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Moralejas de un comemierda

Advertencia: Si usted es débil del estómago o le da asco todo, DEJE DE LEER EN ESTE MOMENTO, pues corre el riesgo de que le den náuseas si continúa con la lectura. Aunque también debo advertirle que las moralejas, al final, valen un poco la pena.

Hace como 6 meses, adoptamos a un perrito que vinieron a abandonar al frente de nuestra casa. Como lo dejamos entrar pensando que era de manera temporal, mientras le encontrábamos un hogar, le pusimos Macho porque el mae es rubio y tiene los ojos color miel y así se quedó. Suponemos que estuvo viviendo en la calle un tiempo, porque tiene una clara obsesión con las bolsas de basura y los desechos que se encuentra en la acera.

Los famosos Macho y Cookie

Casi todas las mañanas, los llevo a él y a Cookie a caminar por acá cerca. La cosa es que uno de estos días, andaba con ellos en la caminata diaria y cuando iba llegando casi al final del recorrido, me pega ese olor a caca.

No olía como a caca de perro, más bien me pareció que era de humano porque olía realmente apestosa. Me imaginé que tal vez había pasado cerca del depósito de algún indigente o, qué sé yo, alguien a quien no le dio tiempo de llegar a la casa y se puso de cerdo a hacer del 2 en la vía pública.

Caminé como 200 metros y me volvió a llegar el fétido olor. Pasó. Ya me faltaban dos cuadras para llegar a mi casa y otra vez el tufo. Pensé que no era posible que todo Guadalupe oliera así, a tanta mierda y ni siquiera era lunes o jueves, como para echarle la culpa a la estela de "perfume" que deja camión recolector de basura a su paso.

Entonces me puse suspicaz y me revisé las suelas de los zapatos y los ruedos de la lycra. Nada. Revisé a los perros, sus patas, las correas, el pelaje. Nada. El olor desapareció y seguí caminando.

Llegué a mi casa, metí a los perros, cerré el portón y otra vez, como una cachetada me pegó aquella hediondez. Todavía incrédula, saqué la nariz por entre las rejas para ver si el olor venía de la calle y no. Puctasal, ¿qué era aquello?

Cuando me disponía a subir las gradas, la oleada de fetidez fue tal que me agaché y agarré a Cookie, me la puse cara a cara de frente, pero nada. Hice lo mismo con el Macho y cuando el mae abrió el hocico, casi me desmayo. ¡De ahí venía el olor!

De inmediato, pensé dos cosas: uno, el mae estaba enfermo del estómago, pero ya desahuciado y al borde de la muerte porque tenía que estar podrido, o dos, el recontracerdo se había comido un pedazo de mierda.

Lo agarré del collar, casi arrastrado me lo llevé al baño y empecé a limpiarle el hocico por dentro con toallitas húmedas, pero ya llevaba como medio paquete y yo no lograba terminar de asearle los dientes, hasta que pasó lo inevitable: me vomité porque ya no soportaba el olor.

Y para colmo de males, al Macho le dio por cerrar el hocico y no colaborar, entonces me obstiné y lo tiré al patio, con la instrucción de que se pusiera a comer zacate y se limpiara él solito. Yo ya había tenido demasiado.

Como les decía antes, el mae fue callejero y yo lo conozco lo suficiente como para andar muy alerta de que no se eche nada al hocico cuando andamos caminando, porque además es rapidísimo para hacerlo. Pero ese día alguien me había llamado por teléfono y al parecer un descuido de minutos fue suficiente para mi desgracia.

Se preguntarán por qué les cuento esta historia tan asquerosa, ¿verdad? Pues porque analizándola luego me di cuenta de que tiene varias moralejas:

1. No importa cuánta mierda nos toque o decidamos comer; por lo general siempre habrá alguien cerca nuestro, que nos quiere, con la disposición de no desahuciarnos y a ayudarnos a limpiar el desastre y superarlo.

2. Si estamos comiendo mierda o ya terminamos y estamos en proceso de recuperación, y hay alguien que nos quiere lo suficiente como para echarnos una mano en el proceso, lo mínimo que podemos hacer es cooperar.  Si no, la otra persona se va a obstinar y nos quedaremos peor que al principio.

3. No se puede andar de comemierda por la vida, porque probablemente terminemos con la puerta en la nariz. Como el Macho con la puerta del patio.

4. No importa qué tan buenas sean nuestras intenciones (en mi caso, yo solo quería hacer un poco de ejercicio y que los perros caminaran un rato), siempre nos vamos a encontrar alguna cantidad de mierda en el camino, y lo único que queda es superarlo y seguir adelante.

Floriella Rivas — Nació en Chepe por un error de cálculo de sus padres, pero se declara guanacasteca de pura cepa.Tiene serios problemas para quedarse callada y una innata facilidad para caer mal, por su clara discapacidad para adornar las cosas que dice.  

Da Fuq? laugh

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Empezó: 15 Jun 2011
Karma: 732

Vos no sabés mi sufrimiento ese día... jajaja

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Empezó: 6 Feb 2012
Karma: 518

Buen texto. Pura vida.

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Empezó: 29 Jun 2011
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Jajjaj buen texto cargado de sátira e ironía, pero no le falta razón la verdad. Las cosas cuando las contamos desde una perspectiva en la que lo hemos vivido de primera manos parece como que cobra mayor sentido al escucharla, un saludo. sex shop

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Empezó: 24 Nov 2015
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