Entonces, Emma dice que, si mato a mis papás, podemos ser novios. Yo no sé qué hacer; no sé si un balazo en cada frente. Potasa, quizás. Emma lo vale todo porque es muy linda. También es famosa.
Hace diez años, la dama valía nulo como nosotros, los hediondos humanos, pero se le inyectó posicionamiento vía una película mainstreamísima. Luego se inmortalizó con un tonel de otras de la misma saga. Ahora es tan valiosa que no puede ir a la universidad. Si se agacha, alguien le saca foto a las nalgas. Ojalá yo. Su cabeza debe oler riquísimo.
Emma en sus tres estados conocidos.El buen David, el mejor Wayne
Ya sabemos que la fama es tan bien acogida como mal vista. Eso porque mucho nutre y fácil desarma a los famosos. Es curioso pensar en lo técnico del asunto. Cómo se logra, cómo se mantiene, cómo se gasta, cuánto se desea en términos populares. Pros y contras: sáquelos usted con sus hijos, viendo E! True Hollywood Story.
Desde hace unos años estoy enredado en una confusión sobre el tema de admirar famosos. Más bien me fanaticé en eso de humanizar a los humanos con fama. Entonces me fascinan, claro, porque son capaces en su respectivo oficio. Pero lo más atractivo que tienen es su capacidad estratega para mantenerse arriba y para persuadirnos a los demás de que se merecen su estatus elitista; encima nuestro. Su envidiable poder y la imagen que construyen y proyectan. Eso deseamos.
Cuando el ascendente animador David OReilly (1985) tuitea, los demás sentimos nuestra importancia, pues apela a nosotros y nos hace participar de vez en cuando. Él juega con la horizontalidad, la ironía, y nosotros encantados. Algunos incluso meados. Un día alguien se murió.
Los carajos de The Flaming Lips hacen lo mismo respecto a la supuesta accesibilidad, además de que generan bastante audiovisual semi-casero para contarnos en qué proyectos andan. Escarbando las producciones, vemos que son promocionales centrados en la genialidad creativa y humanidad salvaje de su sensual líder, Wayne Coyne. Por eso se mantienen como ídolos luego de algunas décadas. Los Lips también hacen sentir una cálida familiaridad aunque no los conozcamos personalmente. Eso es el ser gatos en la materia.
Hay otros casos de promoción medianamente interesantes, como el hijo de puta Vincent Gallo o el retraído genio Chad VanGaalen, pero más entretenido repasar la afectación que tienen esas deidades en nosotros, los feligreses.
Plan tranquilo donde Delfino
Para los hijos que no han nacido, en este contexto cualquier hecho o ficción es excusa para socializar –en los Internets. No sólo la banda china que me gustó, o la risible muerte de Amy Winehouse, sino que un pretexto tan banal como desearle feliz cumpleaños –en Facebook– al editor de este medio significa participar de un evento efímeramente significativo; un pico rutinario. Esto es basado en un legítimo reciente.
La motivación de la mara fue que, por el estatus sociomediático del amigo Delfino, ese día se crearía un foco de atención en su muro, por lo que el participante (felicitador) ganaría exposición social a cambio de repetir el mismo mensaje que el resto de los no-tan-cercanos estaban dejándole. “Feliz cumpleaños, pasala bien”. Felicitarlo por privado es botar la plata, pues la cosa era ganarse el like o la respuesta en su público muro. Recibir la palmadita en la espalda.
El envejecimiento de Diego Delfino, y otros acontecimientos afines, son para lucirnos. Porque todos queremos el micrófono aunque no empezamos a menstruar durante la filmación del prisionero de Azkaban. Lo queremos aunque cantamos peor que gato en coito y mejor que nos apaguen el karaoke.
Los delfines son peces. A la derecha vemos que el pez es pelirrojo.Odio a Las Robertas
Mínimo exigimos atención. Destacar por alguito. Está la opción de parasitar.
Hay tres palanganas. Una con peras, otra con manzanas y la tercera va de duraznos. Cuando alguien es el pato mejor posicionado en el lago, se le da una palpable atención. Amor y odio proporcionales a la atención que le dan al autor; la obra importa poquísimo para definir nuestra posición. Al menos en ese espacio, quienes están enterados, le guardan un respeto aderezado con empatía (peras) o embetunado con detestamiento (manzanas).
Ambos equipos le cogen una importancia especial, le dedican algo de mente, aunque no lo exterioricen a gritos. Seguro sí lo hacen a su sub-grupo de aliados. Con esto le dan estatus al pato y se buscan dar sentido social como fans o haters del objeto de deseo. Eso es parasitar la fama del otro, es posicionarse como los supuestos entes independientes e individuales que son, pero a partir de las costillas de Mercedes Oller. Evas todos, pero así se mueve la socialización.
Los duraznos son quienes no están al tanto, entonces su comportamiento no es condicionado por ese ser. Ilusos.
En algunos ámbitos, los judíos son considerados parásitos.Imperdonable dibujar al profeta
El susto que le tengo al tema de los seguidores y odiadores es que hay extremistas que llegan a la manifestación física.
Siempre me chocó enterarme de las eufóricas adolescentes gringas tratando de arrancar el pantalón de cualquier Backstreet Boy. Incluso de Howie D. Es decir, yo veo fotos de Emma, pero no más de dos horas por día. Hay que saber medirse.
Trascendiendo la industria del entretenimiento, puta. Recordamos que radicales hay no sólo por el supuesto homicidio de K. Cobain, sino en todo posible tema. Se asume absolutamente que dios odia a los maricas [1], la evidentísima superioridad de la raza aria [2], la infiel provocación de caricaturizar a Mahoma [3]. Andá cagá, todos tienen razón en todo, entonces se justifican las molotov.
El que se enoja gana
Las susceptibilidades poco deberían importar. En Derechos Humanos, se supone que yo soy igual de valioso que un cabrón cardenal, pero en términos reales no lo soy. Y poco importa exigir igualdad contra alguien que está mejor posicionado por aclamación popular. Apenas tres personas están inscritas en mi religión y dos son ficticias.
Entonces, para ser balanceado por la lucha desigual entre grupos de poder, por el momento yo no soy partidario del respeto, sino de la libertad de expresión. Debatir sin sicarios de por medio. Al revés de como Parmenio y el mundo real.
Pero puta, es deprimente cuánta masa loca necesita atención para su mensaje, posición o credo. Parecemos los asquerosos peces del Parque de Diversiones, esperando cualquier movimiento para sacar la boca y exigir nuestro merecidísimo crédito del espectáculo. Nuestra retribución por ser tan especiales, marcando ‘+1’ a todo porque somos purísima vida. Luego cobramos con furias y decepciones. Todo, de nuevo, por la adictiva atención y aprobación social, que es pegarse a un famoso o hacerse famoso. Encaramarse al molote. Igualito a los peces.
Una paloma molesta con la situación y la columna misma.Vienen mejores tiempos
Yo me inclino por activar todas las bombas a la vez y detener la generación de humanos porque seguir y ser seguidos es naturalísimo de nuestra especie, y por eso la política y todas las demás industrias funcionan más o menos bien. La exclusión es una malísima palabra que nos pone como puso a los del colegio Columbine, pero qué pereza escuchar lo que todos quieren decir.
Lo otro es despegarse de la computadora unas varias horas al día y meditar sobre lo ridículos que somos. Luego asumirlo todo con humor. Pero prefiero la opción de las bombas porque estoy harto de tanta aprobación o rechazo sin un legítimo sentido. Me voy a compartir este texto a mi página de Facebook, tengo veintidós años y temo al desempleo.

























