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Mi cuerpo, mi territorio

Hace una semana, fui a una marcha multitudinaria en la Ciudad de México. ¿La razón? En este país mueren siete mujeres asesinadas cada día.

México es un país que amo y duele visceralmente cuando cuantificamos a las miles de desaparecidas. El acoso callejero está institucionalizado a tal punto que en el metro tenemos vagones separados para mujeres. Nos matan, nos violan y nos acosan, no por que nos veamos de tal o cual manera, o por que la falda era muy corta o no tenía que caminar tan tarde de noche. Nos hacen esto porque pueden.

La vaina es que yo ya estoy en modo "no le aguanto nada a ningún pendejo". La semana pasada iba pasando con mi roomie por la recicladora del barrio, cuando los tipos del lugar empezaron con su retahila del acoso callejero. A mí en lo particular se me salió el demonio y le grité hasta de que se iban a morir.

Pero ahora con la cabeza en frío, sinceramente, me da miedo volver a pasar por ahí (de hecho, prefiero dar el rol largo, antes de pasar por esa cuadra). ¿Y saben qué? No debería ser así. Yo no les pedí opinión sobre mi cuerpo. Yo no quiero tener que prensar las llaves de la casa con mi puño. Yo no quiero sentirme insegura en mi barrio. Tampoco me quiero quedar callada.

Como yo, habemos muchas ticas que vivimos en el extranjero, todas hemos experimentado machismos y agresiones desde las diferentes culturas en las que nos ha tocado vivir. Este texto, es un trabajo conjunto de varias mujeres costarricenses que nos comparten sus historias desde distintos países y con sus particulares machismos (que siguen siendo agresiones al fin).

* * *

Mayela - Los Ángeles, California (EEUU)

El año pasado estuve en Los Ángeles y mi viaje coincidió con el Amber Rose Slut Walk, una actividad en la que mujeres y hombres se manifestaron en contra del acoso callejero y el slut shaming. Saliendo de la actividad, todavía con mi cartel en la mano, un tipo me pasó la mano por todo el brazo, fue asqueroso y me quedé paralizada, no entendí qué había pasado. Para cuando pude reaccionar me volví y le grité “¿Qué le pasa?”, el tipo me volvió a ver con esa mirada que todas conocemos, con perversión, y se rió, como si todo hubiese sido una broma. El resto del día me sentí físicamente sucia, por más que me lavaba seguía sintiendo lo pegajoso del sudor de su mano en mi brazo. Sin embargo no todo fue malo: en diez años que he estado viajando a EEUU esta es la segunda experiencia de acoso de la que he sido víctima. En comparación con CR, creo que me ha ido bien.

Ivon - Seul (Corea)

Corea es un país machista definitivamente. El problema, creo yo, es que no es entendido como tal por su población y a las mismas mujeres pareciera no importarles. Es un machismo diferente.

La objetivización sexual no es tan fuerte como en occidente. Si caminas por la calle nadie te va a gritar “Rica mami, le chupo todo” ni te van a tratar de tocar en cada transporte público cada vez que puedan. Pero esto es todo por las razones equivocadas. Me da la impresión a mí de que no lo hacen porque piensan en las mujeres como la propiedad de alguien más: la esposa de alguien, la novia de alguien, la hija de alguien.

Habiendo dicho esto, he de agregar que Corea es el primer y único país donde tuve la traumatizante experiencia de ser perseguida por un hombre invitándome a salir durante cuarenta minutos, dos trenes y un bus de camino a mi casa. El mae no se detuvo hasta que un amigo (hombre por supuesto) vino en mi auxilio. En su lógica confucionista las mujeres son seres inferiores; seres que necesitan que les ayuden a pensar y que necesitan de un hombre que las cuide, o por lo menos de un hombre que les dé un sentido de pertenencia.

Piensan en las mujeres como la propiedad de alguien más: la esposa de alguien, la novia de alguien, la hija de alguien.

Tengo ocho meses de vivir acá y de estudiar en una de las mejores universidades de Corea a donde se supone que solo entra gente muy inteligente. Digo esto no para echarme flores sino porque me parece sorprendente que aún entre tantas mujeres inteligentes todos los días encuentro chicas deprimidas porque no tienen novio –porque no tener novio acá es pecado, como si ser solas les restara valor como personas-, acomplejadas porque no se han hecho cirugía plástica en sus ojos o nariz –y eso las deja en desventaja antes los otros millones que sí tienen cirugías-, o bien solo haciendo su paso por la universidad mientras consiguen un marido para casarse y tener hijos. Es como escuchar las historias de terror que le cuentan a uno de cómo era el pretil de la UCR en los 60s.

Aún hay muchas cosas de este machismo que no entiendo ni entenderé nunca, como el hecho de que sea aceptado socialmente que las mujeres anden con enaguas ultra cortísimas con las que se les ve las nalgas, pero es una indecencia vestir mostrando los hombros o el escote. Peor si se muestran ambos. Puntos menos para Ivon.

Yo mujer que fui criada para no sentirme nunca inferior a nadie, que fui criada para manifestar mis puntos de vista y esperar que sean tomados en cuenta, que siempre fui motivada a quejarme si algo me molesta o me parece injusto, que practico deportes “tradicionalmente masculinos”, que no uso maquillaje ni me peino todos los días, que me visto como me dé la gana sin temor a verme como un varoncito, he tenido unos días bien difíciles tratando de abrirme campo entre los hombres. Pero yo tengo más oportunidad de lograrlo porque soy extranjera y mis comportamientos están justificados por esa condición, las coreanas no. Ellas pareciera que tendrán varios años más sometidas a este machismo opresor. Damn you Confucio!

Gaby - Buenos Aires (Argentina)

Al escribir estas líneas, me es inevitable revivir muchas escenas, entre ellas la del asalto del que fui víctima hace unos días. Todavía siento la punta del puñal en mi costado izquierdo, y escucho esa voz que, aún sin el coraje de darme la cara, penetró hasta lo más profundo de mi ser. “Quietita, quietita”, me dijo, alargando las sílabas con la impunidad que sólo un misógino armado en Latinoamérica sabe pronunciar.

El acosador respeta más a un hombre potencialmente inexistente que a la mujer que tiene al frente

Buenos Aires ha sido la capital de muchos de mis sueños, pero también de muchas pesadillas. Desde acoso callejero hasta los peores casos de femicidio, aquí operan códigos cargados de violencia simbólica y más de una vez, tan tangible como un ojo morado. Por ejemplo, si una mujer quiere dejar de ser acosada por un tipo en el boliche (discoteca), la salida más efectiva es decir que tiene novio. A simple vista no suena tan malo, lo tenemos programado, naturalizado. Ahora bien, ¿qué implica esto?

Que el acosador respeta más a un hombre potencialmente inexistente que a la mujer que tiene al frente, juntando valor y palabras para hacerle entender que no está interesada.

El machismo está tan densamente hilvanado por décadas de complicidad, que aún en los sectores más “ilustrados” de la sociedad topamos con muros del patriarcado: “mirá vos, sabés mucho para ser mujer”, “Se busca exclusivamente director de…”, “vos tenés que buscarte un novio que te proteja”, etc.

Evidentemente hay mucho camino por recorrer, mi único consuelo es saber que no estoy sola.

Lindsy - Dallas, Texas (EEUU)

A mis 19 años, llegué a vivir a Texas para ir a la universidad. En de menos de un mes, violaron a mi compañera de cuarto. El muchacho que la violó era estudiante de honor, miembro de una fraternidad importante, y ciudadano ejemplar. Por eso cuando ella fue a la policía para reportar el crimen, yo fui la única persona que creía que estaba diciendo la verdad. Lo más despreciable fue cómo se comportaron los hermanos de la fraternidad del violador. Primero le mandaban mensajes de texto diciéndole “Sos una puta mentirosa. Él nunca te tocó.” Cuando salió la evidencia del hospital con el ADN claramente presente, no podían seguir diciendo que no pasó nada. Cambiaron a la siguiente táctica: “Sos una puta mentirosa que se arrepintió de haber tenido sexo ebria.” O, por otro lado, “él estaba ebrio, entonces no se le puede culpar.” Interesante como el estado de intoxicación de él lo exime de culpa, pero el de ella la hace culpable. Durante este tiempo, a mí me entrevistaron una periodista, la policía, y la decana de la universidad. La directora de mi dormitorio lo manejó super mal. Me dijeron que yo podía cambiar de cuarto o de compañera de cuarto si yo quería, para no involucrarme.Le dije que no de inmediato. ¿Se imaginan? Violan a una muchacha en su dormitorio, y lo primero que se le ocurre hacer es decirle a su compañera de cuarto que es completamente comprensible si se quiere alejar de ella.

Interesante como el estado de intoxicación de él lo exime de culpa, pero el de ella la hace culpable.

Al final, al muchacho le pasó nada. En la corte, ella dijo que había sido violada y él dijo que habían tenido una relación consentida. Él era un estudiante modelo, y ella tenía reputación de fiestera, entonces le creyeron a él. Mi compañera de cuarto duró un semestre en mi universidad antes de transferirse a otra adonde podría vivir con sus papás. Menos de un año después, otra de mis amigas se salió de la universidad por un año porque su violación en el campus tampoco fue tomada en serio ni por las autoridades ni por el cuerpo estudiantil.

Tristemente, ellas forman parte de un gran grupo de personas de todos los géneros que han sufrido violencia sexual en mi alma mater sin respuesta adecuada por la universidad. En el 2014 se declaró que mi universidad, Southern Methodist University en Dallas, Texas, era una de las cincuenta universidades bajo investigación federal por mal manejo de violencia sexual en el campus. Irónicamente, la gota que derramó el vaso fue un caso de violación entre dos estudiantes varones.

Vivi - Florida (EEUU)

Ser una mujer bisexual en el mundo de Tinder y OkCupid es toda una aventura. He perdido la cuenta del número de veces que me han invitado a hacer un trío con una pareja (y si quieren saber, no le he dicho que sí a ninguna de las propuestas.) La esperanza es que yo sea un “unicornio,” entiéndase, una mujer bisexual solitaria que está dispuesta a tener sexo con un hombre y una mujer a la misma vez. Como se han de imaginar, la mayoría de las propuestas han sido de parte de los hombres, pero también me han tratado de convencer las novias. Una vez, una muchacha bonita me comenzó a hablar por internet, diciéndome que le parecía una mujer interesante y bonita, que ella nunca había estado con una mujer y tenía curiosidad, y que le encantaría ir a almorzar conmigo. Literalmente iba de camino a la cita cuando me manda un mensaje diciéndome “Bueno, la pura verdad es que no quiero salir sola con vos, lo que quiero es un trío con mi novio.” ¡Qué desilusión! Cuando una pareja me contacta, no les interesa quién soy.

Nunca tratan de tener una conversación normal conmigo, y mi personalidad vale un bledo. Lo que quieren es coger conmigo, entonces mientras tenga una vagina disponible, eso es suficiente. Vaya sorpresa que nunca le he dicho que sí a ninguna pareja.

El peor caso de todos fue una vez que estaba en una fiesta adonde el novio de una muchacha con la que había apretado me levantó la falda al caminar detrás de mí y luego de la nada me trató de agarrar la teta. Le quité la mano antes de que pudiera, y le dije que sólo porque le había dicho que sí a su novia no significaba que quería nada con él, que para eso tenía que pedir permiso, y que si en algún momento se le ocurría hacer semejante idiotez otra vez iban a haber consecuencias severas. Sorprendentemente, él aceptó que había sido un grandísimo carepicha, me pidió perdón profundamente, y me prometió que nunca lo haría otra vez ni conmigo ni con nadie. Lo he visto varias veces en fiestas desde ese entonces, y ha mantenido su promesa. Por lo menos está eso.

 

LadyNats - CDMX (México)

Antes de vivir en Mexico yo pensaba que mucha gente se comportaba “así" por ver muchas novelas. Después de un año en el antiguo Distrito Federal, ahora Ciudad de México, he descubierto que las novelas son así porque, en serio, mucha gente se comporta así. En México el machismo contiene drama en tono prime time y esa es para mi, su mayor particularidad. 

Durante este ultimo año de mi vida he presenciado una serie de situaciones en las cuales la normalización de la violencia y la desigualdad de género se hacen evidentes. Lo que no había visto antes, es que con tanta frecuencia estas situaciones vinieran acompañadas por tan elaboradas escenas de gritos, llanto, berrinches en lugares públicos, atropellos a la pareja, objetos de valor secuestrados por el otro, persecución o vigilancia organizada de la pareja con clásico momento donde se es descubierto y por supuesto amenaza telefónica de muerte o suicidio con voz de villano o villana.

Entre lo más extraño también debo acotar que he escuchado a muchas personas, tanto hombres como mujeres, decir que todo esto les encanta y que si su pareja no les da drama simplemente no les divierte.

Así la sociedad chilanga parece repetir un loop infinito de clichés donde especialmente el amor es solamente otro lugar común.

 

Raquel - Copenhague (Dinamarca)

Vivo y estudio en Copenhague, Dinamarca. Este país, así como sus hermanos escandinavos, es sin duda un país salido de un cuento de hadas en lo que a calidad de vida, seguridad e igualdad de género se refiere. Sin embargo, muchos ticos tienen problemas al adaptarse a una sociedad tan distinta y tan poco ‘cálida’. Para mí el choque más grande no fue el ¡$%&# frío. Para mí, el choque más grande fue aprender a ser una mujer verdaderamente libre y comprender que la seguridad no es utopía.

Crecí en Costa Rica y, como cualquier otra persona que ha vivido en Tiquicia, he experimentado y visto tanto el acoso callejero como diversas formas de violencia. En una de tantas, un grupo de hombres me persiguió desde la universidad hasta mi casa gritándome cualquier tipo de obscenidades durante los tres diferentes buses que involucraba el viaje. En Dinamarca estas cosas no te pasan en el día a día. Sí, de vez en cuando se escapa algún viejo verde, pero MUY rara vez… y cuando pasa, se responde. Hace un año violaron a una muchacha de mi universidad en el mismo campus, pero inmediatamente su caso fue atendido por las autoridades, por la misma universidad y generó un tremendo movimiento social estudiantil para la promoción de conciencia. Y eso es lo que hace falta. Respuestas y acciones. Por otro lado, cuando recién llegué a Copenhague no conocía a nadie y me tocaba andar sola por la ciudad. Cada vez que regresaba tarde, me perdía o cruzaba callejones solitarios, se me alteraba el corazón a tal punto de que varias veces me daba taquicardia. Cualquier ruido me ponía tan nerviosa que me agarraba tembladera en las piernas. Cada vez que veía algún hombre medio extraño, trataba de huirle lo más rápido posible. Ahí comprendí que el ambiente en el que yo vivía en Costa Rica no era sano. No estoy diciendo que Costa Rica no es tuanis, pero no debería ser aceptable producir personas miedosas, paranoicas y con un evidente trauma psicológico. Fue esto lo que me costó comprender. Ya no me tenía que preocupar por andar “ojo al Cristo” por el simple hecho de ser mujer, pues acá todos - tanto hombres como mujeres - cuentan con el derecho a la movilidad segura y libre. De mi experiencia puedo decir que uno no se da cuenta de las tantas virtudes que trae la libertad y la seguridad hasta cuando uno realmente las prueba. Triste, pero cierto.

* * *

Recuerden bellas criaturas, el patriarcado nos jode de maneras muy sutiles y cabronas (no importa el lugar o el género). ¿qué otras experiencias ha vivido? Si nosotras les contáramos todas nuestras experiencias, este texto sería cuento de nunca acabar.

Cristina Robles — Productora audiovisual y fotógrafa.Entre otras cosas, soy ñoña solapada y una ciclista urbana algo temeraria.  Portafolio Facebook Instagram Twitter

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Empezó: 12 Nov 2012
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