2do Concurso de cuento corto - Prisioneros

2do Concurso de cuento corto - Prisioneros

TEMA: Prisioneros

Ya sea dentro de una cárcel, en un sistema de gobierno opresivo, en el fondo de una adicción o dentro de uno mismo… Escriba un cuento que lidie con alguno de los elementos que arrebatan la libertad al ser humano y lo convierten en un prisionero.

REGLAS:

• Todos los miembros registrados en 89decibeles pueden participar.
• Solamente participan los cuentos posteados en este tema.
• Sólo se permite 1 cuento por usuario.
• El cuento debe tener una extensión de 1 a 2000 palabras máximo.
• El cuento debe ser original, escrito y posteado por usted.
• El cuento debe ser inédito. Es decir, nuevo, escrito para el concurso.
• Se aceptan entradas del 4 de junio de 2009 al 25 de junio de este mismo año.
• No den karma negativo a los cuentos que no les gustan. Respeten los puntos y el esfuerzo de los demás. ¡No desmotiven a la gente!
• No comentar acerca de los cuentos hasta el 26 de junio.

VOTACIONES:

• Las votaciones son del 26 al 30 de junio de 2009. El 1 de julio se anuncia el ganador.
• Todos los miembros registrados en 89decibeles pueden votar, aun cuando no hayan participado.
• No se puede votar por sí mismo.
• Se sugiere a los que participen con sus cuentos, que parte de su contribución es votar en el concurso.
• No se puede votar por un solo cuento. Desnivela los votos demasiado, además es desmotivante que haya gente que piense que solo un cuento es bueno, y nadie más merece ni un siquiera puntillo.

Hasta el momento:
Se vota escogiendo 3 cuentos, se les da un puntaje de mayor a menor (primero, segundo y tercer lugar), de la siguiente forma:
5 pts – Fulanito
3 pts – Sutanito
1 pt - Menganito

PREMIOS:

La idea de los premios está en construcción. Se aceptan sugerencias, patrocinadores, regalos.

Hasta el momento: El usuario y cuento con más puntos obtiene el primer lugar y gana:

• Cuento en la portada de 89decibeles.
• Reseña del cuento y del cuentista en 89decibeles.
• Escoge el tema del siguiente concurso.

¿DUDAS?:

Este tema es SOLO para los cuentos. Cualquier duda, sugerencia, idea, arroz con mango, o comentario acerca del concurso (reglas, tema, etc) por favor hacerlo en este tema.
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La Jactancia de la Gacela

Un buen día abrí los ojos y sentí el acre olor que llena las salas de hospital. Un sonido de voces y pequeños frascos en las manos de enfermeras me hicieron concluir que en efecto estaba en una cama, atado a una serie de mangueras que salían de todas partes de mi cuerpo. Mi prisión estaba adornada también por aparatos que mantenían un sonido constante, un chillido por allá, un estertor por acá. Pero estos no eran el mayor de mis descubrimientos. Intenté mover mis manos, apoyarme en el frío colchón y de un tirón dejar de una vez por todas la blanca cama que me aprisionaba con fuerza. Mi sorpresa: no logré mover el brazo, ni la mano, ni el dedo ni la parte más diminuta de mi organismo. Eran mis ojos los que, por algún extraño artificio, funcionaban aún y me conectaban de alguna forma con mi circunstancia.

La voz nasal de mi hermana a través de la puerta me hizo averiguar que también conservaba algo de mi sentido del oído. Con todas mis fuerzas intenté gritar, revolverme como un gusano, bajar de esa cama y al menos arrastrarme viperinamente hasta la puerta, golpear y salir de esa celda que me mantenía inmóvil. No lo logré. Tan solo pensarlo me agotaba. Intenté averiguar si en aquella habitación inmersa en el claroscuro había otro ser viviente, algo o alguien que lograra llamar la atención de mi hermana que aún hablaba al otro lado de la puerta.

De repente el silencio. Poco a poco, lejos ya del estupor inicial, comenzó a apoderarse de mí un nerviosismo azul que se fue convirtiendo, con la complicidad del silencio, en un terror infinito.

En mi horizontalidad logré escuchar que la puerta se habría lentamente, cadenciosamente, llena de malicia. Oí los pesados pasos de mi hermana Julia, sollozando, acercándose macabramente hacia mi lado. Sentí una dicha enorme, al fin la ayuda que había anhelado justo antes que el pánico me destrozara. Sin embargo, Julia tan solo sollozaba y rezaba, un rezo monótono, cacofónico, entrecortado por suspiros, húmedo de lágrimas. Mi calma se transformó de nuevo en miedo.

Nuevamente un descanso a mi ya mancillada cordura cuando inquieto, me doy cuenta que Julia me habla, que se dirige a mí, que de alguna forma transformó su plegaria en súplica, pidiendo acaloradamente en su silencio mi perdón, recordando a nuestra madre, despreciando a nuestro padre, asaltada por remordimientos de su ingrata vida. Constantemente repetía: - Perdoname, por favor, perdoname – teñido luego de incoherencia y confusión.

La oscuridad no permitía a Julia ver el horror en mis ojos, mis gritos que no alcanzaban más que el silencio. Descubrí las intenciones de mi querida hermana. Mi situación había despertado en ella la más grande compasión y había decidido terminar su sufrimiento a través de mi muerte.

Ante mi lúgubre descubrimiento, en mis entrañas comenzó a hervir la sangre, como un volcán furioso en plena erupción, como el despegue magnífico de una nave espacial, como el majestuoso salto de una gacela para jactarse ante su guepardo, como un resorte… me liberé de mi prisión.

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http://tomasaraya.blogspot.com/

Felicia

Siempre he creído en la inexistencia de seres divinos a los cuales les debemos tributo alguno. Honestemente, la idea de someterme a la voluntad de un dios que gobierna este mundo con miedo, codicia, hambre y muerte me parece no sólo irreal sino insensata e irracional. Y si bien siempre he respetado la necesidad de algunos de conservar su fe en ausencia de encontrar las respuestas qeu buscan, este respeto se ha convertido en completo desprecio en la última semana.

Felicia siempre me había contradecido en lo que a creencias religiosas respecta. El clásico ejemplo de claro vs. oscuro, mente vs. cuerpo, y demás dicotomías encontradas en el pensamiento artístico y enla filosofía clásica. Y al igual que con estas dicotomías, mi relación con Felicia era clara: no podíamos vivir el uno sin el otro, pues al parecer nuestra unión anulaba las deficiencias de uno con las virtudes del otro. Sé que en mi caso su compañia era la única interacción humana que me lograba sacar una sonrisa, mas nunca supe qué fue lo que ella vio en mi. Ella era una mujer muy apegada a la iglesia. El sexo nunca fue un problema, pues a sus 19 años se casó y se divorció a sus escazos 21, y la principal razón de su decisión fueron problemas de índole sexual.

Los fines de semana se le encontraba rezando fervientemente en la iglesia de la ciudad, talvez redimiendo no sé qué pecados. Esa asquerosa ciudad, infestada de homicidas, rateros y prostitutas que siempre me ponía los nervios de punta, sólo se veía como un lugar habitable en las cercanías de la iglesia, la cual emitía una pureza que me parecía casi grotesca. Mas cuando veía a Felicia rezando, ayudando a los niños refugiados de la guerra civíl con sus tareas religiosas, o simplemente conversando con el Padre Isaac, esa iglesia se veía como el lugar más seguro del mundo. Probablemente estaba enamorado, eso tiende a iluminar todos los alrededores. Al Padre ese lo veía siempre en los alrededores del antiguo mercado fumando cual prostituta en cuarentena, y se los dice un tio fumador: nunca en mi puta vida vi a alguien fumar de manera tan desconsolada y suicida. Había llegado a esa iglesia hace aproximadamente tres primaveras, y a nadie nunca le ha interesado saber de su pasado pues sólo se le considera como el Padre de la iglesia. A veces deseo saberlo, pues talvez esto hubiera sido suficiente para evitar el terror que es mi vida desde el pasado domingo.

Lo que sigue es una carta que encontré a las 12:00 m.d. del pasado domingo, la dejó Felicia en la pantalla del televisor, pegado con cinta adhesiva, ya que sabía que lo primero que hago los domingos al llegar a casa es ver televisión. Nunca antes sentí tanto odio a las creencias religiosas, y de existir un dios, nunca antes he detestado tanto su imagen glorificada de bondad y amor, pues nos está engañando cual niño antes de darse cuenta que Santa Clos es sólo una invención de una compañía de bebidas venenosas. Del Padre Isaac no se sabe nada, las autoridades lo están buscando exhaustivamente. Pero ante todo, quiero que con esto se entienda porqué odio a Felicia: su ausencia dejó salir lo peor de mí, pues la pasada semana ha sido la más tormentosa de toda mi existencia. Si con esto no se entiende el por qué de mi repentina muerte, no tiene por qué entenderse pues:

"Querido Frank:"

"Sé que esto talvez te paresca algo inesperado, pues siempre has considerado a nuestra relación como autoincluyente, y créeme que así lo creo también. Pero hay algo que me destroza el alma desde antes de conocerte, y me temo que es algo que debo contarte cobardemente a través de estos banales párrafos."

"Justo después de la culminación de la guerra, acepté casarme con Víctor, quien fue mi mejor amigo de la infancia y adolesencia. Creo que el conocerlo tan bien durante tanto tiempo fue lo que me instó a casarme con él, pues atravesaba un momento en mi vida en el que el amor me parecía cada vez más difícil de encontrar."

"Al año de habernos unido en matrimonio, yo iba llegando de mis clases de actuación (sí Frank, yo solía actuar antes de conocerte) a nuestra casa, era muy humilde y entre Víctor y mi difunto padre la construyeron clavo por clavo. Al llegar a la entrada y girar la llave de la puerta principal se me cayó una pesada bolsa con los atuendos que había usado durante la clase de ese día, y enseguida escuché cierto alboroto en dirección a nuestra habitación. Curiosamente me desplasé hasta la alcoba y encontré a Víctor desnudo... y otro hombre desnudo que no era Víctor."

"Aún hoy despues de casi seis años siento como si la traición hubiera sido ayer. Es decir, la homosexualidad no está aprobada por los escritos bíblicos y todo eso.. pero eso no me importaba: él, siendo homosexual, no sólo nunca en la vida me lo contó cuando fuimos mejores amigos, sino que sabiéndolo se casó conmigo, supngo que solo para mantener las apariencias. ¡Él me usó sólo para ocultar su aberración! El otro tipo salió corriendo de la habitación tapandose su asustadizo miembro con sólo una mano y su retaguardia con la otra. Víctor intentó explicarme lo que había sucedido, pero no había explicación que bastara, ya todo estaba perdido, y yo me sentía con más ira y odio que el látigo con el que los romanos masacraron la carne de Jesucristo. Sin dejarlo levantarse de la cama, tomé la enorme bolsa y la tiré contra su cabeza, de forma tal que ésta lo impulsó contra el respaldar de la cama y, por la fuerza y presión que se ejerció en su nuca, terminó por matarlo."

"Mi padre me ayudó a enterrar su cuerpo. Él justificaba mi acción y me aseguraba que Víctor 'era una aberración del demonio, y merece haber muerto, tu sólo hiciste lo que cualquier cristiano hubiera hecho'. A los días, mi padre fue asesinado en un asalto a mano armada."

"Lo que escribo a continuación es la verdadera razón de esta carta. Es por esto que paso días enteros en la iglesia, rogando por el perdón de Dios. El Padre Isaac se sintió muy identificado con mi historia, y mencionó que el pasó por situaciones similares en su carrera como padre. Ofreció ayudarme... y yo lo aceptaré. Para cuando leas esta carta, yo ya habré redimido mis pecados y no habrá nada que puedas hacer al respecto. Me disculpo sinceramente contigo pues te quiero, pero esto trasciende cualquier traso de cariño que tenga por alguien. Si quieres saber cómo expiaré mis pecados, busca en tus libros de métodos de ejecución, y busca la definición de Doncella de Hierro..."

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"It's only blood, little brother. Only blood..."

http://the-velvetroom.blogspot.com

Carta al Coronel Amancio León, Ejercito Nacional

12 de Abril de 1948

Estimado Coronel,

Para cuando usted lea esta carta, yo ya estaré muerto. Pero espero poder cumplir mi último deseo y hacerle saber la estrategia, que están planeando algunos funcionarios del gobierno, para asesinar al Doctor Oscar Manuel Trujillo.

Le dí mi parcela al policía que le ha entregado esta carta, por lo tanto, si la mancha en la esquina inferior de esta hoja es morada, puede dar por un hecho que ya el gobierno sabe de esta notificación. (Esa mancha fue hecha con una mezcla específica de cloruro de sodio y hojas de un árbol (pregunte por este al Doctor Trujillo), por lo que solamente estará café mientras el sobre esté cerrado).

Estoy preso desde hace 3 días en una finca cafetalera en San Ana y si bien aún hoy en la mañana dudaba, sobre las razonas por las cuales seguía vivo, no dudo de las razones por las cuales me matarán, junto con el Doctor Trujillo.

En el último viaje en que acompañé al Doctor Trujillo a México, por una casualidad del destino, tuve que usar el sanitario de los empleados del aeropuerto, porque el público estaba cerrado por mantenimiento.

Mientras estaba en el cubículo, pude escuchar como la puerta principal del baño se abrió y tras ella dos personas ingresaron hablando muy bajito, casi sollozando. Pude reconocer una de las voces, (por un programa radial que se transmitía los sábados); se trataba del teniente Raúl García. Éste, le comentaba a la otra persona, la manera en que negociarían la importación de metal procedente de Alemania y la forma como se podría distribuir dentro del mismo gobierno, inflando el precio hasta en un 50%.

Nunca le pude comentar de esto al Doctor Trujillo, debido a que lo olvidé rápidamente, ya que al salir baño, encontré al Doctor fuertemente preocupado, porque le habían robado su maleta de mano.

Sin embargo, quienes me tienen cautivo no me creyeron y usaran la revolución como una carnada para asesinarnos a los dos, en nombre de la estabilidad del gobierno.

También como un cambio de mi parcela, este policía me reveló lo que según él, es la estrategia para matarnos a ambos.

El próximo miércoles 14 de Abril, yo ingresaré a la sala de emergencias del hospital Nacional con una hemorragia interna. Esta hemorragia, estará causada por una ruptura de mi intestino grueso, lo que me dará unas 24 horas de vida en total, pero solamente 1 hora desde el momento en que me ingresen al hospital.

El Doctor Trujillo, será notificado de la tragedia e irá en mi auxilio. Ahí dentro de la sala de operaciones, una de las enfermeras tendrá una jeringa con 150 miligramos de veneno (extraído rudimentariamente de una serpiente terciopelo), la cual, la aplicará como procedimiento rutinario al Doctor Trujillo para el control de infecciones.

Esa cantidad, tardará 30 minutos en paralizar el sistema respiratorio del Doctor Trujillo. Debido a que se tardan 2 horas en ir a Hospital rural más cercano y regresar con el suero, a los 35 minutos después de aplicada la inyección, ambos estaremos muertos.

Firma, Dr. Eduardo Martínez Guzmán.

Wstawác

Hacia el final, ya no recordaba cuánto tiempo llevaba ahí adentro. ¿Meses? ¿Años? O talvez sin percatarme mi vida entera había transcurrido dentro del perímetro electrificado del Lager, y los recuerdos de mi pasado no eran más que alucinaciones provocadas por el hambre crónica y el frío extremo. ¿Podría ser esto posible? No, no puede ser, yo recuerdo a mis padres, a mi ciudad, a mi vida de hombre libre. ¿O son todos estos recuerdos simplemente historias escuchadas dentro del campo que mi mente aturdida ha empezado a secuestrar para construirse su propio pasado reciente, un pasado libre de aberraciones, de crueldad, de kapos que se limpian sus manos en mi harapiento traje de esclavo? La línea que separa la realidad de la locura se empezaba a desdibujar.

Pasa el tiempo y nada ocurre, los días se suceden uno tras otro, idénticos, grises, envueltos en una penumbra borrosa. Hacía mucho tiempo que había dejado de sentir dolor. Miro mis pies y han perdido el derecho a ser llamados de esa forma. No son más que un par de masas informes, embutidas en dos trozos de madera sanguinolenta que algún criminal ha osado llamar “zapatos”. No entiendo como aún puedo caminar, o más bien arrastrarme por los caminos fangosos que atraviesan de lado a lado esta letrina, este basurero infecto de larvas caminantes que en otro tiempo, en otro lugar, pudieron llamarse hombres.

La población de prisioneros en el Lager disminuía día con día. Los que habíamos logrado sobrevivir hasta este punto no éramos más que un vil remedo de los hombres que alguna vez fuimos. Y con el humor que les caracterizaba, nuestros amos S.S. habían mandado instalar el fin de nuestro tormento ahí mismo, en el medio del campo. Se trataba de la central eléctrica del Lager. Un detalle no podía pasar desapercibido: los cables eléctricos que salían de la central y que alimentaban a todo el campo estaban descubiertos, desprovistos de cualquier material aislante. Eran una invitación abierta para terminar con el suplicio; nada ni nadie impedían a un prisionero abrazarse de los cables y escapar para siempre de aquel régimen que convertía a hombres en bestias de carga.

Hace unas semanas cayó el primero. Un húngaro, no recuerdo cómo se llamaba. El Lager, este lugar maldito, es especialmente efectivo en despojar a los esclavos de nuestro nombre y de cualquier rasgo de humanidad. Sólo los hombres merecen ser llamados por un nombre; nosotros somos números en un registro, simples cifras que pueden ser tachadas o borradas a gusto y discreción del intendente a cargo.

Este húngaro merecía nuestro respeto, era uno de los “números bajos”. El tatuaje en su antebrazo izquierdo indicaba que había llegado al Lager hacía mucho tiempo, mucho más que nosotros. Era un hombre fuerte y robusto cuando entró, pero la máquina que convierte a hombres en gusanos no perdona nunca, y ahora estaba reducido a un triste despojo de pellejo y huesos. Caminó hacia la muerte con pasos lentos y arrastrados, con la mirada perdida y los brazos extendidos como un sonámbulo. Caminó como un niño que apenas empieza a andar y que con mucho esfuerzo pone un pie frente al otro. Algunos S.S. se habían detenido a disfrutar del espectáculo, haciendo apuestas y especulando si este ex-hombre completaría su recorrido hasta el tendido eléctrico o si renunciaría en el último momento. El kapo de nuestro Kommando detectó una oportunidad valiosa para hacer reír a sus amos S.S., y empezó a insultar y a burlarse de aquel húngaro que empleaba lo que quedaba de sus fuerzas para completar la última caminata de su vida. Imitó con sorna su forma de arrastrarse, mirando de reojo a los oficiales para comprobar si su gracia estaba siendo apreciada. El húngaro era ajeno a todo, su alma ya había dejado este mundo hacía mucho. Su derruido cascarón por fin logró llegar al lado de los cables, y se dejó caer en ellos sin gestos ni despedidas. El chisporroteo eléctrico anunciaba el fin de la función.

Y de esa forma transcurrieron los últimos meses de mi estadía ahí. El espectáculo de la electrocución voluntaria se repitió algunas veces más, siempre a la misma hora, en ese pequeño espacio del día que nos otorgaban para ingerir nuestro litro de “sopa” reglamentario. Desde luego esta ínfima ración de alimento no representaba en absoluto, la cantidad mínima de nutrientes que cualquier humano requiere para mantener la más precaria de las existencias; sin embargo, la hora de su distribución era esperada siempre con ferviente anhelo.

El kapo, que realmente había disfrutado burlándose del prisionero húngaro, contaba con una posición verdaderamente privilegiada para presenciar las escenas de electrocución (las cuales parecían divertirle cada vez más). Esto debido a su labor de vigilante de las cuadrillas de prisioneros que desfilaban tristemente hacia las barracas durante la hora de “almuerzo”. Durante las últimas semanas había adquirido una destreza casi mecánica en detectar a los posibles candidatos que se rendirían ante la tentación de la alambrada eléctrica. Los veía venir, medía sus pasos, olfateaba la llegada de la muerte en el viento , hacía su pronóstico, y cuando por fin alguno se decidía a abrazarse de los cables, aullaba con alegría psicópata y miraba en derredor con los ojos llenos de demente victoria.

Un día invernal y gris, de esos en los que sentíamos que hasta el viento se había vuelto en contra nuestra, un muchachito que recíen había llegado pocas semanas atrás, decidió acabar con su vida de bestia de carga y emprendió el trayecto hacia el cableado. El kapo observó al joven y de una mirada concluyó que portaba el signo de los condenados, y vaticinó con confianza una muerte segura. Pero al verse de frente con el fin, el jovencito se arrepintió y volvió tras sus pasos. Al ver cómo su pronóstico fallaba por vez primera, el kapo montó en cólera y tomó del pelo a aquel adolescente que había osado contradecir su designio. Con una fuerza inaudita, de esas que sólo se adquieren en momentos de intenso odio, arrojó al muchacho hacia los cables para castigar su afrenta. El grito de horror del joven se escuchó durante solo un segundo.

Algunos S.S. habían observado la escena, y para sorpresa del kapo, quien en su interior esperaba una felicitación o al menos una palmada en la espalda, empezaron a gritarle enérgicamente por lo que había hecho. La mano de obra judía empezaba a escasear, y todos eran concientes que antes de morir en el fango, estos animales debían ser exprimidos hasta la última gota de su utilidad física. El kapo bajó su cabeza con docilidad y obediencia, pero no pudo ocultar una sonrisa de satisfacción por lo que acababa de hacer.

Fue entonces cuando perdí el control y el dominio sobre mí mismo. Volví a ver mi tazón de hojalata y observé ese infame remedo de sopa que todos atesoraban, y lo tiré al suelo con odio y desprecio. Fijé mi mirada en la sonrisa del kapo, quien tras la reprimenda caminaba ahora alegremente supervisando a sus esclavos. No sé de donde saqué fuerzas, estaba tan desnutrido como cualquiera de mis compañeros prisioneros. Lo que sé es que corrí con la velocidad que nunca tuve, ni siquiera en mi juventud. Volé sobre la nieve y el fango, ignorando el dolor de mis pies inútiles y deformados. El kapo sólo tuvo un instante para voltear a verme con horror, sin saber de dónde demonios había salido este animal que se le venía encima. Los cables estaban a su espalda, a un par de metros quizás. Y lo último que recuerdo de mi vida en esta Tierra es un chasquido eléctrico y los ojos aterrados de aquel traidor.

Abajo

Siempre íbamos los locos abajo. Siempre. Y se lo digo aunque el mismísimo presidente de la República lo niegue y aunque el acceso a aquel sombrío sótano esté ahora cerrado. Siempre íbamos. Nos juntaban a los “locos” del pasillo 4, a los llamados esquizofrénicos. Esa fue la etiqueta que nos aplicaron y que, supusieron, acrecentaría nuestra vejación. Éramos 7 en total. Nos sacaban a altas horas de la noche de nuestras celdas, y nos conducían por aquellas viejas gradas, hasta que llegábamos a la pequeña salita de espera apenas iluminada por un bombillito de 50 watz. Una vez ahí nos pasaban uno a uno a aquella horrible cámara en donde yo, para serle sincero, perdí la cuenta de cuántos shocks eléctricos recibí en mi cabeza.

Generalmente yo me quedaba de último. Eso era angustiante porque podía escuchar los gritos de mis compañeros tratando de ser opacados por el alto volumen del televisorsucho blanco y negro de los enfermeros, y podía ver los bajonazos de luz que aquel bombillo sufría al momento de cada corrientazo.

Yo sé que hay presiones políticas para que esto no salga a la luz, pero yo se lo cuento a usted que como psicóloga sabrá entender. Para nosotros hubiera sido fácil el resistirnos de no haber sido por el negro Mejía. El era uno de los enfermeros, un hombre de un tamaño y fuerza descomunales que tenía más parecido a un torturador que a un profesional de la salud. Él nos sometía. Y no me da vergüenza decirlo. Utilizaba la violencia, a veces extrema, para obligarnos. Y qué le voy a decir, después de varias noches de sufrir aquel suplicio no nos quedaban muchos arrestos para enfrentarlo, casi se diría alguien entrenado por alguna agencia especial, o un fanático del sufrimiento ajeno, o peor: una combinación de las dos. El negro Mejía actuaba bajo las órdenes del doctor Hoffman, un viejillo que por aquel tiempo era el director del hospital y que a nosotros siempre nos pareció un bastardo sin corazón, además de un cínico perverso que a menudo se regocijaba por horas con nuestros gritos desesperados. Así es señorita, el doctor Hoffman, el mismo mismo a quien el Presidente acaba de nombrar cónsul en no sé cuál país europeo.

No sé si me creerá, pero se lo voy a decir. A nosotros nos metieron ahí por pura política, para sacarnos del camino. Eso. Los infelices movieron sus influencias, y fueron más fuertes que las nuestras. Ahora resulta muy fácil para la gente llamarme paranoico, pero usted sabrá leer en mis ojos que hablo con la verdad. Era el momento político más perfecto que el partido jamás haya tenido. Íbamos a arrasar, de eso no había dudas. Si investigase usted, se daría cuenta que todos, los 7, éramos fichas importantes para la campaña. Me duele admitirlo, pero se movieron con una inteligencia de ajedrecista: uno por uno fuimos cayendo. Cuando vimos llegar a González, el virtual candidato para las elecciones que seguían (estaba aprisionado en una extrañamente llamativa camisa de fuerza) supimos que el jaque mate se había consumado.

Se lo cuento a usted porque ahora que se reabrió la investigación quizá pueda hablar en nuestro nombre. Y es que ahora a nosotros los locos ya no nos cree nadie. Y se lo voy a repetir: siempre íbamos abajo. Siempre. Hasta aquella vez (la noche que causó el cierre del sótano) Ninguno de nosotros creo, ha podido explicarlo. Tampoco ha sido fácil intercambiar opiniones, ya sabrá usted que se las han arreglado para que no nos juntemos los ya famosos en secreto “locos del pasillo 4”. Pero creo que todos aún recordamos haber visto una especie de demencia en los ojos de Zamora, primero en llegar al pasillo y de quien se escribió en su archivo que hablaba con los pájaros. Ya sabe lo que dicen, el encierro le hace cosas a las personas, cosas horribles. Aún hoy tengo sobresaltos repentinos, aún hoy, casi 20 años después… Zamora, que era un hombre de estatura algo por debajo del promedio, fue poseído por esta demencia en sus ojos de la que le hablo, y de a poco se fue viendo cada vez más y más grande. Y antes de que me acribille con su diagnóstico, sepa que eso último lo utilicé como metáfora para ilustrar la ilusión óptica que aquel hombre causó en nosotros en ese momento. Los enfermeros no lo pudieron notar, porque fue repentino, justo en el instante en que llevaban a Chinchilla a su turno habitual de tortura. A Zamora lo vimos levantarse y atravesar el pasillo como una tromba. Sacó fuerzas no sabemos de dónde y en un arrebato colérico se lanzó sobre el negro Mejía, lo sujetó cual si fuera un muñeco de trapo y con sus propias manos lo arrastró hacia una de las habitaciones, en donde se encerró junto su ahora presa. Lo que siguió fue confuso, los demás enfermeros dieron muestras de ineptitud al ser incapaces de encontrar la llave para abrir aquella puerta cerrada desde adentro, a nosotros la incertidumbre nos golpeaba las cabezas, y adentro de aquel cuarto, los gritos de dolor más espantosos que escuché en ese sótano. Fue fácil adivinar que no eran aquellos los gritos de Zamora (los suyos ya los conocíamos a la perfección) y esto contribuyó a la conmoción: quien suplicaba por su vida, quien sufría indeciblemente, quien chillaba como un niño asustado era el negro Mejía. Los enfermeros lograron abrir la puerta demasiado tarde. Adentro, un horror de película les esperaba. Palidecieron de inmediato, sus ojos no podían creer lo que veían. Y nosotros lo vimos también, presos de una extraña mezcla de espanto y júbilo; los enfermeros en su estupor se habían olvidado por completo de bloquear nuestra posibilidad de acceder a la habitación. Bastaron esos pocos segundos de desatención para poder tener una amplia percepción de la escena: los ojos de Zamora ahora mostraban una especie de regocijo, de esos que describen quienes aseguran haber tenido una revelación del más allá, su cara y su boca principalmente estaban ensangrentados y no me pregunte cómo pero pude notar que había perdido un diente en el alboroto, en sus brazos sostenía el inmenso cuerpo de Mejía, inmenso, pero incompleto: le faltaban partes de su cara, de su cuello, de sus brazos… habían sido arrancados a mordiscos y redistribuidos en una especie de escena gore por toda la habitación. De su garganta, abierta y destrozada, brotaba un hilo de sangre, lentamente, casi armoniosamente, como en una agonía pausada de la cual no disfrutó el negro. Cuando el resto de los enfermeros le cayeron a palos a Zamora nosotros intentamos defenderlo, pero no tuvimos ni un ápice del impulso asesino que acababa de invadir a nuestro compañero, así que fuimos reducidos de inmediato. Luego, tirados en el piso, vimos la paliza caer como tormenta sobre Zamora, tormenta que no acabó hasta dejarlo muerto sobre el cuerpo inerte del negro. Lo que pasó en los días posteriores siguió un orden lógico: el enojo de Hoffman, los despidos, el intento por tapar el escándalo, las preguntas de los familiares, el cierre del sótano, el aislamiento de todos nosotros. Así es señorita, hasta hoy, que se cumple el final del ciclo con este testimonio transmitido a usted, se lo cuento todo porque sé que gracias a su trabajo se demostrará que no estamos, que nunca estuvimos locos, aunque sigamos acá encerrados en este hospital. Usted podrá lograr el desagravio, ya nadie me llamará esquizofrénico, se aclararán las muertes de aquella noche, los culpables pagarán, rodarán cabezas y más importante aún lograremos vengar a nuestro querido Zamora, nuestro mártir Zamora, nuestro héroe Zamora que, aún hoy, cuando me lo topo por los pasillos y lo saludo, me sigue mirando con sus grandes ojos de iluminado.

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

Memorias de Irem (1)

Las cien velas aplacan el incienso que parece arrastrarse de entre lo lejano. Allá más allá de donde las sombras temen aparecer, caigo, trémulo, en la antigua ciudad de Irem que parece fascinarme rodeada, casi envuelta por sus miles de pilares, místicos días que no volverán. El extraño trino de aquellas lenguas desconocidas que hoy recuerdo con apatía, aún asoman una miedosa risa en mis labios…. ¡Qué los dioses se apiaden de mi memoria!
Vívidos recuerdos de las hermosas calles que ya no son, del latente miedo que inspiraban los cantos a Ubbo-Sathla y Hastur y los infinitos cuentos de Nyarlatothep, rezo por que mantenga su perenne sueño submarino.
Y aunque mi cuerpo se encuentra aquí, mi mente está allá y llora de miedo al presenciar los secretos que conmigo morirán, secretos tan oscuros, que son difíciles de revelar, pero tan urgentes como el aire para esta magra raza condenada de hombres.
“El trato hecho con los Antiguos no ha sido borrado de sus mentes y aguardan el día de su nuevo ascenso para castigar nuestro olvido”- proclamaban los insípidos sacerdotes convertidos a la locura.
Y ahora estas páginas, que espero lleguen a manos juiciosas, serán mi memento, un esfuerzo único con el fin de haceros recordar lo que tan imprudentemente hemos relegado. Por meses, o años, ya no sé la diferencia, vagué por los insondables desiertos, interminables hambrunas y accidentes no parecían terminar no pudiendo acabar con la chispa de mi vida, y sin entender éste porqué, caí irremediablemente en la llamada por ustedes demencia… ¡Sea la ira de los dioses aplacada! Esta demencia caló hasta mi médula, trajo luz donde en mi cabeza solo sombras y me abrió las puertos de la ciudad de Irem, la de los Mil Pilares y calles como nubes.
Allí conviviendo con su gente y aprendiendo su nunca oída jerigonza, me enteré someramente de los pactos, dioses, y tratos olvidados, tratos que ahora costarán una extinción, esto gracias a aquellos que cobraron la vista.

Oí de Nyarlatothep, el que yace en las profundidades en eterno sopor, del Cthulhu, Hastur y Ubbo-Sathla, que eran llamados por Ellos con miedo y horror, los Antiguos, quienes no han de desconocer la afrenta que ahora los confina a su encierro.
Todas estas infinitas condenas llenábanme de horrores a los que se aferró mi mente con yugo sempiterno, y condujéronme al concejo de aquellos idiotas sacerdotes.
Éstos sin mínima reserva me adentraron en su fatídico culto de sangre cuyas iniciaciones y tormentos se me antojaban como cruentísimos sacrificios, tales horrores efectivamente parecían transportar a sus practicantes a la insanidad.
Y así yo como único iniciado posaba desnudo e invisible ante veinte criaturas veladas, tan veladas como los recónditos que me serian dados, danzaban estúpidamente a mí alrededor, frente a mí solo centelleaba un ornado estilete que dormitaba majestuosamente sobre una grabada ara de piedra casi sepultada en la tierra roja a la que ya se habían acostumbrado mis pies. Mi rol tan evidente como necesario fue límpidamente ejecutado, encaré aquel filoso demonio y fácilmente lo dejé deslizarse por mi garganta, inmediatamente me desplomé abrumado entre la pérdida de sangre y los estruendosos chillidos emitidos por las sombras de mis maestros, abrazado a la tierra que se encontraba cálida por la sangre que parecía no mermar; débilmente pude la roca labrada ahora teñida color vida; salida de su posadera, grácil cual pluma levitaba rígida y sus caracteres antes desconocidos cobraron un sentido ignominioso, manaba miedo como la vida de mi garganta, y del bache recién hecho surgieron broncíneas serpientes, aquellos chillidos sonaban más desafiantes cada segundo y los ofidios mordieron y murieron en mis muñecas hasta desaparecer como polvo y pronto todo acabó, al unísono que una peste embargaba aquel lugar maldito de delirio, restablecido ansié por el reencuentro con mis mentores, mas solo me topé con sus ropajes ceñidos de aquella sustancia fétida que profanaba la estancia. ¡Oh ignorancia ansiada que añoro!, así finalmente perdí pacientemente mi cordura… Fui desterrado de aquella dulce prisión de ignorancia que ustedes habitan y se guarecen.

(Aprovecho este cuento para hacerle un pequeño tributo a H.P. Lovecraft uno de mis escritores favoritos)

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De alguna manera "gurú" del cine de terror y gore.
Arguing with me is like go to the special olympics, you may win, but you'll always be a retard
Nuevo foro de terror

Prisionero del 73

“Cayó mortalmente herido de un machetazo en la guitarra
pero aún tuvo tiempo de sacar su mejor canción de la funda
y disparar con ella contra su asesino
que pareció momentáneamente desconcertado
llevándose los índices a los oídos
y pidiendo a gritos
que apagaran la luz.”
Roque Dalton

Cuando llegué a la embajada me encontré a Ramiro, nunca podré describir la alegría de ver a uno de los propios, no es que acá en Chile la gente sea diferente, pero ver a un amigo, un conocido entre tantos desconocidos que habíamos, si hubiese tenido lagrimas juro que hubiera llorado ese día. Todos habíamos bajado corriendo del camión, y recibimos abrazos de personas a las que nunca antes les habíamos hablado, como cambia a la gente la tristeza, y es que no había otra cosa que recorriera las calles de Santiago que no fuera tanques o tristeza. Ramiro me miró, me ofreció un cigarrillo, creo que era su forma de abrazarme, de sentir la misma alegría de saber que aún estábamos vivos. Me miró como nunca más lo volviera hacer con una mirada penetrante que sin preguntarme nada me hizo recordar todos los detalles, como, cuando, por qué, no pude decir ni un palabra, sin quitar la mira preguntó finalmente :
- ¡Pero decíme che!, ¿Los tenían presos?-.
Pero carajo presos éramos todos, desde el tipo aquel de los volantes, hasta el teniente que comandaba las acciones dentro del Estadio, unos más presos que otros, creo por fin que los menos presos éramos nosotros, a los que ponían en fila para fusilar, igual podíamos gritar con todos lo huevos -Pinochet hijo de puta-, igual haríamos fila para ser fusilados, mientras que uno de esos con rifle en mano, no era ni capaz de contrariar una orden de un cabo, de un teniente, de un sargento, no podía ni siquiera titubear por que ahí mismo caían con un tiro en la frente por traidor.
– Si, todos presos – fue lo único que atiné a contestarle, nunca me faltaron tanto las palabras, todos presos fácil repuestas, pero no sabía decirle que no éramos prisioneros como cuando estaba en la cárcel en Uruguay, por subversivo, total allá nos daban comida, y a mí me salían las palabras, no como al tipo que compartió celda conmigo hace años ya, yo con un asesino y para colmo ni hablaba, solo una vez le hablé y le pregunté por que lo habían hundido, me dijo que mató a su mujer por que pensó que estaba en una pesadilla. Tremenda pesadilla colectiva de delirios de poder y de mierda la de estos militares.
Sentí solo la sacudida que Ramiro me hizo sujetándome de los hombros, - Pero Federico, che, poneme atención, decíme ¿Cuántos eran? -
¿Cuantos éramos? muchos pensé, me lleve las manos a los bolsillo, registrando, recordé el papel aquel, lo saque, lo ojee. – Éramos cinco mil – le dije.
-¿Y ese papel?- me pregunto.
-Me lo dio uno de los prisioneros, hace un par de días-
-Pero ¿Quién? ¿Vos lo conocés?- insistió
-Un tipo que agarraron en la Universidad también- para que decirle que al tipo le partieron las manos a patadas, luego que lo que vieron con el bolígrafo en la mano, por suerte para mí que no vieron cuando recién me daba el papel para que lo guardara, suerte para mí que no me revisaron, suerte para nosotros los Uruguayos que llegó el tipo este Sueco, no hacía falta decirle que al tipo luego se lo llevaron adentro a una de las cámaras y no lo volvimos a ver, bien pudo haber salido en algún otro camión, bien pudo haber recibido cuantos tiros le diera gana, si sonaban las ráfagas, a cada momento. –Creo que se llama Víctor, lo vi cantar una vez en la Universidad – le dije, recordé.
Ramiro me arrebató el papel y leyó en voz alta:
“Somos cinco mil en esta pequeña parte de la ciudad. Somos cinco mil ¿Cuántos seremos en total en las ciudades y en todo el país? Solo aquí diez mil manos que siembran
y hacen andar las fábricas. ¡Cuánta humanidad con hambre, frío, pánico, dolor, presión moral, terror y locura!"
.
-Federico, Che, esto es una mierda, es una cuidad de prisioneros- me dijo desesperado.
-Pero algunos son menos prisioneros- le dije, ya empezaba a recuperar mi elocuencia -todavía no hay cárceles para las palabras de un poeta-.
-Tampoco hay cárceles para una canción- me dijo, mientras que por primera vez en varios días ambos sonreíamos.

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Otra vez hay concurso de Cuento: dese la vueltica y si no es de los que escribe también se agradece la visitas de los que leen.

Mi participación está acá

Prisión blanca.

Una de la mañana. Su mirada fija en una botella de vidrio que parecía sudar pequeñas gotas de cordura, que incluso cuando las tocaba, le hacía sentir un frío que como por arte de magia se evaporaba entre las yemas de sus dedos, y una ráfaga caliente terminaba por acariciarle la espalda. Sentía hormigas caminándole sobre la palma de sus manos, el pulso acelerado, pero ya no tenía ganas de hablar.
De repente un impulso interno, de nuevo esa ansiedad impura que le sacudía el pecho y le hacía rebotar diversas maniobras en su mente. El sentimiento de inmunidad y autosuficiencia eran lentamente usurpados por ésta nueva muestra de angustia, pero algo por dentro le decía que aún no era tiempo, que esperara, que no fuera tan obvio, que se tranquilizara.
Presiona con fuerza sus dedos entre cerrados, intentando incrustar sus uñas sobre la palma de su mano, pero no lo siente. Tampoco siente que en realidad ha estado hablando demasiado, ni que el movimiento de sus piernas es ahora excesivo e irritante.
Vuelve a ver a su compañera, que se encuentra en la barra hablando con un hombre apuesto, extraño. Baja su mirada al piso, se da cuenta que no le importa.
Urga presurosamente en su pantalón, en cada una de las bolsas. Saca sus llaves, monedas, confites, basuras. Busca en su billetera pero no encuentra más que otra razón para volverse histérico. Su mente gira, y piensa, y supone, y desespera.
Se acerca enojado a ella, tirando de su brazo, apretando con fuerza. Le reclama, le insinúa celos que en realidad no existen porque ya hace mucho tiempo se extinguió la llama que los precede, forcejea, lucha, al final logra que se la devuelva y la guarda con sumo cuidado en su bolsa derecha. Se detiene, nervioso, agitado. Pasa su mano por el labio superior de su boca, rozando con sutileza su nariz, terminando por pasar la lengua sobre sus encías sin la capacidad de sentir absolutamente nada.
Regresa a la mesa y toma un pequeño sorbo de cerveza, revisa con paranoia su alrededor, mira a cada persona que se encuentra cerca de la barra, cerca de la puerta principal, cerca del baño, del espejo, de la cocina. Reúne fuerzas interiores, le pide a la mujer que cuide su cerveza y se dirige al último baño que tiene puerta. Presuroso lo cierra. Baja la cadena, cierra la tapa, revisa su bolsa izquierda. Empieza a temblar, revisa ahora la derecha. La encuentra. Observa con sus ojos ya vidriosos al autor de sus desgracias, el verdugo de sus sueños, su ansiedad constante, quién controla cada uno de sus días y le carcome el pensamiento. Un par de golpes, saca sus llaves y aspira profundamente, no una, dos, ni tres veces, sino cuatro, hasta cinco si es posible. Ya no hay nada en la bolsa, tembloroso la chupa, se la mete a la boca, la saborea, intenta tragársela pero no puede. La tira en el piso, se chupa los dedos y se los pasa por los orificios de su nariz, una y otra vez, como si fuera un gato obsesionado con la limpieza, acicalándose, saboreando su desventura.
Cierra los ojos, disfruta el golpe en su cabeza, pero sus manos tiemblan demasiado, y su corazón ahora quiere escapársele del pecho. Se apresura por quitar la tranca y sale de aquel encierro. Ahora ya siente diferente, ahora una gota amarga se escapa de su nariz, sin él darse cuenta. Ya casi no queda gente en el bar, su compañera no está, y se han llevado la cerveza de su mesa.
Pero nada de eso importa. Ahora lo que realmente interesa es dónde conseguir más, más de eso que amputa su humanidad, eleva su alma a otra realidad y suprime sus sentimientos, para inundarse y simular ser superior, y convertirse en un ente sin libertades ni deseos: un dios de nariz blanca y sueños muertos.

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"Yeah, though I walk in the valley of shadows, I fear no evil, cuz I'm the meanest son-of-a-bitch in the valley."


"¡Si, si existe dios, es una trinidad, y se llama RUSH!"

Más vale tarde que nunca. Acá va el mío Smile

Prisiones de Cartón

Él se levantó ya cuando era bastante tarde. Siempre era así, y con ese placer de los que no necesitan trabajar, se revolcó entre sus cobijas traídas de Asia todavía con sus sueños en la punta de los ojos. Media hora después escuchaba como abrían su puerta con cuidado, dejaban el desayuno en la mesa en su cuarto, y salían sin decir palabra alguna; el aroma de café, jugos, frutas, “panqueques” (sus favoritos) y unas cuantas cosas más inundaban la inmensa habitación de una esencia tan seductora que era imposible no levantarse. Así que como siempre, con la misma sonrisa, se terminó por levantar.

Prendió el televisor gigante de 60 pulgadas sólo para ver que había por ahí, mientras por un intrincado sistema de parlantes, se escuchaba suavemente un poco de música clásica, o un poco de trova, no sabría decir a esas horas de la mañana. Miró cuanto periódico se encontraba a su paso, y sin tomar mucho interés por alguna noticia en particular, los tiró a todos lejos, se acomodó aún más en su sillón nuevo (el otro tenía ya 2 meses de usado y eso era mucho) y pensó en dormirse nuevamente; si lo hiciera, nadie lo molestaría, nadie le pediría cuentas, porque él era, sobre todo, la persona más libre del planeta. ¿Y qué más se le podría pedir a la vida?

Cuando decidió tomarse un rápido baño en una de las muchas duchas instaladas por toda la casa, ya eran las doce y sin siquiera darse cuenta, ya había caminado por algún tiempo para llegar al lujoso comedor, donde estaba ya listo el almuerzo. Sólo necesitaba caminar un poco, chasquear los dedos, desear y todo lo que quisiera estaría a su alcance. Comió rápidamente un poco de comida china, que era lo que estaba en el menú, y sabiendo que salir a tomar aire fresco siempre era bueno, caminó hasta la entrada principal, saludó a cuantos sirvientes se encontrará (siempre se había visto así mismo como un patrón benévolo), bajó unos cuantos peldaños hasta la calle y como si todo estuviera sincronizado a punto, un auto, tal vez un 4x4, tal vez un deportivo, llegó justo al frente suyo. El sirviente que lo conducía se bajó, dejando la puerta abierta y con una inclinación de cabeza, dejó que el patrón montará el auto y partiera.

La vida era simple y lo que era mejor, hermosa. Levantándose tarde, con piscinas y “jacuzzis”, con televisores y periódicos de todo el mundo, y con una sala de juegos que asombraba hasta al más ricachón de sus amigos, él era feliz. Eso pensaba mientras conducía por la carretera, mirando a todos esos pobres diablos que iban caminando, o en un bus o en carros que más que transporte parecía chatarra. ¿Qué los diferencia de mí, pensaba frecuentemente? ¿Será lo majestuoso? ¿O simplemente que vivimos en mundos realmente diferentes? Quien sabe, terminaba siempre en responderse. Pero lo que sí es cierto es que ellos trabajan, y yo no; y ellos son infelices y yo, jamás lo seré. Tal vez, fuera la maldita rutina que ellos siempre terminaban teniendo.

Se bajó un par de veces del carro, tal vez un 4x4, tal vez un deportivo, para hacer las vueltas de siempre: Arreglos con el banco, hablar con algunos amigos, almuerzos en restaurantes que cobraban por el derecho de sentarse en sus incómodas sillas y cuando se dio cuenta, ya era de noche. ¿Qué hacer hoy? Podría regresar a su casa, con su séquito de sirvientes, tirarse a ver televisión en alguna esquina de su cuarto, ir a la sala de juegos y, porque no, hacer una fiesta a último momento e invitar a sus amigos. Pero realmente, era una noche en que quería ser parte de esas comunes y sencillas personas que tanto habría criticado antes; una noche para ser lo más “normal” posible.

Dejó el carro en un parqueo cualquiera, y caminando con una seguridad pasmosa que hacía que tantos hombres como mujeres tuvieran que verlo hasta dos o tres veces, entró a uno de sus bares favoritos; con suave música de los 80, buenos licores, una pequeña nube de humo que se levantaba después de las 9 por los fumadores empedernidos y una que otra mujer que iluminaba el ambiente. No era que el realmente les prestará atención, porque mujeres nunca le habían faltado y hasta se podría decir, estaba un poco cansado de ellas; había tenido tantas que, generalmente, ver una e imaginar todo el esfuerzo de conquistarla, lo cansaba a un punto indecible. Pero esa noche, en que había dejado quien era para ser “normal”, todo podía pasar.

La vio en una es esquina del bar y desde el primer momento en que la vio, supó que ella era como él; no entendía como podría saber algo así, porque su ropa no decía nada en especial, ni se veían lujos algunos en sus atuendos. Era una mujer alta, esbelta, con una sonrisa sarcástica que le dirigía a todo aquel iluso que la invitaba a un trago, esperando llevarse a la cama. Fue eso, y su mirada, lo que llamó la atención de él: Eran altivas, orgullosas, arrogantes y narcisistas, en otras palabras, exactamente lo que él veía cuando se miraba en el espejo. Aquella era una mujer que tal vez sin muchos lujos, sabía que era mejor que cualquiera. Y eso, a él, le emocionaba.

De qué hablaron o que tomaron aquella noche, no es importante: pudiera ser que hubiera un poco de política, margaritas, música, deporte, aventuras y opiniones de por medio. Lo cierto es que al finalizar la velada, ya cuando cerraban el bar, él y ella estaban en un rincón, abrazados y por primera vez en mucho tiempo en ambas vidas, besándose y sumamente felices por eso. ¿Desear y amar a una “normal?, se preguntaba él mientras tomándola de la mano suavemente, la llevaba a su carro. Ella lo seguía, o más bien, caminaba por su cuenta propia, todavía arrogante y fuerte pero dispuesta a descubrir algo nuevo. Ella no es “normal”, respondió por fin él cuando ya ambos en el carro, arrancó y se dirigió a su casa. Ella es como yo. Tan libre que se permite ser arrogante. Justo cuando llegaron a la casa, a la sala, o al cuarto, empezó a llover y cada gota que golpeaba el techo, era un nuevo sentimiento o un nuevo deseo, de ambos amantes. Definitivamente, esa sí no era una noche como cualquiera.

Eran las 5 de la mañana, en pleno centro de la capital. La lluvia de la noche anterior todavía no había disminuido lo suficiente, y en los buses y carros, la gente iba dormida, pensando en lo mucho que les gustaría estar en la cama, ojala con unas buenas cobijas traídas de Asia, sin tener que preocuparse por trabajar, por visitar a sus familiares o por ir a estudiar. Un estudiante caminaba rápido para llegar a su universidad, y por la prisa, casi se tropieza con un bulto de cartón en una pequeña esquina bajo techo. No, un bulto no. Como si fuera una pequeña fortaleza, los cartones hacían como una pequeña tienda y para la sorpresa del muchacho, dos pares de pies sobresalían, abrazados, sin importarles el frío. Es el loco, pensó el joven; el loco que pensaba que era un magnate, con mil sirvientes, sin tener que trabajar ni hacer nada. Pobre, siguió pensando, estar encerrado en su propia locura, sin poder salir. Encerrado en una idea, en una fantasía, en un deseo, y no conocer del mundo real.

Justo cuando el estudiante siguió con su camino, una pareja de amantes se levantó, en una cama revuelta de cobijas de Asia, con los vidrios empañados por la lluvia. Y entonces, se podría pensar, viendo al loco, a su amante y al estudiante, así como al resto de personas. ¿Quién más será prisionero?

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"Yo soy, entre un universo, cuatro cosas: Un Escritor, un Dinosaurio, un Geek Gamer Ubuntero y un Loco. El único problema es cuando esas cuatro no bastan para describirme."
(www.cronicasdeundios.blogspot.com)

Linux usuario #475833

Se vino la votacion!! Todos muy interesantes, me encanto leerlos Very Happy

School97 - 5pts
Mandala13 - 3pts
Tequieroverde - 1pt

*mencion honorifica a levitgrl

Sorry gente me agarro tarde para votar, pero ante todop cumplir.

5 pts - Mandala13
3 pts - opiumsmoker (ante todo lo Lovecraft)
1 pts - levitgrl

Todos los cuentos me inyectaron, y espero seguir participando en esto clap

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"It's only blood, little brother. Only blood..."

http://the-velvetroom.blogspot.com

Aunque no creo que nunca llegue a participar de uno de estos concursos, todos los cuentos me gustaron. Aquí está mi votación:

5 pts- Mandala13
3 pts- tequieroverde
1 pt- levitgrl

Como que es el último día, y si no voto ya, después se me olvida, jeje. Como dirían las reglas, es casi responsabilidad de los participantes votar Smile

5pts: Levitgirl
3pts: Tequieroverde
1pt : Opiumsmoker

El de Levitgirl, simplemente me parece genial, como el anterior, por la forma en que es capaz de hacer de actos relativamente normales y rutinarios, una maravilla literaria, Smile. Además, leyendo el tema de consulta de este concurso, y el porque lo había escrito como lo escribió, realmente me maravilla el que pudiera adaptar su estilo al tema del cuento, de una forma tan interesante.

El de te quiero verde también estuvó bastante bueno, con las descripciones sencillas y lo más genial, el final. Esas últimas líneas fueron como una subida y bajada de emociones, por así decirlo. Además, he de admitir que pueda que me guste un poco el gore tipo Tarantino y eso fue lo que me imaginé, Smile

Y por último, el de Opiumsmoker, aunque podría estar mejor y todo, me gustó porque a como esta escrito, significa que es tan fan (o tal vez aún más) de HP. Después de todo, hasta yo tengo un cuento tributo de Lovecraft, jeje.

Y esa es mi votación Smile

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Tom Araya: 5 puntos
Mandala13: 3 puntos
Tequieroverde: 1 punto

Cool

Saludos.

Levitgirl - 5
Mandala 13 - 3
tequieroverde - 1

tom araya ha regresado!!!

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http://www.myspace.com/pseudostratiffiedepithelium

http://tomasaraya.blogspot.com/

5 pts -> Xvarria (ésta frase dentro del cuento me hizo la diferencia: "me dijo que mató a su mujer por que pensó que estaba en una pesadilla"...)
3 pts -> Mandala13
1 pt -> school97

Y de nuevo, todos estuvieron geniales!

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"¡Si, si existe dios, es una trinidad, y se llama RUSH!"

Coño que se me había olvidado que había posteado el cuento aquí y no había botado.
Y pues obvio que mi cuento pudo haber sido escrito mejor, lo pudo haber escrito Lovecraft y ser el mejor del mundo jajajaja, competir con el maestro es imposible, muchas gracias por tomarse el tiempo de leerlo a todos.

*Pasa al confesionario y oye*

-Opiumsmoker, te habla Big Brother... a quien vas a nominar.
Nomino al zanatazo de Vadik_Gilcok: con 5 puntos... me matizó la vida el cuento, aunque abundan los errores de ortografía y gramática y sintaxis... Ve para eso existimos los filólogos...
A la levitgrl con 3 puntitos... porque puta a quien no le matizan las historias de junkies...
Y a Petete 1 puntazo, porque soy gran fan de las historias a manera de misiva

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Nuevo foro de terror

Logré llegar a tiempo para votar, acá está:

5 puntos Xvarria
3 puntos Tom Araya
1 punto School97

Increíbles todos.

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

Buenas, buenas, ahí disculpen el doble post, pero como ya terminó el periodo de votación, me tomé la libertad de contar los votos, ¡por favor un gran aplauso para mandala13, gran ganador del concurso de este mes! He aquí el total de resultados:

Mandala13 20
levitgrl 15
Xvarria 10

Tequieroverde 9
Tom Araya 8
School97 7
Vadik_Gilcok 5
opiumsmoker 4
Petete 1

Felicitaciones y ahora a esperar el nuevo tema del próximo concurso, que será dado a conocer pronto por nuestro compañero ganador. Saludos y a seguir escribiendo.

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

¡Yuju! Gané, jeje. Yo pensé que iba a ganar Levitgirl, y de hecho, yo ya estaba mega feliz con que alguien hubiera votado por mí; obviamente, no me quejo del triunfo.

Yo pienso que el resto de cuentos estaban geniales. Y que la participación mejoró con respecto al primero y todo. El único problema es que sólo votamos nosotros, Sad. Pero en algún momento nos van a dar más pelota. Smile

Con lo del nuevo tema, con un par de días creo que puedo pensar en algo, que ahorita en esta semana tengo un aniversario en la cabeza, jeje.

¿Te mandó un MP a vos, TQV (TeQuieroVerde)?

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Mandala, ya le mandé un MP thumbs up

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

Ea! Felicidades a Mandala13!
La verdad excelente cuento se mandó, de no haber sido por aquella frase clave lanzada por Xvarria lo hubiera puesto de primero en mi calficación.
Me faltó tambien campo para incluir a otros cuentos que de verdad me parecieron grandiosos, tequieroverde y tomaraya incluidos, la verdad fue una desicion difícilísima.

Pura vida Mandala13 por tan halagadoras palabras, jaja, de verdad que así dan ganas de seguir escribiendo, cosa que había dejado botada hace uuuun montononón de tiempo!!!

Ojalá en serio que este espacio no muera.
A como leí de tomaraya en el otro hilo, la verdad es una excelente iniciativa. Deberíamos también intentar impulsarla por todo lado para que no muera.

Esta vez desgraciadamente la cantidad de votos se quedaron cortos, o será que de tan buena calidad muchos no pudieron decidirse? Bueno a mi me costó un montón, y creo que el ganador es bien merecedor de un buen premio! Algo así como un casadito en la flota con birrita incluida! jajajaja...
Que rico! Ya me dio hambre!

Bueno de nuevo felicidades a Mandala13, de verdad mis mas sinceras y profundas gracias por tan halagadoras palabras, y gracias a los que votaron por mi, de verdad esta vez tampoco me lo esperaba para nada! Los quiero mucho Contento

PD: Pueden pasar por sus respectivos sobornos el dia 3 del presente mes en el lugar previamente acordado laugh (varas...)

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Esto lo había posteado en el otro foro pero qué es tanto:

"Saludos a todos!!!

Me parece que este segundo concurso fue genial. En realidad cuesta muchísimo votar porque todos los cuentos son formidables. A veces se hace más complicado votar que hacer el cuento. Se vota pues porque hay que votar, sin embargo, a mi parecer todos los cuentos están a muy alto nivel.

Me inquieta un poco que no hubo tanta participación como en el primero, pero bueno ese no debe ser motivo para dejar esta iniciativa que mantiene, por lo menos en mí, viva esa llamita de la escritura que hacía rato no lograba hacer carburar.

Sería increíble que algún día se lograra hacer una antología de estos cuentos en papel, apoyándonos en la declaratoria de interés cultural del Ministerio de Cultura. Ahí lanzo la idea.

Gracias.

tom araya ha regresado!!!"

tom araya ha regresado!!!

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http://tomasaraya.blogspot.com/

+2 por lo de:

Tom Araya escribió:

Sería increíble que algún día se lograra hacer una antología de estos cuentos en papel, apoyándonos en la declaratoria de interés cultural del Ministerio de Cultura. Ahí lanzo la idea.

Ve eso sería una motivación bien rajada para que la gente participe!

Excelente idea!
Le podría +10 si pudiera...!

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@Levitgirl: Entonces... ¿Cuando es que me voy a ganar ese casado con birrita incluida? Digamos... Ese premio me suena... Y a mí también me dió hambre, jaja.

@TomAraya:Es curioso lo de la antología, porque en el MP que le había mandado a TQV (TeQuieroVerde), le había comentado exactamente lo mismo, jejeje. Que deberíamos ir pensando en hacer una antología con los cuentos, porque eso ya sería como LO mejor.

@Pa el Resto: En todo caso, gracias por votar por mí. Les prometo que ahorita posteo el nuevo concurso, pero es que ya mañana cumplo dos años con mi novia y entenderán, la cabeza anda más en esos rumbos que en estos, jeje. Pero ya para el Domingo espero que haya nuevo tema y nuevo concurso. Smile

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Hey, no era que Diego o Adrian habia escrito algo como publicar en la pagina de inicio el cuento ganador?? Creo que eso puede llamar mas la atencion de la gente. Cuenten con mi apoyo, me encanta este concurso Very Happy

Así es Aluka, yo ya me contacté con Adrián y me dijo que hoy publican la nota

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La fría noche de diciembre
Tres en la mesa producciones

enhorabuena, pues Thumbs Up


Mandala13 escribió:

@Levitgirl: Entonces... ¿Cuando es que me voy a ganar ese casado con birrita incluida? Digamos... Ese premio me suena... Y a mí también me dió hambre, jaja.

Ea Mandala13!
Diay pongamonos de acuerdo un dia entre semana, yo lo invito a un casadito o a unas carnitas ahi en la flota, birrita incluida! Que saborrr!
Eso sí, tiene que ser de noche.
Di que se lleguen los que deseen.
Llévese a la novia y que le ayude a escoger un nuevo tema! aaaayyy! mayonesa

PD: Ah la puta que social ando ultimamente, eso es preocupante! jeje...

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Como fue que leí??? Casadito y birra para todos lo que participaron... di conoce jajajja

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