Ser un infeliz, como todo en la miserable vida, puede ser gratísimo. Es un gusto que falte el respeto. Pero que le falte a lo que no nos representa. Mi generación y yo no entendemos cómo hay otros humanos envejecidos que a estas alturas de la historia no son sociópatas antropofóbicos. Ahora, cobardemente apoyo la vanguardia y la acidez verbal, no los gang rapes. Ser cabrón se delimita y conceptualiza con la inteligencia y el bagaje.
Una es interpretar personajes con tendencia a la caradepichosidad. Elegancia. Performar un acto inmoral en la comodidad de que no se piensa así de cruel fuera de la broma. En la mente real. Una actitud muy a como se viven los internets, por lo que puede caer mal a desinformados y susceptibles. No hay problema, que coman lentejas, pues esta es una acción liberadora de endorfinas. Las endorfinas son el oro. El oro es bueno. La bondad es grata. Las lentejas son mierda.
Ejemplo de humor fino.La otra es que de una vez está el papiloma en la crianza de uno. Infección. Haberse juntado con un reino de infelices, y formarse como otro legítimo sin que se diera el chance de verificar y validar los detestamientos. Ahí se molesta también el hígado cuando se habla de los pobres, o los negros, o los judíos, o de William Walker, o de Percance.
Puede aplicar uno o el otro, según el tema. El segundo lo estoy dejando porque he vivido la curación divina del primero. Me hace carajo evolucionado. Ya casi no me importa Percance, lo juro.
Humor, negro
Entonces, si se nace en esta especie, ser intolerante y despreciativo es cosa social. Pertenencia e ignorancia. Nos puede apenar o atarantar, según el contexto. Considere qué pensaría su asiática mamá si se lo topa frente a pornografía interracial. Qué pensé yo cuando vi que una siempre-tierna contemporánea posteó uno de esos rodguailers que de moda cruel funcionaron como escudo de la bandera de este purísimo país. Hablo de un sujeto femenino de estrato socioeconómico pudiente, educación superior en el Norte anglosajón. Otra dio like; una que siempre se promocionó como extranjera en esta tierra. Pero ella es extranjera clase A, pues nació en el Sur. Nazió en el Sur. Esto es un jolgorio.
Más allá. Más abajo. Más. Los que son la mierda de la sociedad. Los desharinados. A continuación, una historia protagonizada.
De niño, un día vi a un puberto indigente pujando heces en un terrenito de zacate; esas islas en la acera, sobre el Paseo Colón. Fue de día, entre semana. Un héroe. Yo en carro y el semáforo, la presa, lo impresionable que es mi ceso. Todo para que se me grabara. Pasaron unos turistas y claro que lo notaron. Él los notó a ellos y en gritos –plus rabia y crack– les preguntó si ellos mismos no cagan. Luego se rio como mula, levantó el pantalón e inició su camino de vuelta a la piedra.
La palidez del sonriente se compensa al colocarse junto al objeto B.Aquí hay dos lecciones. El indigente es ídolo porque desestabilizó las cabezas presentes al recordarnos que todos evacuamos cada tanto, y aún así somos grandes cobardes en el tema. Cultura del miedo a la mierda. Lo hizo desde la miseria; aprovechó sus recursos y su supuesta vulnerabilidad. Mientras se exponía, le dio vuelta al asunto y expuso a los demás.
El sinhogar aprovechó que muchas veces asumimos un repudio aunque no sabemos justificarlo con éxito. Aquí se le reclamaba la actitud animal en vez de algo verdaderamente importante: la salud pública. Aunque no sé si un solo par de trozos en ese contexto realmente enfermarían a alguien. Las damas del primer cuento son villanas porque nada más se sumaron al odio de moda, sin aplicar intelecto al juego. Son normalísimas.
Envidia, de la fea
No se vale señalar a alguien por buscar popularizarse luego de que Dalí hizo lo que hizo, luego de que Warhol dijo lo que dijo, luego de que te caíste, Edgar. Envidia. Todos gozamos y sufrimos características y situaciones, sí, y algunas damas destacan estéticamente durante unos años.
Hay estándares de belleza, los hay. Bendita simetría, te amo. Algunas no se ajustan bien. Varias buscan estandarizarse forzosamente. Es legal. Pero sí, la popularidad no es un Derecho universal.
Entonces, en la facultad de Ciencias Sociales se asume que el problema está en los concursos de belleza, las guapas virales que se reparten en Tumblr, los malditos medios, la sociedad enferma. Éste es mi pase para entrar como el infeliz, a decir que el problema se inventó. La disconformidad está en los disconformes. Prohibir o limitar el acceso a las guapas es pulsear una censura no menos carga que cualquier propuesta del Opus Dei. Una meramente discriminatoria y arbitraria.
Silueta de la hermana gemela de A. Hitchcock.Detestarlas o criticarlas por ser tontas o tetonas es odiarlas porque jalan más gentes "sin merecerlo". Es válido envidiarlas, como a todo, pero con eso también están ventilando un deseo insatisfecho e injustificable en términos de “lo que debe ser” la sociedad, o la mujer. Además, no creo que por individuo se da una sola visión prototípica respecto a "la mujer", pues caben varias. Celos. Están exponiendo sus inseguridades y su propia enfermedad psiqueátrica y eso, socialmente, se ve mal. En este párrafo me quedé sin posible novia, de por vida.
Los veganos radicales tienen toda la razón
Quién juega y quién no. Exclusión. En eso de que la intención es lo que cuenta. Paja. Aquí cuenta quién heredó el poder de uso. Tengo derecho a decir nigga, porque soy nigga. Al blanco lo tachamos, y si él dice la palabra: es un puto racista. También por herencia. Imagine, se pone de moda que los raperos se coloquialicen así y uno, que quiere ser como ellos, está vetado del club por nacer pálido. Discriminación. Echarlo a uno de la fiesta por su color de piel. Yo no soy pro-esclavitud, oiga. Ojo por ojo intergeneracional, o parecido. La intención de sentirse parte, simplemente no cuenta. Dónde quedan los mulatos.
Hace nada fui a ver teatro de primera. Arrogancia. Ya cuentan unas cinco millones de funciones. Ese día estaba repleto. Fui con ganas porque me di cuenta que llevaba tiempo vomitándome en el supuesto arte sublime y elitista, y que nunca había visto el famoso teatro chabacano, el de la plebe. Papichulo, se llama la obra. Maravilloso. El público intervenía –a gritos- y había vallas de mayonesa dentro de la sala. Un desmadre. Interacción aplicadísima. Actuaciones y argumento de cuarto mundo. Se disfrutó por kilos.
Uno a veces calcula el mal gusto a simple vista, y muchas veces funciona en ojos entrenados. Pero si se va a asumir la pose sublime, vale la pena tener la vivencia en el historial. Además uno puede analizar el ecosistema y sensibilizarse con el objeto de desprecio, y que el desprecio se convierta en respeto por el buen rai de la cosa.
O también puede maldecirlo todo cuando se entiende un ambiente tan artificial como el del ‘buen arte’. De por sí, en este país -como en todo el planeta- la mayor parte de los creadores son carguísimas para apoyarse en lo convencional y aportar sólo el mal gusto. No cumplen una función útil o trascendental en que cambie su campo. Esto también va para los literatos. Esa inutilidad masiva no debe intimidar la experimentación. También asumiendo que los experimentos a veces fallan. Lo habrán notado. En este párrafo me quedé sin amigos y contactos.
Yo durante el resto de mi vida.Ser nasti sin llegar a ser natsi
Con todo lo anterior, más las morajelas de la tevé de los noventas, aprendamos que no es trascendental quedar bien con los demás animales, como sí lo es con el animal que es uno. Si hay incomodidad en cierta posición personal, vale la pena evaluar el porqué. Si no hay repudio, qué importa. A veces el conocimiento nos hace vulnerables y sensibles, pero la reversa a la ignoracia vendrá hasta el Alzheimer. Toca esperar.
En un plano social y moral, yo prefiero no considerar la sensibilidad de ciertos grupos o individuos a la hora de autocensurar mi trabajo artístico. Excepto si hay una razón política o estratégica de importancia, claro. Últimamente he aplicado el ejercicio de exponer mi lado más infeliz y eso me sensibilizó respecto a poblaciones marginadas en la contemporaneidad, como los pedófilos. También desarrollé visión de rayos x. Alejen a sus hijos.
Ya en lo legítimo, la única valiosa lección es: diga lo que quiera, pero si tiene efectos negativos en su currículo, improvise que corría en estado sarcástico. Más allá, disfrute.
Arriba hay un par de imágenes incompatibles con eso de mantener el puesto laboral, advierto. Recuerde hacer su donación vía PayPal.






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Yo durante el resto de mi vida









