Icono del metal ofreció sólido concierto.
Luego de una guerra de botellas, en la que aparentemente el escuadrón de gradería aplastó —ejem, le majó el hocico— a los de gramilla, el estadio Ricardo Saprissa recibió la dosis de distorsión y agresividad más rápida y fuerte que haya presenciado en su historia. Respetando el itinerario establecido, llegaron las 8:00 p.m. y ya estaba la alineación de Mantra iniciando el ritual.
El quinteto costarricense de thrash metal hizo alarde de sus más de dos decenios dentro de este mundo musical, siendo aplaudidos por gran parte del auditorio (algo no tan común en estos eventos), a pesar de sufrir de un sonido encerrado y ahogado (que es la norma en estos conciertos). Poco menos de treinta minutos en tarima duró la presentación de la banda, que fue escogida por los mismos integrantes de Slayer en los días previos al concierto.
En punto a las 9:00 p.m., "World Painted Blood", sencillo del disco del mismo nombre, le dio la bienvenida al único concierto en el área centroamericana del World Painted Blood Tour que Slayer empezara en febrero de este año. De ese momento en adelante, todos los presentes en el estadio gozaron de una dosis por poco mortal del mejor thrash metal que se puede encontrar en la actualidad. El público vivió el concierto a diez latidos por segundo; diversión garantizada.
Comparado con el concierto de Metallica, el más grande en la vida del recinto, el de Slayer se llenó cerca de la mitad. No obstante, la tarima, ubicada esta vez hacia el lado oeste del estadio (en lugar de estar frente a gradería sur, como se estila) permitió no solo una mejor apreciación visual y auditiva por parte del público, sino también maquillar el vacío en la audiencia.
Acompañados por Gary Holt (de Exodus), quien reemplaza a Jeff Hanneman (guitarrista oficial de Slayer) en esta gira motivo salud, el líder Tom Araya (voz y bajo), el icónico Kerry King (guitarra) y el virtuoso Dave Lombardo (batería) aceleraron a sus fanáticos sin mucho respiro. Canciones como "War Ensemble", "Disciple", "Mandatory Suicide" y "Bloodline" detonaron el ánimo de la fanaticada que, aunque baja en cantidad, se comportó entusiasta y se entregó con pasión a la música rabiosa y frenética que Slayer interpretaba cabalmente.
La banda estadounidense estuvo hora y 45 minutos en tarima. La mayoría de los que atendieron, llegaron sanos y salvos a casa, aunque es probable que amanezca y todavía escuchen la batería de Lombardo en sus cabezas. Otra misión cumplida para la comunidad metalera costarricense. ¿Qué vendrá ahora? Pues, hay mucho de dónde escoger: Blind Guardian, Sepultura, Morbid Angel y Judas Priest.
Aclaración: En esta noticia dice que en el concierto de Slayer había cerca de la mitad de personas que en el de Metallica. Evepro confirmó que fueron ocho mil personas al de Slayer, lo cual es mucho menos que la mitad de Metallica. Las disculpas del caso.

























