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Grillos con patas en las patas

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Prólogo

Un día, Dios quiso ser artista. Al segundo día inició el cuestionamiento de qué le urgía expresar. Al tercer día despertó consciente de que en su cabeza ganaba la histeria de lo maravilloso que es agarrar ambos pechos mientras ella, de rodillas, con la boca. Al cuarto día pensó mucho en su Sagrada Familia. Del cuarto pasó al quinto sin dormir. Al final del quinto día supo que mejor abortar la carrera. Pasó el sexto día rascando bien las pulgas de su barba, y sonriendo cuando le ojeaban la mueca atípica. Al sétimo día alivió el luto cuando ella le ahorcó el ganso casi sin las manos, de rodillas.

Grillos con patas en las patas

Por tan larga sequía, afuera de la cueva comer era un lujo. En la cueva estaba todo lo necesario, incluida la corte. En la corte el altar. En el altar, bastón en mano, el juez recibió la fresquísima impresión con el veredicto. Esperada aunque sabida por todos porque bien se le conoce el gusto por la tripita Real. Esperada también porque luego viene el espectacular castigo.

La gran población, expectante de la lectura. El jurado gestualiza imparcialidad tan exagerada que. Lo más notable es el juez, conteniendo el momento porque bien sabe ser épico; simula una primera lectura para sí. No era juicio común, más que todo porque el acusado rompió los calzoncitos de la hija del rey. Y lo que había adentro. La tripita Real.

El juez y la lectura del veredicto dieron una tensión tan importante que por primera vez se acongojó la cola del condenado. Guapísimo como pocos. Antes de finalizarla, un rugido importante sonó afuera de la cueva. Después replicó la furiosa amenaza, que era algo así como hijodemierdasatanáscoño.

En voz baja, nadie adivinó qué, quién y por qué. El condenado sí, y pidió la palabra. Se la dieron y les explicó que gritaba el rey de reyes porque hace no tanto, a cien kilómetros de aquí, se pasó de la vulva con la hija de él. Es que la tripita R., y sus respectivos líquidos. Entonces, claro que no reveló la cueva secreta, pero seguramente lo siguieron porque se trajo olor de los fluidos de la hija. Así son los felinos cuando la ira, dijo. El público se convirtió en turba.

Lo alzaron del cuello.

Cuando el verdugo venía con gusto, y todos con rabia, supo aplazar el castigo. Dijo que sabía lo que hizo y que su acción antisocial puso en riesgo lo más importante: su hogar, que es también de sus amigos e hijos. Aún querían degollarlo, pero supo cancelar el castigo. Les dijo que el león venía para darle muerte y que sólo se iría hasta hacerle lo que ellos mismos le harían adentro de la cueva. Le permitieron salir. Salió por la puerta vertical sin que el rey de reyes y sus dos ayudantes notaran por dónde. De ahí subió a un árbol.

Primero, angustiado, le gritó disculpas al rey león, quien se veía más flacucho que antes. Las disculpas inutilísimas. Los tres leones se prepararon para devorarle con cuidado de alargar la tortura. Cuando ya venían a medio camino, una vez más, el acusado supo aplazar el castigo.

- Entiendo el gozo de despellejarme, y en tercera persona lo aplaudiría, pero no es lo que les conviene. - ¿Por qué no, gran mierda? - El daño está hecho y no la van a rearmar con mi tripita, que no es Real. - Caminamos un día completo y vinimos por satisfacción. - Pero no paternal, sino culinaria. Ustedes vienen por hambre. - Se le ve buen lomo. - Y debo ser delicia, pero ninguno quedará satisfecho. - Mejor algo que nada. - Mejor mucho que algo. - ¿Cómo así? - El acusado señaló lo que debía señalar.

- Ahí adelante hay una salida vertical pequeña, allá a la vuelta está una horizontal más grande. Sólo esas. Adentro, para su beneficio, hay centenares como yo. Suficientes para nutrir a su gente, que abiertamente sufre la sequía.

Adentro sonaba la histeria masiva que ya de por sí era triunfo.

- Y bien podrían guardar algunos para reproducción, pensando en largo plazo. En ese momento hizo pausa contemplativa, se bajó del árbol, y continuó.

- Yo voy a correr hacia allá, y claro que podrían alcanzarme, y tener su aperitivo. Pero no podrían cazarme y bloquear ambas salidas a la vez, con velocidad, y escucho que los de adentro ya planean una salida veloz.

Se escuchó el grito de una dama, adentro de la cueva.

- Yo les recomiendo colocarse uno en la vertical y dos en la grande. Con permiso.

Los leones no dijeron nada. Un kilómetro después, supo que tanta gloria le avivó las ganas de.

Moraleja

Dios cedió.