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Violencia genital (con ritmo)

Rimas sobre el placer, la banalidad y la cultura gay en la radio top 40.

El pop no es inocuo. No hay rimas inocentes en el (buen) rap, y la música más combativa exige de sus oyentes que sean todo menos inocentes. Hay que ser perverso y muy cínico. Tener que a oír a Katy Perry hasta en Radio 2 (!) exige mala voluntad, pero aparecen también microrrevoluciones disfrazadas o enterradas en mares de lugares comunes.

We're here, we're queer!

I. Con un abrigo holgado de Mickey Mouse y un amigo despreocupado y alegre, Azealia Banks salta y sus trenzas, que recuerdan que nació en 1991, rebotan justo antes del explosivo clímax de “212”: What you gon’ do when I appear? / W-when-when I premiere? / Bitch, the end of your lives are near / This shit been mine, mine. Uno la oye y le cree.

A la “212” le ha tomado un año esparcirse por todas partes, pero ya Azealia no es la curiosidad temporal que era a principio de año. La expectativa por su primer LP es genuina en los blogs de música, especialmente los que no son de hip-hop. En ese tiempo, la rapera neoyorquina exprimió la concentrada agresividad de su primer EP, 1991, y la improvisación, más relajada, del mixtape Fantasea. En una temporada en la que celebrar lo vulgar y lo decadente es la norma, hacerse famoso gritando “bitch” y “cunt” no es sencillo, y menos ganarse con ello un grado de respeto como artista; otros han arruinado carreras a punta de aburrimiento con esos gritos.

Sucede esto con Azealia: es una rapera con un particular sentido de lo aceptable en la radio, pero, además, si le lee radicalmente, con ganas de revolución. Puramente física, agresiva y directa. Se trata de una vagina peligrosa: “Imma ruin your cunt” es una amenaza seria. Las malas palabras son minas para el pensamiento.

En “212” ataca con todo al hip-hopero machista promedio. Lo acusa de gay para ponerse en sus brutos términos, lo amenaza con robarle la novia y forzarla al cunninlingus y se mete (a ganar) en su juego: I was in the 212 / On the uptown A, nigga, you know what’s up or don’t you?. ¿Sabe el tipo lo que es el barrio? ¿Sabe el machito con quién se está metiendo?

Penas y glorias de la celebrity culture

II. Reducidas a objetos sexuales por años, algunas mujeres del pop han hallado difícil reafirmar no solo su parte física, sino su humanidad. Pero el top 40 es cruel, y probar un punto en 3:30, seña del mayor arte. A Azealia la tomo de ejemplo (entre muchos) porque de algún modo logra convertir la vagina en agresiva y activa, algo novedoso en la música pop. Como señalan quienes escuchan atentamente, Banks abre a la fuerza un espacio para afirmar el sexo oral y a sus genitales como merecedores de placer. Está repleta de contradicciones y seguramente se gastará rápido, pero un fósforo deslumbra cuando todo está oscuro.

En la simplicidad de los insultos pretendidamente homofóbicos y la vulgaridad omnipresente de sus canciones, Azealia fusiona a la fuerza la cultura gay (el rap queer de Nueva York) y la del hip-hop, enemigos pero ambas ataques a la norma. La mezcla resulta elegante, sensual y brillantemente fresca en “1991”: directo de la disco gay al hood rapero y de vuelta, filtrado por el house, que fue sexualmente revolucionario, a su modo, pues la cultura gay se impuso y se “normalizó” con la música. Los noventas fueron grandes. La nostalgia es reveladora.

Vale preguntarse si es avance o retroceso el ofrecimiento de su “chocolate croissant”.

Starships were made to - bleh.

III.A pesar del furioso mercadeo, Instagram y AutoTune, sobrevive en la música más amigable para la radio una ventanita por la que se escapa lo que no cabe y lo que no puede ser. En otras palabras, las rarezas del cuerpo y del tema que nos obsesiona, el sexo. Azealia Banks es un ejemplo entre miles, emocionante porque es buena - que no genial - pero apenas un detalle.

El hip-hop y el R&B (en todas sus mutaciones) se han transformado y se sacuden de moldes congelados en los noventas. Ni Banks ni Frank Ocean hubieran "confesado" (sic) detalles de su sexualidad hace 5 o 10 años. Lo mismo le sucedió a la cultura gay (1), víctima de sus propios excesos del gusto. El club, ese gran closet, degeneró en prisión del gusto: un uniforme que le que debe quedar a todos los hombres y mujeres gays. Se igualan todos los gustos y la música se vuelve aburridísima (a mi gusto).

Le pasa a Rihanna, diva gay por encargo. Eurotrash divinizado, incapaz de huir del culto al lujo y el exceso de la cultura de discotecas de EE.UU. En el pop más masificado, pensemos en una Katy Perry, la canción del verano sobreextendida, muestra de que, realmente, somos incapaces de ironía. Nuevamente: no es una batalla de gustos, porque nadie ganaría, sino de preferir un programa al zapping. Para juicios está American Idol (¿?).

La comodidad todo se lo come: hasta la rareza. Como está de moda ser "raro", nunca había sido tan fácil ni tan aburrido. Un fantasma recorrió Internet y fue Lady Gaga, profeta de los santos de los últimos días. Ahora hay que aprender a separar la “rareza” extraída de tumblr de lo novedoso, y nunca olvidar que casi nadie lee blogs de música ni se estresa mucho por la política de una canción. Al final, no se trata de que Rihanna sea "mala" o "buena", sino de cuánto se puede divertir uno analizándola.

El hip-hop se disfruta mejor cuando dispara preguntas, aún en la radio más comercial. También ha tenido momentos grandes en América Latina y sé que los ejemplos sobran (sería bonito recordarlos más seguido).

Nunca hay que olvidar que el rap nació con todas las armas listas para una revolución real. Nunca hay que olvidar que el mejor reggaetón podría estar dedicándose a lo mismo.

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(1) La "cultura gay" no es lo mismo que "personas homosexuales", ni "hombres homosexuales", ni "mujeres lesbianas". Es una cultura identificable, con características comunes y hasta tradiciones. Nació en Estados Unidos y se hizo global.

Fernando Chaves Espinach —   estudia producción audiovisual sin saber por qué y periodismo contra todo pronóstico. A veces escribe cuentos que no termina y los publica sin más. Vive en animación suspendida gracias al café (americano, grande), de modo que lee vorazmente y escucha atento todo libro y toda canción. Cree en las salas de cine, en los Bizcochos Palmareños y que San José es una ciudad perfecta para vivir, a pesar de sí misma.
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No es la primera (ni la única) persona del medio "artístico" que utiliza términos sexuales en sus letras, para verse más "[email protected]" y autodefinirse como "true". Yu know it: in the hood bitch...nigga... Rolling Eyes

Donde había visto esto antes? Ahh si, en cualquier lado que mire desde 1991.

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Empezó: 24 Jun 2008
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