los pequeños productores,  más consumo de lo local a nivel de alimentación y textiles, restaurantes que ofrecen comida hecha artesanalmente, gente que sonríe y disfruta, gente hermosa que lucha.

Son apenas tres meses los que cumplo de estar acá y, no quiero sonar como eslogan de ministerio de turismo pero, amigos ticos, aprovechen las ofertas de vuelos, vengan a Guatemala.  Disfruten del paseo en tuc tuc, aprovechen a comer un elote loco o uno asado, compren un quetzal de tortillas y un par de aguacates de almuerzo, admiren cada rincón y prueben los chuchitos, los tamales, los paches, los rellenitos y sientan esos colores y sabores recorriéndoles las venas, esa cultura maya que aun, después de tantos años, sigue viva.

Los posibles resultados a la hora de salir de la zona de confort y viajar son solo dos: o nos sale bien y aprendemos, o nos sale mal y aprendemos.

— Guatemalteca de sangre, Costarricense de nacimiento y Sueca de corazón. Cantante de ducha, adicta a la música y a la lectura, dormilona practicante, flaca por parte de madre y un poco cegatona por parte de padre; viajera por oportunista, nómada por las circunstancias y yogui de profesión.
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